El turno en el bar estaba terminando con el ritmo frenético de un montaje de Scorsese. Entre el tintineo de hielos y el olor a protector solar caro, unas chicas que apenas pasaban los veinte se acercaron a la barra para una ronda de chupitos de tequila con sal volcánica. Mientras las atendía, Emma —que tiene un oído digno de un micrófono de alta fidelidad de set de rodaje— se inclinó sobre el mostrador, captando la frecuencia de su chisme.
—...dicen que es en la villa de la colina. El cast de Euphoria llegó hace media hora —susurró una de las chicas, emocionada.
Emma se giró hacia nosotros con una chispa de malicia en los ojos azules.
—¿Escuchaste eso, Jenna? Parece que nuestro "protagonista" va a tener competencia esta noche. Jacob Elordi anda suelto por la isla —soltó Emma, dándole un codazo a Jenna.
—¿Elordi? —Jenna arqueó una ceja, dejando salir esa sonrisa de "Miércoles" que tanto me ponía—. Vaya, Nick. Ese chico es como un rascacielos de deseo australiano. Creo que Emma y yo podríamos tomarnos un descanso de ti mientras nos lo "merendamos" entre las dos. Un poco de variedad internacional nunca viene mal para el currículum, ¿no?
Yo sentí un leve apretón en el pecho, ese cosquilleo de orgullo herido, pero les seguí el juego.
—Si ustedes van por el gigante de Australia, supongo que la apuesta es que yo vaya por Sydney Sweeney. Dicen que es una chica... muy colaboradora en escenas de riesgo.
—Acepto la apuesta —rio Jenna—. Pero ten cuidado, Nick. No queremos que te pierdas en ese par de "efectos especiales" que tiene Sydney y te olvides de volver a casa.
Emma, al notar que yo me ponía un poco serio, se acercó y me acarició la mejilla con una ternura que siempre lograba desarmarme.
—No le hagas caso a esta sádica, Nick. Yo solo tengo ojos para ti. Aunque... si Jacob decide hacerme un close-up, no prometo no parpadear —añadió con una risita dulce que me mató.
El "Casting" en el Centro Comercial
Acabé mi turno, me quité el chaleco de barman y los tres nos dirigimos al centro comercial más exclusivo de la zona. Necesitábamos un outfit que gritara "soy la estrella de la noche" pero que fuera lo suficientemente fácil de quitar en caso de emergencia.
Entramos en una boutique de lujo que parecía el camerino de una producción de Marvel. Jenna empezó a lanzarme prendas con una velocidad de vértigo: camisas transparentes, pantalones de cuero fino y chaquetas que costaban más que mi primer coche.
—Al probador, ahora —ordenó Jenna, empujándome hacia una cabina amplia pero que se sentía diminuta en cuanto las dos decidieron entrar conmigo.
—¿Qué hacen? —pregunté, ya con la camisa a medio abrochar.
—Control de calidad, Nick —respondió Emma, cerrando la cortina con un movimiento seco—. No queremos que salgas a esa fiesta pareciendo un extra de fondo. Queremos que Sydney sepa exactamente qué es lo que se va a perder.
El ambiente en el probador se volvió denso en cuestión de segundos. El espacio era reducido, el aire estaba cargado con sus perfumes y el calor de nuestros cuerpos. Jenna me desabrochó la camisa que acababa de ponerme, sus dedos fríos rozando mi pecho.
—Esa camisa te queda como un guion de película barata, Nick —susurró, bajando la vista hacia mis pantalones—. Necesitamos algo que resalte tus... puntos fuertes.
Sin previo aviso, Jenna se arrodilló en el estrecho espacio, sus ojos oscuros clavados en los míos. Con una destreza que me hizo jadear, me bajó el cierre. Mi miembro, que ya estaba reclamando atención desde que mencionaron a Elordi, saltó hacia afuera con una urgencia casi cómica.
—Vaya... parece que el "Burro" quiere irse de fiesta antes de tiempo —bromeó Emma, colocándose detrás de mí y pegando sus pechos contra mi espalda. Sentí sus pezones endurecidos a través de su bikini amarillo, rozando mis omóplatos.
Jenna soltó una carcajada ronca, rodeando mi glande con su mano.
—¿Celoso, cariño? ¿Te pone así de duro pensar que nos vamos a comer al australiano? —Me lamió la punta con una lentitud criminal, sus ojos brillando de lujuria—. Sabes que nadie te la chupa con esta intensidad dramática. Si Sydney intenta esto, va a parecer una aficionada en su primera audición.
Empezó a trabajar con su boca, usando una técnica que me hacía sentir que el suelo del centro comercial iba a desaparecer bajo mis pies. Emma, por su parte, no se quedó atrás. Deslizó sus manos por mi abdomen y bajó hasta mis testículos, masajeándolos con esa suavidad dulce que contrastaba con la agresividad de Jenna.
—Tranquilo, Nick —susurró Emma en mi oído, mordiéndome el lóbulo—. Solo estamos asegurándonos de que llegues a la fiesta con el tanque vacío. No queremos accidentes si Sydney decide bailar demasiado pegada a ti.
El probador se llenó de sonidos que definitivamente no eran de alguien probándose ropa. El roce del cuero, los gemidos ahogados y el sonido de la succión de Jenna crearon una sinfonía de alto calibre. Estaba atrapado entre la dulzura protectora de Emma y el hambre voraz de Jenna.
—¡Maldita sea! —exclamé en un susurro, apretando el cabello de Jenna mientras ella aceleraba el ritmo—. Si alguien abre esta cortina, vamos a ser la portada de todos los tabloides del mundo.
—Sería la mejor publicidad que ha tenido este centro comercial en años —respondió Jenna, separándose un segundo para tomar aire, con los labios brillantes—. Ahora, cállate y disfruta de la función. Es un pase privado.
Me llevaron al límite en ese probador de tres por tres. Cuando finalmente llegué al clímax, Jenna se aseguró de no desperdiciar ni una gota, tragando con un descaro que me dejó las piernas temblando.
—Bien —dijo Jenna, limpiándose la comisura con el pulgar y poniéndose de pie como si nada hubiera pasado—. Ese traje de lino negro te va perfecto. Cómpralo.
Emma me dio un beso tierno y me ayudó a subirme el cierre.
—Ahora sí estás listo para la alfombra roja, Nick. Vamos a esa fiesta. Quiero ver si Jacob Elordi es tan alto como dicen... y si Sydney Sweeney es capaz de aguantarte el ritmo después de lo que acabamos de hacerte.
Salimos de la tienda con la frente en alto, yo todavía recuperando el aliento y ellas luciendo como dos ángeles que acababan de hacer una buena obra. El sol se estaba poniendo, la noche de Euphoria nos esperaba, y yo sabía que, sin importar quién estuviera en esa fiesta, el guion principal siempre lo escribían ellas dos.
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Playa VIP
RomanceUn joven, por azares del destino, descubrirá que el trabajo en la playa le será más que satisfactorio. Sobre todo porque conocerá a diferentes actrices que, en un principio, sólo vivían en sus sueños. Ahora, frente a esta nueva realidad, tendrá que...
