Jenna y yo intercambiamos miradas cómplices mientras Emma, con los ojos vendados, se arrodillaba en el suelo. La tensión en el aire era palpable, y no pude evitar sentir una oleada de excitación al pensar en lo que estaba por venir.
—Bien, Emma. —dijo Jenna, su tono lleno de malicia—. Vamos a jugar un juego. Tienes que adivinar qué te ponemos en la boca usando solo tu sentido del gusto.
—Espero que uno de esos "sabores" sea tu verga, Nick. —respondió Emma, atrevida y coqueta.
Jenna y yo nos reímos, y Emma continuó con sus bromas.
—Sí, porque me muero por chuparte esa cosa enorme otra vez. —dijo Emma, con una sonrisa traviesa aunque vendada.
—Bueno, ya veremos si adivinas bien. —respondió Jenna, riendo.
Jenna me hizo una señal y me indicó la bolsa bajo la cama.
—Nick, toma la bolsa. Vamos a empezar con algo sencillo. —dijo Jenna, sus ojos brillando con malicia.
Abrí la bolsa y saqué la banana, pelándola lentamente. La acerqué a la lengua de Emma, solo unos segundos, antes de retirarla.
—Mmm... eso es fácil. Es una banana. —dijo Emma, confiada.
Me reí y luego, con cuidado, reemplacé la banana con mi glande, rozando suavemente su lengua.
—Oh, eso sabe mucho mejor... —murmuró Emma, sonrojándose—. Espera, eso no es una banana, ¿verdad?
Jenna se rió y le preguntó:
—¿Qué has chupado, Emma?
—Creo que necesito otra prueba. —dijo Emma, su voz llena de deseo.
Jenna y yo intercambiamos miradas y continuamos el juego. Tomé el siguiente objeto, una palta, y la acerqué a la boca de Emma. Ella lamió, frunciendo el ceño.
—¿Esto es una... palta? —preguntó Emma, dudosa.
Jenna se rió y añadió:
—Casi, Emma. Pero aún no estás segura, ¿verdad?
Le di otra muestra de mi glande, y Emma gemía suavemente, reconociendo el sabor.
—Eso definitivamente no es una palta. —dijo Emma, con un jadeo.
Seguimos el juego, intercambiando objetos y mi glande. Cada vez que Emma adivinaba correctamente, la premiábamos con algo más íntimo. La zanahoria pelada la hizo reír, pero cuando puse mi miembro en su boca nuevamente, se estremeció.
—¿Nick, esto es tu... verga, verdad? —preguntó Emma, su voz temblorosa.
—Adivina otra vez, Emma. —respondí, disfrutando del juego.
Cada objeto que probaba, desde el dulce ácido hasta el huevo duro, era una oportunidad para hacerla reír y gemir al mismo tiempo. Jenna y yo hacíamos bromas picantes, disfrutando del espectáculo.
—Vamos, Emma. ¿Qué es esto? —pregunté, sosteniendo un pedazo de chocolate cerca de su boca.
Ella lamió el chocolate y luego mi glande, y se rió.
—Eso es... delicioso. Pero prefiero tu verga. —dijo Emma, atrevida.
Jenna no pudo evitar hacer una broma:
—Cuidado, Emma, podrías volverte adicta.
Emma se sonrojó, pero su sonrisa no se desvaneció.
—Tal vez ya lo soy. —murmuró Emma, con una sonrisa coqueta.
El juego continuó, con cada objeto trayendo más risas y gemidos. Las bromas subidas de tono y los comentarios picantes fluían sin parar.
—Vamos, Emma, ¿qué es esto? —dije, sosteniendo un pedazo de pepino cerca de su boca.
Ella lo lamió, y luego volvió a mi miembro.
—Eso es... no estoy segura. Pero tu verga es más sabrosa. —dijo Emma, jadeando.
—¿Te estás rindiendo? —preguntó Jenna, con una sonrisa.
—Nunca. —respondió Emma, con determinación.
Finalmente, Jenna decidió que era el momento de la verdad.
—Bien, Emma. Hemos terminado el juego. Pero quiero que sepas que has sido increíble. —dijo Jenna, quitándole la venda.
Emma parpadeó, mirando a Jenna y luego a mí, su expresión llena de deseo.
—Gracias, Jenna. Gracias, Nick. —dijo Emma, su voz suave.
Jenna y yo nos miramos, sabiendo que aunque el juego había terminado, la noche aún estaba llena de posibilidades.
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Playa VIP
RomansaUn joven, por azares del destino, descubrirá que el trabajo en la playa le será más que satisfactorio. Sobre todo porque conocerá a diferentes actrices que, en un principio, sólo vivían en sus sueños. Ahora, frente a esta nueva realidad, tendrá que...
