Caminábamos sin rumbo fijo... o al menos eso parecía.
La tarjeta con la dirección pesaba en mi bolsillo más de lo que debería. La llave, aún en la mano de Emma, brillaba bajo el sol como si supiera algo que nosotros no.
—Ok —dijo Jenna, rompiendo el silencio—. Volvamos a lo importante.
Suspiré.
—¿En serio?
—Sí, en serio —continuó—. ¿Desde cuándo hacés... batidos especiales? ¿con tu "banana"?
Emma soltó una risa.
—Y lo más importante... ¿por qué no estamos en el menú?
—No es un menú —respondí—. Y no hay batido.
—Ah, claro —dijo Emma—. Es un servicio exclusivo.
Jenna se llevó la mano al pecho, fingiendo indignación.
—¿Nos está diciendo que somos clientas VIP o no?
—Ustedes son... —intenté— distinto.
—Mmm... —Emma ladeó la cabeza—. Eso suena a excusa de chef.
—Chef de banana —remató Jenna.
No pude evitar reírme, aunque seguía rojo.
—Son imposibles.
Emma me dio un pequeño empujón con el hombro.
—Igual... —dijo, bajando un poco el tono—. Admitilo Anya... es linda.
—Muy —añadió Jenna—. O sea, entiendo el concepto del "postre".
Emma asintió.
—Y actúa increíble.
—Totalmente —dijo Jenna—. Tiene esa cosa... elegante pero peligrosa.
—Sí —respondió Emma—. Como si supiera más de lo que dice.
Nos quedamos en silencio un segundo.
Eso... no era una broma.
—No me gusta —dijo Jenna finalmente—. Aparece justo ahora. Dice lo que dice. Y se va como si nada.
Emma giró la llave entre sus dedos.
—Nada de esto es casual.
Yo asentí.
—Entonces vayamos a la dirección.
Llegamos al lugar.
No era un edificio abandonado.
No era un callejón oscuro.
Era... una cafetería.
Normal.
Demasiado normal.
—¿Esto es una broma? —dijo Jenna.
—No —respondí—. Es peor.
Entramos.
El olor a café llenaba el aire. Gente trabajando con laptops, parejas charlando, todo completamente cotidiano.
Emma frunció el ceño.
—¿Y la llave?
Miramos alrededor.
Hasta que Jenna señaló.
—Allá.
Un buzón metálico, antiguo, empotrado en la pared. Numerado.
Uno de ellos... no tenía número.
Emma se acercó.
Metió la llave.
Giró.
Click.
Silencio.
Abrió la pequeña compuerta.
Dentro había... un celular.
Encendido.
Vibrando.
Los tres nos miramos.
Lo tomé.
Pantalla bloqueada.
Pero no por mucho.
Se desbloqueó solo.
Un video comenzó a reproducirse.
Y cuando lo vi...
Se me heló la sangre.
Era yo.
Otra vez.
Pero no en la playa.
No en el hotel.
Era yo... ahora.
Desde la calle.
Grabado hace minutos.
Desde arriba.
—Nos están mirando... en tiempo real —susurró Emma.
El video cambió.
Nueva imagen.
Una habitación oscura.
Una figura sentada.
De espaldas.
Sombrero.
Pero esta vez... habló.
—Si estás viendo esto, Nick... significa que hiciste exactamente lo que esperaba.
Mi corazón empezó a latir más fuerte.
—No soy tu enemigo —continuó la voz—. Pero tu padre... sí lo es para muchos.
Jenna apretó los dientes.
—¿Qué clase de juego es este?
La figura inclinó apenas la cabeza.
—Y vos... —dijo— no sos quien creés que sos.
Silencio absoluto.
—Edward no te encontró por casualidad —añadió—. Te activó.
Sentí un vacío en el estómago.
—¿Activó qué?... —murmuré.
La figura se levantó lentamente.
Pero antes de que pudiéramos ver su rostro...
El video se cortó.
Pantalla negra.
Y luego...
Un mensaje.
"Miren alrededor."
Levantamos la vista.
Y entonces lo vimos.
En una mesa, a pocos metros...
Un hombre.
Con sombrero.
Pero no nos estaba mirando a mí.
Estaba mirando...
a Emma.
Y sonriendo.
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Playa VIP
RomanceUn joven, por azares del destino, descubrirá que el trabajo en la playa le será más que satisfactorio. Sobre todo porque conocerá a diferentes actrices que, en un principio, sólo vivían en sus sueños. Ahora, frente a esta nueva realidad, tendrá que...
