61.Lo que realmente soy

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Oscuridad.

Un segundo.
Dos.

El murmullo de la cafetería se convirtió en caos contenido: sillas moviéndose, alguien quejándose, el sonido de una taza rompiéndose.

Pero yo no escuchaba nada de eso.

Solo mi respiración... y el pulso en mis sienes.

—No se muevan —susurró Emma, muy cerca de mí.

Sentí su mano tomar la mía. Firme. Distinta.

Jenna estaba del otro lado.

—Estoy empezando a odiar los desayunos tranquilos —murmuró.

Una luz de emergencia se encendió.

Roja.

Intermitente.

Y en ese parpadeo... el hombre del sombrero ya no estaba donde estaba antes.

—Se movió —dijo Jenna.

—No —corrigió Emma—. Se reubicó.

—Qué tranquilizador —respondió Jenna.

—Emma —dije, apretando el celular—. Hablá. Ahora.

No podía esperar más.

Ella lo sabía.

Respiró hondo.

—Nick... —empezó—. Tu padre no es solo "poderoso". Es... un arquitecto.

—¿De qué?

—De identidades.

Silencio.

—No entiendo.

Emma me miró directo.

—Tu padre construye personas. Las entrena, las inserta en el mundo con vidas falsas... y las activa cuando las necesita.

Sentí un vacío en el pecho.

—No.

—Sí —dijo, sin suavizarlo—. Y vos... sos uno de ellos.

Jenna abrió los ojos.

—Pará... ¿me estás diciendo que él...?

—Que su vida puede no ser real —terminó Emma.

Negué con la cabeza.

—No. No, no, no... Yo recuerdo todo. Mi infancia, mi trabajo, la playa...

—Recuerdos implantados —dijo Emma, bajando la voz—. O editados.

—¿Y Edward?

—Es real —respondió—. Pero no apareció por casualidad. Fue enviado para activarte.

Las piezas empezaban a encajar... y eso era lo peor.

—¿Activarme para qué? —pregunté.

Emma dudó.

—Para recuperar algo.

—¿Qué cosa?

Ella miró el celular en mi mano.

—Información que solo vos podés descifrar.

Bajé la vista.

El mapa seguía ahí.

Las coordenadas.

Mi nombre... ese otro nombre.

—Yo no sé hacer nada de esto —dije—. Soy un barman, Emma.

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