84.El Probador de la Tentación

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El resto de mi turno en el bar transcurrió como un sueño, hasta que el aire del local cambió de frecuencia. Emma y Jenna hicieron su entrada triunfal, luciendo tan explosivas que varios clientes dejaron caer sus copas. Jenna, con un conjunto de encaje negro que gritaba peligro, y Emma, con un vestido satinado verde esmeralda que parecía hecho a medida para una sirena.

Se acercaron a la barra, me dieron un beso rápido y me arrastraron hacia el rincón de los camareros.

—Así que... —dijo Jenna, arqueando una ceja con malicia—. Nos han contado que tuvimos una visita de la realeza española. Dafne Keen, ¿eh?

—Es muy amable —comencé a decir, tratando de mantener la compostura mientras limpiaba un vaso.

—"Amable" —se burló Emma, soltando una risita—. Nick, hemos visto las fotos en redes de su último evento. Esa chica tiene una "pechonalidad" que desafía la física. Es la segunda vez que te toca una musa con argumentos tan... grandes. ¿Es acaso un fetiche que no nos habías contado?

Me puse colorado como un tomate.

—No es un fetiche, es simplemente... impresionante. Es española, Emma, tienen esa forma de mirar que te desarmarían incluso sin ese... bueno, sin ese busto que tiene. Francamente, creo que me pone más loco que Sydney.

Jenna soltó una carcajada ronca, dándome un codazo.

—¡Escúchalo! El chico ha sido hipnotizado por el acento ibérico. ¡Se nos ha vuelto un experto en anatomía española!

—Deberías ir al shopping —sentenció Emma, tirando de mi delantal—. Necesitas un outfit que esté a la altura de esa "pechonalidad". No podemos dejar que te vea con el uniforme de barman.

Terminé mi turno y terminamos en la boutique más exclusiva del centro comercial. Otra vez, el probador se convirtió en nuestro centro de operaciones. Me obligaron a probarme un traje de lino color crema que dejaba poco a la imaginación.

Mientras me ajustaba la chaqueta, Jenna se arrodilló para acomodarme el pantalón. Su mano subió deliberadamente por mi muslo hasta detenerse en el bulto monumental que mi erección, provocada por el simple hecho de estar encerrado con ellas, estaba creando.

—Vaya, Nick —susurró Jenna, apretando con fuerza, lo que me hizo soltar un gemido ahogado—. Esa Dafne te va a volver loco, pero ten cuidado. Si llegas así de "armado" a la cita, el guion se va a poner muy explícito muy rápido.

—Es tan grande... —añadió Emma, acercándose por detrás y pasando sus manos por mi pecho hasta llegar a mis abdominales, donde sus dedos jugueteaban con la dureza de mi miembro a través de la tela—. Nick, es casi injusto. ¿Cómo esperas que nos concentremos en elegir tu ropa si cada vez que te tocamos respondes como si estuvieras en una audición para una película X?

—¡Es que ustedes no ayudan! —logré articular, mientras el roce de sus manos me llevaba al límite.

—Nosotras te estamos entrenando —dijo Jenna con una mirada lasciva—. Dafne es mordaz, tiene ese acento español que corta como un cuchillo. Si quieres estar a su nivel, no puedes ir ahí como un novato excitado. Tienes que ser el director.

Emma se puso de puntillas y me besó el cuello, rozando mi oreja.

—No te obsesiones con el busto, Nick. Aunque sea una maravilla de la naturaleza, recuerda que es una actriz con mucha inteligencia. Lo que ella quiere ver es si puedes seguirle el juego. Sé dulce, sé astuto, y si decide invitarte a algo más que una charla... asegúrate de que sepa quién te dio las mejores clases de etiqueta.

Jenna se puso de pie, sus ojos negros brillando.

—Exacto. Enfócate, guapo. Tienes el equipo adecuado —dijo, dándole un último apretón firme a mi miembro que me hizo ver estrellas—. Ahora, sal de aquí, ponte ese traje y ve a demostrarle a la española por qué en esta isla, el mejor servicio es el que das tú.

Salí del probador sintiéndome como un misil tierra-aire, con el traje perfectamente ajustado y las instrucciones de mis dos "entrenadoras" ardiendo en mi mente. La cita con Dafne Keen no iba a ser solo una charla; iba a ser el desafío de mi vida, y gracias a Jenna y Emma, estaba más que listo.

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