49. Edward, mi hermano.

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Después de que Edward se marcha, me quedo sentado en la mesa del bar, observando la foto y la carta que dejó sobre la mesa. Mis pensamientos son un torbellino de confusión, miedo y una curiosidad que no puedo negar. El bar a mi alrededor sigue su rutina diaria, pero para mí, todo parece haber cambiado en un instante.

El jefe del bar se me acerca y se sienta a mi lado.

—¿Todo bien, Nick? —me pregunta con una voz preocupada, notando la seriedad en mi rostro.

Miro la foto una vez más antes de guardarla en la caja, junto con la carta.

—No lo sé, jefe —respondo, sinceramente—. Creo que acabo de enterarme de algo que cambia todo lo que pensé que sabía sobre mi vida.

El jefe asiente, su expresión se suaviza con comprensión.

—La vida tiene una forma extraña de lanzarnos curvas cuando menos lo esperamos, ¿verdad? Pero lo que sea que estés pasando, no tienes que enfrentarlo solo. Tienes a tus amigos aquí.

Le ofrezco una sonrisa débil y asentí.

—Gracias. Realmente lo aprecio.

Después de una pausa, el jefe se levanta y me da una palmada en el hombro antes de volver al bar, dejándome solo con mis pensamientos. No pasa mucho tiempo antes de que me decida a salir y caminar un poco para despejar mi mente.

El aire de la noche es fresco cuando finalmente salgo del bar. Decido caminar hasta el hotel donde me estaba quedando, pero mis pasos me llevan automáticamente hacia el parque cercano. Los recuerdos de Jenna y Emma aún están frescos, y no puedo evitar sentir una punzada de dolor al recordar sus sonrisas y bromas, y cómo nos despedimos en el aeropuerto.

Mientras camino, mi teléfono vibra en el bolsillo. Lo saco y veo que es un mensaje de Edward. "Nick, nos veremos pronto. Recuerda lo que hablamos. Y por favor, ten cuidado."

Sus palabras me inquietan, pero las guardo para después. Sigo caminando, intentando procesar todo lo que ha ocurrido.

Cuando llego al hotel, la habitación se siente vacía y fría sin Jenna y Emma. Me desplomo en la cama, dejando que el cansancio me invada. El rostro del hombre de la foto aparece en mi mente una y otra vez. ¿Quién es realmente? ¿Qué quiere de mí?

Unos días después, mientras estoy trabajando en el bar, Edward aparece de nuevo. Esta vez, su presencia no me sorprende tanto, pero el aura de misterio que lo rodea es innegable. Se sienta en la misma mesa que antes, con la misma cerveza en la mano, pero esta vez no trae la caja.

Me acerco y me siento frente a él, sintiendo una mezcla de curiosidad y ansiedad.

—¿Has descubierto algo más? —le pregunto.

Edward me mira seriamente antes de responder.

—He estado haciendo algunas averiguaciones, Nick. Y parece que hay más en esta historia de lo que pensábamos. Nuestro padre... no es alguien que se pueda tomar a la ligera. Tiene enemigos, y su vida ha estado marcada por secretos y mentiras. Creo que debemos estar preparados para cualquier cosa.

Siento un escalofrío recorrerme la espalda.

—¿Enemigos? ¿Qué tipo de enemigos? —pregunto, mi voz más baja de lo que pretendía.

Edward hace una pausa, como si estuviera eligiendo cuidadosamente sus palabras.

—Gente poderosa, Nick. Personas que no dudarían en hacerte daño para llegar a él. Por eso nos mantuvo a ambos alejados todo este tiempo. Pero ahora que estás involucrado, debes ser cuidadoso. No sabemos quién podría estar vigilándote.

La gravedad de sus palabras me golpea de lleno. Nunca había imaginado que mi vida tomaría un giro tan peligroso. Edward ve la preocupación en mi rostro y me da una mirada tranquilizadora.

—No estás solo en esto, Nick. Yo estaré a tu lado. Pero necesitamos estar preparados. Este es solo el comienzo.

Asiento, aunque las palabras de Edward me dejan con más preguntas que respuestas.

—¿Y qué se supone que hagamos ahora? —pregunto finalmente.

Edward se recuesta en su silla, cruzando los brazos mientras piensa.

—Primero, necesitamos saber más sobre nuestro padre y sus enemigos. No podemos actuar sin información. Creo que es hora de que empieces a investigar por tu cuenta, Nick. Tal vez descubras cosas que yo no he podido encontrar.

La idea de investigar mi propio pasado, de descubrir más sobre este hombre misterioso, me intriga, pero también me asusta. Sin embargo, sé que no puedo quedarme de brazos cruzados.

—Está bien —digo finalmente—. Lo haré. Pero Edward, prométeme que si descubres algo más, me lo dirás.

Edward asiente con seriedad.

—Lo haré. Somos hermanos, Nick. Estamos en esto juntos.

Nos quedamos en silencio por un momento, y luego Edward se levanta, preparándose para irse.

—Cuídate, Nick. Estaré en contacto.

Lo observo marcharse, sintiendo una mezcla de determinación y temor. Miro la foto y la carta que Edward me dejó, sabiendo que mi vida ha cambiado para siempre.

El misterio que rodea a mi verdadero padre, los secretos que aún no han sido revelados, todo parece entrelazarse en una trama que apenas comienzo a comprender. Pero una cosa es segura: no descansaré hasta descubrir la verdad, sin importar lo que eso signifique para mí.

La caja ya está abierta, y no hay vuelta atrás.

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