80. Espuma y Adiós

101 2 2
                                        

El sol empezó a lamer el horizonte, tiñendo el Caribe de un naranja tan intenso que parecía retocado por postproducción. Seguíamos allí, sentados sobre la manta del vendedor de perros calientes, devorando una segunda ronda de salchichas con mostaza. La adrenalina de la fiesta había mutado en una intimidad hermosa, de esa que solo consigues cuando has compartido fluidos, secretos y comida basura en menos de seis horas.

—Necesito quitarme la sal, el sudor y... bueno, el rastro de Nick de la piel —dijo Sydney, estirándose como una gata. Sus ojos azules brillaban con el cansancio satisfecho de quien ha ganado un premio—. Mi hotel tiene una ducha en la que cabría todo el elenco de una serie coral.

—Apoyo la moción —asintió Jenna, pasándose una servilleta por los labios—. Me siento como un cuadro de Pollock hecho de fluidos corporales.

Ambas me miraron. Yo, que todavía conservaba un rastro de timidez a pesar de haber sido el "saco de boxeo" de las tres, me encogí de hombros.

—Quizás es mucho, chicas. Debería dejar que descansen.

Jenna soltó una carcajada seca y me agarró del brazo. —Nick, por favor. Nos acabas de echar encima tu semilla hace nada y ahora te pones digno con una ducha. No vas a ninguna parte sin que te pasemos el estropajo. Vamos.

Llegamos a la suite de Sydney. El lujo era abrumador, pero nada comparado con ver a las tres desnudándose con total naturalidad mientras el vapor empezaba a empañar los cristales. La ducha era, efectivamente, un templo de mármol con múltiples jets de agua caliente.

Entramos los cuatro. El agua nos golpeó con una calidez reconfortante. Emma tomó el jabón de sándalo y empezó a enjabonarme la espalda, mientras Sydney y Jenna se daban besitos cortos entre ellas, jugando con la espuma.

—Míralo —murmuró Sydney, bajando la vista hacia mi entrepierna—. El "titán" finalmente ha decidido tomarse un descanso. Parece un guerrero durmiendo después de conquistar tres reinos.

Entre risas y caricias, se turnaron para lavarme con una delicadeza que me hacía sentir más querido que utilizado. Lavaron mi "rifle" con una paciencia casi ritual, asegurándose de que no quedara ni rastro de la batalla en el baño de la villa. Era un juego de manos suaves y agua corriente que nos dejó a todos en un estado de somnolencia deliciosa.

Nos desplomamos en la cama King Size, un mar de sábanas de mil hilos. Me quedé mirando el espejo que Sydney tenía justo encima en el techo. Ver nuestros cuerpos entrelazados —la piel pálida de Jenna, el bronceado de Emma, las curvas de Sydney y yo en medio de todo ese caos de belleza— me hizo darme cuenta de algo.

Mi vida anterior, la del "programa" rígido de mi padre, estaba muerta. Y la nueva vida, esta locura de Playa VIP, me hacía sentir realmente feliz. Me dormí con esa imagen grabada en la retina.

Nos despertamos muy tarde esa noche. El hambre había vuelto, pero el tiempo de Sydney se agotaba. El vuelo privado del elenco de Euphoria salía en un par de horas.

Llegamos al aeropuerto en una camioneta negra. Sydney se bajó con nosotros para encontrarse con el resto del grupo. Allí estaba Jacob Elordi, escondido detrás de unas gafas de sol enormes y un sobretodo amplio que parecía pesarle una tonelada. Se veía pálido, como si su cerebro estuviera intentando procesar qué le había pasado en aquel baño de hombres.

—Hola, Jacob. ¿Dormiste bien? —le preguntó Jenna con una sonrisa inocente que ocultaba una daga.

Jacob solo gruñó algo ininteligible y siguió caminando hacia la puerta de embarque. Sydney, ignorando las miradas de los paparazzis lejanos, nos dio un beso de lengua a cada uno.

—Nick, no dejes que estas dos te rompan del todo —me susurró al oído—. Guárdame un poco para la próxima vez que el guion nos junte.

La vimos alejarse hacia el avión, una estrella volviendo a su órbita. Me quedé parado entre Jenna y Emma, sintiendo el vacío que dejaba Sydney, pero también la fuerza de las dos que se quedaban conmigo.

—¿Y bien? —preguntó Emma Myers, enganchando su brazo al mío—. Sydney se ha ido, Nick tiene su paga del mes en el bolsillo y nosotras todavía tenemos arena en lugares donde no debería haber arena.

Jenna me miró con un brillo astuto. —El bar no abre hasta mañana por la tarde. Propongo que Nick nos lleve a ese rincón de la isla que solo él conoce... y que esta vez, el "guion" lo escriba él. ¿Qué dices, director?

Sonreí, sintiendo el peso de mi nueva libertad. —Conozco una cala donde el agua es tan clara que puedes ver el futuro. Y creo que nuestro futuro inmediato incluye mucha más champaña y muy poca ropa.

Caminamos hacia el coche, listos para la siguiente escena de esta película que ya no quería que terminara nunca.

Playa VIPHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora