57. El espectáculo antes de la tormenta

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—Ok —dijo Jenna, cruzándose de brazos mientras me observaba desde la otra punta de la habitación—. Necesitamos confirmar algo.

—¿El qué? —pregunté, todavía con la taza de café en la mano. Emma apareció detrás de ella, ya con una sonrisa sospechosa.

—Si anoche fue casualidad... —añadió—. O si realmente te volvés así de... interesante cuando te miran.

Fruncí el ceño.

—No entiendo a qué se refieren.

Se miraron entre ellas.Sonrieron.

—Perfecto —dijeron casi al mismo tiempo.

Y desaparecieron hacia el baño.

—Ey... —alcancé a decir—. Eso nunca es buena señal.

Unos minutos después, la puerta se abrió.Primero salió Emma.El mundo... se detuvo un segundo.Llevaba un conjunto de encaje claro que parecía hecho para jugar con la luz. No mostraba demasiado... pero insinuaba todo. Caminó lento, descalza, como si cada paso tuviera música propia.

—¿Qué opinás? —preguntó, girando apenas sobre sí misma.

Antes de que pudiera responder, Jenna apareció.Y ahí directamente me quedé sin palabras.

Su atuendo era más oscuro, más ajustado, marcando cada línea con intención. Tenía una energía distinta: menos inocente, más provocadora.

—No lo satures —dijo Jenna, apoyándose contra la pared—. Se va a descomponer. Emma rió.

—No seas mala.

—No soy mala —respondió Jenna—. Soy realista.Se acercaron entre ellas.

Y ahí empezó el verdadero juego.

Emma tomó el borde de la prenda de Jenna, tirando suavemente.

—Esto te queda demasiado bien... —murmuró.—¿Querés comprobarlo? —respondió Jenna.

Antes de que pudiera procesarlo, empezaron a intercambiarse partes de la ropa, entre risas, pequeños roces, miradas cargadas de intención. No era un cambio práctico... era un espectáculo.Un juego.

Uno que claramente sabían que yo estaba mirando.

—Nick —dijo Emma, sin dejar de moverse—. ¿Seguís con nosotros?

—Creo que no parpadeó desde que salimos —añadió Jenna.

—Estoy... evaluando —respondí, intentando mantener algo de dignidad.

Fallé.

Jenna se acercó a mí, inclinándose apenas.

—¿Evaluando qué? —susurró—. ¿Quién gana?

Emma se acercó por el otro lado, apoyando la mano en mi hombro.

—Spoiler: no hay respuesta correcta.

Sus cuerpos se rozaban mientras volvían a besarse, esta vez con más intensidad. No era un beso tímido. Era lento, profundo, cargado de esa energía juguetona que ya empezaba a ser marca registrada.

Mis manos se tensaron sobre la cama.—Esto no es justo...

—Claro que no —dijo Jenna—. Esa es la idea.

Emma deslizó sus dedos por el brazo de Jenna, bajando despacio, casi distraída, como si el contacto fuera parte de una coreografía invisible.—Además —añadió Emma—... te gusta.

—Mucho —remató Jenna.

Se separaron apenas.Lo suficiente para mirarme.Lo suficiente para saber que tenían el control.

—Deberíamos cobrar entrada —bromeó Jenna.

—O hacerlo privado —respondió Emma, guiñando un ojo.

Y justo cuando la escena parecía ir a escalar aún más...

El teléfono vibró.Fuerte.Seco.Fuera de lugar.Las tres miradas se clavaron en el aparato sobre la mesa.El nombre no aparecía.Solo un número desconocido.

—¿Vas a atender? —preguntó Jenna, bajando un poco el tono.

Algo en el ambiente cambió.Como si la noche... o la mañana... recordara de golpe que el mundo afuera seguía existiendo.Atendí.

—¿Hola?

Silencio.Luego... una voz.Baja. Precisa.

—Revisá el correo, Nick.

Se cortó.Fruncí el ceño.

—¿Quién era? —preguntó Emma.

No respondí. Ya me estaba levantando.Minutos después, tenía el sobre en la mano.Sin remitente.Sin marcas.Solo mi nombre.Y una sensación... familiar.La misma que había sentido antes de ver al hombre del sombrero.Abrí el sobre lentamente.Y lo primero que vi...me heló la sangre.

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