El aire en el reservado se había vuelto tan denso que casi se podía masticar. Sydney se movía en el sofá con una coreografía de seducción puramente instintiva; cada vez que descruzaba sus piernas, el destello de su lencería transparente actuaba como un flash que quemaba mis retinas. Mi erección, ya imposible de ocultar bajo el lino negro, era una declaración de guerra.
—Vaya, Nick... parece que tu "guion" tiene un giro muy interesante en esta escena —susurró Sydney, sentándose a horcajadas sobre mi regazo. Sus pechos, presionados contra mi pecho, eran dos esferas de calor puro.
Justo en ese momento, vimos a Jenna y Emma escoltando a un Jacob Elordi visiblemente derrotado hacia los baños de hombres. Sydney apretó los dientes, y un destello de posesividad cruzó sus ojos azules.
—¿Creen que van a quedarse con toda la diversión? —dijo Sydney, agarrándome del cuello de la camisa con una fuerza que me obligó a levantarme—. Ni hablar. Vamos a enseñarles cómo se hace una verdadera escena de clímax.
Llegamos al baño en un torbellino de alcohol y deseo. Sydney pateó la puerta, entramos y echó el cerrojo. La imagen era dionisíaca: Elordi estaba contra la pared, con los pantalones por los tobillos, mientras Jenna y Emma se turnaban para lamer su miembro baboso como si fuera un postre prohibido.
—¡Vaya, miren quién decidió unirse al reparto! —exclamó Jenna, limpiándose la comisura de los labios con un gesto lascivo al vernos entrar.
Sydney no respondió con palabras. Me empujó contra la puerta y, de un tirón, me bajó los pantalones. Mi herramienta saltó, firme y palpitante, casi golpeándole la barbilla. Emma y Jenna soltaron un jadeo unísono, olvidándose por completo del pobre Jacob por un segundo.
—¿Quieren competir, zorritas? —desafió Sydney, mirando a las chicas con una sonrisa feroz—. Ahora verán lo que es una estrella de verdad.
Sydney lanzó una increíble y espesa escupida sobre mi glande, lubricándolo al instante antes de empezar a masajearlo con una urgencia que me hizo soltar un gemido ronco.
—¡Dios, Nick! —exclamó Emma, acercándose con ojos brillantes—. Mira eso... Jacob, lo siento nene, pero Nick acaba de dejar tu "producción" a la altura de un cortometraje de escuela. Esa cosa es una obra maestra.
—¿Competir? —Jenna soltó una risita oscura, acercándose a mi otro lado—. Sydney, querida, no seas egoísta. Somos un elenco coral. Nick, ¿qué te parece si nos unimos a esta rubia para darte la mejor toma de tu vida?
—¡Oigan! —balbuceó Elordi, tratando de recuperar su erección, que ahora parecía una vela derretida al lado de la mía—. Yo... yo todavía estoy aquí...
—Cállate, Jacob —bromeó Sydney, mientras empezaba a frotar sus pechos contra mi dureza, envolviéndome en su piel—. Con suerte, si miras bien, aprenderás algo para la próxima temporada. Nick tiene más energía en la punta de su miembro que tú en todo tu contrato.
—Eres increíble, Nick —me susurró Emma al oído, mientras su mano encontraba mis testículos para darles un apretón cariñoso—. Mira cómo la tienes... Sydney está a punto de perder la cabeza por ti.
—Jenna —dije, tratando de mantener la cordura mientras Sydney me devoraba con la mirada—, creo que Sydney necesita ayuda. No querría que se cansara antes del gran final.
—Oh, no te preocupes —respondió Jenna, arrodillándose junto a Sydney—. Entre las tres vamos a dejarte tan vacío que vas a olvidar hasta cómo se deletrea "Playa VIP". Sydney, ¿compartimos el micrófono o vas a seguir de solista?
Sydney soltó una risa triunfal y le hizo un espacio a Jenna. El baño era un hervidero de gemidos, bromas pesadas hacia un Elordi humillado y el sonido rítmico de la pasión más desenfrenada. Nick, rodeado por las tres mujeres más deseadas del momento, sintió que el mundo exterior simplemente había dejado de existir. Solo importaba el calor, el roce y el hecho de que esa noche, el Oscar era totalmente suyo.
La escena en aquel baño de mármol y ecos metálicos fue algo que ningún guionista de HBO se habría atrevido a poner sobre el papel. Con el gigante australiano roncando en una esquina como un extra olvidado, el aire se volvió una mezcla de vapor, jadeos y el sonido húmedo de la lengua de tres de las mujeres más deseadas del planeta trabajando al unísono.
Jenna, Emma y Sydney no solo estaban disfrutando; estaban compitiendo. Cada una intentaba demostrar que su técnica era la que merecía el papel principal. La lubricación era absoluta; la saliva de Sydney se mezclaba con la de Jenna sobre mi glande, creando una película brillante que hacía que cada roce fuera una descarga eléctrica.
—Mira cómo late, Nick —susurró Emma, apartándose un segundo para admirar mi miembro—. Sydney, querida, creo que tu "entrenamiento" para las escenas de riesgo se queda corto aquí.
Mientras ellas se buscaban las humedades, acariciándose entre sí con cumplidos que habrían hecho sonrojar a un marinero, yo me dediqué a disfrutar del espectáculo visual, masturbándome mientras contemplaba aquel trío de diosas entrelazadas.
El ritmo cambió cuando Emma, incapaz de contenerse más, me montó con una furia salvaje. Sus uñas se clavaron en mis hombros mientras se movía con una cadencia desesperada. Jenna y Sydney, que estaban ocupadas explorándose la una a la otra, se detuvieron al verlo.
—¡Eh! ¡Nada de escenas en solitario! —gritó Sydney, con una pizca de celos divinos—. ¡Jenna, ponte en posición!
Ambas se colocaron en cuatro patas frente a mí, provocándome con miradas lascivas, pero Emma me tenía apresado. No me soltó hasta que sus propios espasmos la hicieron colapsar sobre mi pecho. Cuando por fin me liberó, mi "sable de carne" parecía haber cobrado vida propia, más grande y lustroso que nunca.
Me turné para embestir a Jenna mientras Sydney se mordía el labio, esperando su momento.
—No me mires así, rubia —le dijo Jenna a Sydney entre gemidos—, ven aquí y bésame mientras él termina conmigo.
Cuando fue el turno de Sydney, la sensación fue total. Se ensanchó para recibirme, dilatándose como si fuera su primera vez, mientras yo le jalaba el cabello rubio y le daba nalgadas que resonaban en los azulejos. Jenna y Emma, espectadoras de lujo, se besaban con pasión mientras nos veían terminar la faena.
Después de dos horas de un intercambio frenético, el final llegó como una explosión. Me corrí sobre las tres, que esperaban con las bocas abiertas para no desperdiciar ni una gota del "premio". Se tragaron mi esencia y se besaron entre ellas, compartiendo el sabor de la victoria.
Nos quedamos en silencio unos minutos, recuperando el aire mientras bebíamos agua directamente del grifo, riéndonos de lo absurdo y maravilloso de la situación.
—¿Nadie ha golpeado la puerta? —preguntó Emma, acomodándose el vestido de seda blanca que ahora estaba un poco más arrugado de lo previsto.
—Tranquila, Emma —respondí, ajustándome el cinturón—. En una villa de este tamaño, hay baños de sobra. Deben pensar que estamos rodando una secuela épica.
Nos arreglamos el cabello y la ropa lo mejor que pudimos. Antes de salir, nos acercamos a Jacob. Con un esfuerzo conjunto, le subimos los pantalones para que no despertara totalmente expuesto.
—Buenas noches, australiano —murmuró Jenna con una sonrisa de victoria—. Gracias por el "casting".
Salimos de allí como si regresáramos de un simple descanso, dejando atrás el escenario de la escena más intensa que jamás se rodó en Playa VIP.
ESTÁS LEYENDO
Playa VIP
RomanceUn joven, por azares del destino, descubrirá que el trabajo en la playa le será más que satisfactorio. Sobre todo porque conocerá a diferentes actrices que, en un principio, sólo vivían en sus sueños. Ahora, frente a esta nueva realidad, tendrá que...
