El sol de la tarde caía sobre la terraza privada de "Playa VIP", tiñendo el Caribe de un naranja digno de un filtro de Roger Deakins. Yo estaba allí, sentado entre las dos mujeres más codiciadas de Hollywood, sintiéndome como un extra que accidentalmente terminó en el papel principal.
Tenía entre mis dedos la tarjeta personal de Emma Stone. Sí, esa Emma Stone. El relieve del papel gritaba "clase A", y el perfume que emanaba era puro magnetismo.
—Míralo, Jenna. Se ha quedado mudo —dijo Emma Myers, dándole un sorbo a su margarita con sal negra—. Parece que el "programa" de su padre no incluía cómo manejar un duelo de titanes.
Jenna Ortega soltó una risa seca, recostándose en el diván con esa intensidad gótica que hace que hasta el aire parezca más pesado.
—Su padre lo entrenó para ser el stuntman perfecto del placer, Emma. Pero se olvidó de un detalle: Nick tiene corazón. Y ese corazón ahora nos pertenece a las dos.
Aún me costaba procesarlo. Mi viejo me había criado bajo una disciplina casi militar para ser el acompañante definitivo de la élite. "Servicios especiales", lo llamaba él. Yo creía que era carisma natural, hasta que descubrí que cada movimiento de cadera y cada frase de consuelo eran algoritmos de seducción. Pero con ellas... con ellas el sistema colapsó. Me enamoré. Y lo peor (o lo mejor) es que ellas decidieron que no iban a dejarme ir, ni siquiera si eso significaba compartirme con la industria.
—Es un trato justo, Nick —continuó Jenna, acercándose tanto que podía oler su perfume a cerezas negras y misterio—. Te dejamos seguir con tu "trabajo" en el bar, atendiendo a las divas que aterrizan aquí buscando... bueno, lo que tú das. Pero nosotras somos las directoras de esta película.
—Exacto —asintió Emma Myers, guiñándome un ojo—. Consideralo un workshop intensivo. Vamos a pulir tus habilidades para que no seas solo un cuerpo bonito. Emma Stone es exigente, Nick. Viene de rodar con Lanthimos, espera algo vanguardista, no una comedia romántica genérica.
—¿Y qué se supone que haga? —logré articular, mirando la tarjeta—. Ella quiere una velada esta noche.
Jenna soltó una carcajada y me quitó la tarjeta de las manos.
—Primero, tienes que entender que la competencia es alta. Emma dice que es mejor con su boca, y puede que tenga razón en la teoría... pero nadie la chupa como yo, cariño. Tengo una técnica de "método" que dejaría a Stanislavski temblando.
—¡Por favor, Jenna! —protestó Emma entre risas—. Tu técnica es puro terror psicológico. Yo soy más de "cine independiente": experimental, creativa y siempre dejo al público pidiendo un bis. Nick sabe que mi lengua tiene un rango actoral que ya quisieran muchas en los SAG Awards.
Me puse rojo. Estar en medio de estas dos discutiendo sobre mis —y sus— talentos amatorios era como estar en una lectura de guion de una película de calificación R.
—Chicas, por favor... —susurré.
—Nada de "por favor" —cortó Jenna, poniéndose de pie y tirando de mi brazo—. Si vas a ir a ver a la Stone, no puedes ir con esa camisa de barman barato. Necesitas un look de "protagonista masculino que gana el Oscar y luego desaparece en un viñedo en Italia".
Me llevaron a la boutique privada del complejo. Era como estar con dos estilistas poseídas por el espíritu de Edith Head. Me probaron trajes de lino italiano y camisas de seda entreabiertas.
—Escucha bien, Nick —dijo Emma mientras me ajustaba el cuello de una camisa color arena—. Con Stone, el sexo es solo el tercer acto. El primero es la conversación. Tienes que hablarle de cine, de la luz, de cómo la fama es una jaula de oro. Tienes que usar algo más que tu miembro, aunque sabemos que es tu mejor efecto especial.
—Si no hay química en el diálogo, no habrá fuego en las sábanas —añadió Jenna, mirándome a través del espejo con una posesividad que me erizaba la piel—. Me da unos celos de muerte que ella vaya a probar lo que es mío, pero un trato es un trato. Queremos que seas la leyenda de Hollywood de la que todas hablen en los camerinos. Nuestra propia creación.
Emma Myers se acercó y me susurró al oído:
—Y cuando termines con ella... vuelve a casa. Tenemos que comparar notas. Quiero saber si es tan buena ganando orgasmos como ganando estatuillas.
Jenna me puso el teléfono en la mano. La pantalla ya mostraba el número de la tarjeta.
—Llama, Nick. Dile que el "servicio especial" de Playa VIP está listo para su close-up. Dale la experiencia de su vida, pero recuerda quiénes te enseñaron a romper el programa.
Suspiré, mirando a mis dos hermosas y retorcidas mentoras. Marqué el número. Hollywood podía ser un lugar salvaje, pero mi nueva vida... eso sí que era un guion que nadie vería venir.
—¿Hola? ¿Emma? Habla Nick, de Playa VIP... Sí, creo que tengo un espacio en mi agenda para una velada inolvidable.
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Playa VIP
RomanceUn joven, por azares del destino, descubrirá que el trabajo en la playa le será más que satisfactorio. Sobre todo porque conocerá a diferentes actrices que, en un principio, sólo vivían en sus sueños. Ahora, frente a esta nueva realidad, tendrá que...
