60. La chica que ya sabía

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El tiempo... se detuvo.

No por el hombre.

No por el mensaje.

Por Emma.

Porque Emma... no parecía sorprendida.

—No... —murmuré—. No me digas que...

Ella no me miró.

Sus ojos estaban fijos en el hombre del sombrero.

Y por primera vez desde que la conocía...

no había dulzura en su expresión.

Había cálculo.

—Emma —dijo Jenna, bajando el tono—. ¿Lo conocés?

Silencio.

Un segundo.

Dos.

Emma exhaló.

—Sí.

La palabra cayó como una piedra.

—¿QUÉ? —dijimos Jenna y yo al mismo tiempo.

El hombre del sombrero no se movió. Solo levantó apenas su taza de café... como si brindara.

Emma dio un paso al frente.

—No se acerquen —dijo, firme.

—No —respondí—. Vos no te movés sin explicarnos qué está pasando.

Emma cerró los ojos un segundo.

Como si estuviera decidiendo algo.

Y cuando volvió a abrirlos...

ya no era la misma.

—Mi nombre no es solo Emma —dijo—. O al menos... no en todos lados.

Jenna se quedó helada.

—Ok... eso ya no suena gracioso.

Emma señaló al hombre.

—Él trabaja para una red que lleva años intentando encontrar a tu padre, Nick.

Sentí que el piso se inclinaba.

—¿Intentando encontrarlo... o matarlo?

Emma dudó.

Y eso fue suficiente respuesta.

—¿Y vos? —pregunté—. ¿De qué lado estás?

Silencio.

El peor tipo de silencio.

—Yo... estaba infiltrada.

Jenna dio un paso atrás.

—¿"Estabas"? ¿O estás?

El hombre del sombrero se levantó.

Lento.

Tranquilo.

Demasiado seguro.

—El tiempo se acabó —dijo, sin alzar la voz.

Emma reaccionó al instante.

—¡Nick, el celular!

Lo levanté.

—Activá el archivo oculto. Ahora.

—¿Qué archivo?

—¡El que no ves!

Deslicé la pantalla.

Nada.

—¡Emma, no hay nada!

—Sí hay —dijo—. Pensalo. "Activar".

La palabra.

La del video.

La que no me había gustado.

La que había dicho ese hombre.

Respiré hondo.

—¿Y si no quiero?

Emma me miró.

Y por un segundo volvió a ser ella.

La Emma de la habitación.
La del desayuno.
La que me había abrazado.

—Entonces nos van a alcanzar.

El hombre ya venía caminando hacia nosotros.

Jenna apretó los puños.

—Nick... decidí ya.

Mi pulgar tembló sobre la pantalla.

Y entonces...

lo hice.

La pantalla parpadeó.

El celular vibró con fuerza.

Y de pronto...

todo cambió.

Un mapa apareció.

Coordenadas.

Rutas.

Nombres.

Y en el centro...

mi nombre completo.

No el que conocía.

Otro.

Uno que nunca había escuchado.

—¿Qué... es esto? —susurré.

Emma me miró.

—La verdad.

El hombre del sombrero sonrió.

—Bienvenido de vuelta, Nick.

Jenna giró hacia Emma.

—Explicame ahora mismo qué significa esto.

Emma tragó saliva.

—Significa... que Nick no es solo un chico de playa.

Silencio.

—Es el objetivo.

Y en ese instante...

las luces de la cafetería se apagaron

Playa VIPHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora