65. Una noche con Emma Stone

101 4 0
                                        

El trayecto hacia el salón privado del "Azure" fue una tortura deliciosa. Caminaba en medio de Jenna y Emma, sintiéndome como un condenado a muerte que iba directo al paraíso. El aire marino se mezclaba con el aroma de sus perfumes, una combinación que estaba haciendo estragos en mi capacidad de concentración.

—Recuerda, Nick —decía Emma, ajustándome la solapa con una mirada crítica—, Stone no quiere un "sí, señora". Quiere a alguien que la desafíe. Ella ha trabajado con los mejores directores del mundo; si nota que estás siguiendo un guion, se aburrirá antes de que lleguen los aperitivos.

—Y por el amor de Dios, no menciones La La Land a menos que sea para decir que tú habrías bailado mejor que Gosling —añadió Jenna.

De repente, sentí la mano de Jenna deslizarse con una lentitud criminal por mi abdomen hasta detenerse justo donde mi pulso latía con más fuerza. Sus dedos delinearon mi entrepierna por encima del lino, y sentí que mi sistema se reiniciaba por completo.

—Vaya... parece que el traje te queda un poco ajustado en algunas partes —susurró Jenna con esa sonrisa maliciosa que me ponía a temblar.

Sentí cómo la sangre abandonaba mi cerebro para concentrarse en un solo punto. Una erección leve pero decidida empezó a marcarse bajo su palma.

—¡Jenna! —Emma soltó una carcajada y le dio una breve cachetada en la mano—. Déjalo en paz. Si sigues así, va a disparar antes de tiempo y va a manchar el traje. No tenemos un departamento de vestuario aquí para emergencias de ese tipo.

Jenna se encogió de hombros, sin quitar sus ojos oscuros de los míos.

—Podría solucionarlo ahora mismo. Podría usar mi boca y tragarme el "problema" para que vaya más relajado. Sabes que soy experta en finales felices.

Emma Myers soltó un suspiro dramático y puso su propia mano sobre el bulto, tratando de suavizar la tela, aunque el contacto solo me puso más tenso.

—Yo lo haría mejor, querida, pero Nick necesita estar enfocado.

—Chicas... —logré decir con la voz quebrada—, si siguen hablando así, solo se va a poner más duro. No voy a poder ni sentarme en la mesa.

Ambas rieron, ese sonido armónico y peligroso que tanto me gustaba. Se detuvieron justo antes de la entrada del salón. Emma me dio un beso corto pero intenso en los labios, y Jenna hizo lo mismo, dejando el sabor de su labial oscuro como una marca de propiedad.

—Ve por ella, tigre —susurró Emma—. Haz que se olvide de que existe el Oscar.

Entré al lugar solo. El ambiente era puro cine negro: luces tenues, una banda de jazz tocando algo suave de fondo y el aroma a tabaco caro y perfume francés. Me anuncié en recepción y el metre me guio hacia una mesa apartada, rodeada de plantas tropicales que daban una privacidad absoluta.

Allí estaba ella.

Emma Stone lucía un vestido de seda esmeralda que caía como agua sobre su cuerpo. Cuando se giró para verme, el escote de su espalda —que llegaba casi hasta la base de su columna— me cortó el aliento. Era una imagen digna de la época dorada de Hollywood, una diva de los años 40 perdida en el siglo XXI.

—Nick —dijo ella, con esa voz rasposa y melódica que era su marca registrada—. Llegas justo a tiempo para que la noche no se vuelva aburrida.

Me senté, obligándome a relajar los hombros. Recordé las palabras de mis "entrenadoras".

—Un hombre nunca llega tarde a una cita con una mujer que parece haber sido pintada por la luz de una cámara de 35 milímetros, Emma. Simplemente llega cuando el destino lo permite.

Ella arqueó una ceja, claramente impresionada por la frase. Pidió dos martinis sucios y se reclinó en su silla, observándome con curiosidad.

—Vaya. Inteligente, guapo y con un toque de poética cinematográfica. Me habían dicho que en Playa VIP el servicio era excelente, pero esto parece un nivel de A-List.

—Digamos que he tenido mentoras muy exigentes —respondí, pensando en las dos diablillas que seguramente estarían espiando desde algún lugar.

La charla fluyó como un buen guion de Aaron Sorkin. Hablamos de la transición del cine analógico al digital, de la soledad de los sets de rodaje y de cómo la fama, a veces, se siente como una actuación que nunca termina.

—A veces me cansa, Nick —dijo ella, bajando la mirada hacia su copa—. La fama es como un foco que nunca se apaga. No puedes ser tú misma porque siempre hay alguien esperando que seas "la estrella". Estar aquí, charlando contigo... me ayuda a despejar la cabeza. No me miras como a una estatuilla, me miras como a una mujer.

—Porque eso es lo que eres, Emma —dije, bajando el tono de voz y acercándome un poco más—. Una mujer que merece ser la protagonista de su propia vida, no solo de una película. Y esta noche, el guion lo escribes tú.

Ella sonrió, y por primera vez en la noche, vi un brillo genuino en sus ojos que no tenía nada que ver con los flashes de los fotógrafos. La noche era joven, y sentí que el "programa" de mi padre se estaba borrando definitivamente para dar paso a algo mucho más real y peligroso.

Playa VIPHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora