El aire en la habitación era espeso, una mezcla de sándalo y el olor inconfundible de nuestra entrega. Dafne, convertida en una visión de descontrol total, se arrastró hacia mí con esa elegancia felina que la caracterizaba. Mi miembro, todavía palpitante, encontró su hogar en su garganta. No fue un acto mecánico; fue una clase magistral de técnica. Dafne trabajó cada centímetro con una lengua que parecía tener vida propia, succionando con una presión que me hizo arquear la espalda y agarrar las sábanas con violencia.
—Así, sí... —gruñí, mientras ella me dejaba la verga lustrada, brillante como el acero, casi sintiendo sus cuerdas vocales rozar mi glande—. Dafne, por Dios, me vas a vaciar...
No pude aguantar. Mi cuerpo reaccionó con una descarga volcánica, empapándola por completo. Su rostro, su barbilla y la curva de sus pechos se convirtieron en un lienzo cubierto de blanco, una obra de arte moderna que ella admiró con una sonrisa maníaca. Sin dudarlo, comenzó a tragar, sus ojos fijos en los míos, lamiéndose los labios con una obscenidad deliciosa.
—Sabor a victoria, Nick —dijo entre risitas, mientras se metía los dedos en la boca para saborear hasta la última gota.
Sin quitarse la "máscara", tomó el teléfono.
—Room service —dijo con voz ronca y sensual—, necesitamos algo de chocolate negro, fresas y la botella de vino más relajante que tengan. Sí, ahora mismo.
Dafne corrió desnuda hacia el baño, dejando un rastro de humedad. El vapor ya llenaba la estancia cuando entré. Se estaba enjabonando, moviendo las manos con una lentitud que me encendió de nuevo. Me llamó con un dedo índice, una invitación silenciosa que no pude ignorar.
—Ven aquí, director. Vamos a ver si el agua hace que duremos más que en la cama.
Nos frotamos, el jabón convirtiendo nuestros cuerpos en superficies resbaladizas. La fricción fue incontrolable. Dafne se dio la vuelta, apoyándose contra el mármol, y me miró por encima del hombro con ojos ardientes.
—¿Quieres probar algo diferente? —susurró, guiándome con sus manos hacia la puerta trasera—. Sé que te va a volver loco.
Entré en ella de forma anal, intensa y feroz. El caos en la ducha fue total: el agua caliente golpeando nuestros rostros, sus gritos resonando contra los azulejos, mis embestidas marcando un ritmo frenético. Ella se retorcía, soltando gemidos que se mezclaban con el ruido de la ducha, hasta que ambos colapsamos contra la pared, exhaustos, jadeando, con el corazón martilleando contra nuestras costillas.
Tras un lavado rápido, nos pusimos batas de seda blanca. Apenas nos estábamos acomodando cuando un golpe suave en la puerta nos alertó. Dafne, sin borrar la sonrisa maliciosa, abrió la puerta a medio camino, dejando que su bata se deslizara lo suficiente para que su busto fuera una tentación evidente.
El joven mozo entró con la bandeja, pero al verme, sus ojos se abrieron como platos.
—¿Nick? ¿El de... el bar de Playa VIP? —balbuceó, tratando de mantener la compostura mientras dejaba el chocolate sobre la mesa.
Entonces, sus ojos se posaron en Dafne. Su mandíbula cayó al suelo.
—¿Tú... tú eres Laura? ¿X-23? ¡Dios mío, te vi en Wolverine y Deadpool! ¡Eres mi ídolo!
Dafne soltó una carcajada cargada de malicia, acercándose al chico hasta que él pudo notar el perfume y la energía eléctrica que emanaba.
—¿Mi ídolo, eh? —dijo ella, acercándose a su oreja y rozando su pecho contra el brazo del joven—. ¿Tan cerca te gusta mi "actuación"?
El mozo estaba temblando.
—¿Podría... podría darme un autógrafo?
Dafne tomó una servilleta, le guiñó un ojo a Nick y escribió algo con rapidez. Se la entregó al chico, rozando sus dedos.
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Playa VIP
CintaUn joven, por azares del destino, descubrirá que el trabajo en la playa le será más que satisfactorio. Sobre todo porque conocerá a diferentes actrices que, en un principio, sólo vivían en sus sueños. Ahora, frente a esta nueva realidad, tendrá que...
