El bosque estaba envuelto en un silencio mágico, roto solo por el crujido de hojas secas bajo patas veloces. Cuatro lobos corrían bajo la luz de la luna llena, sus figuras recortándose entre los árboles. Al frente, un imponente lobo negro, mucho más grande que los demás, lideraba la carrera. Su pelaje brillaba bajo la luz plateada, y sus ojos rojos parecían arder como brasas vivas.
Detrás de él, tres lobos más pequeños intentaban alcanzarlo. Uno de ellos, negro y esbelto, tenía manchas marrones en las patas y los costados; sus ojos dorados reflejaban una mezcla de concentración y emoción. Los otros dos, casi idénticos entre sí, eran negros como la noche y tenían ojos grises que destellaban con la energía juvenil de quien apenas comienza a entender su poder.
El gran lobo miró hacia atrás un instante, observando cómo los tres cachorros daban lo mejor de sí para atraparlo. Usando el vínculo que compartía con ellos, envió un mensaje juguetón:
—¿Eso es todo lo que tienen? Pensé que los cachorros eran más rápidos.
Unos pequeños gruñidos respondieron, cargados de desafío.
—¡Te atraparemos!
—¡No podrás escapar de nosotros!
El lobo grande rió para sus adentros, ajustando su velocidad para que los pequeños tuvieran una oportunidad de alcanzarlo. Se movía con agilidad, zigzagueando entre los árboles, saltando sobre raíces expuestas y esquivando arbustos espinosos. Los cachorros lo seguían con determinación, sus patas pequeñas pero fuertes golpeando el suelo en un ritmo constante.
Uno de los pequeños tropezó ligeramente con una raíz, pero no se detuvo. Un rugido animado resonó en su mente:
—¡Vamos, Minho! No te quedes atrás.
El cachorro de ojos dorados apretó el paso, esforzándose por mantenerse a la par de los otros dos.
La persecución continuó, y el gran lobo sintió una oleada de alegría y orgullo. Era un juego para los cachorros, pero también era un entrenamiento. Los estaba preparando para el futuro, para cuando fueran fuertes y supieran protegerse.
Finalmente, el lobo grande disminuyó la velocidad y se dejó caer al suelo, fingiendo rendirse. Los cachorros aprovecharon la oportunidad y le saltaron encima, mordisqueando su pelaje con cariño mientras gruñían suavemente.
—Canny, Day, Minho, basta, ja, ja… me hacen cosquillas — dijo Lisa a través del vínculo, rodando sobre su lomo mientras los cachorros la alcanzaban.
Canny, una de las mellizas, mordisqueó una de las patas delanteras de Lisa con suavidad.
—¡Te atrapamos, mami!
Day, la otra melliza, saltó sobre el vientre de Lisa, sacándole el aire por un momento.
—¡Sí, tía! ¡Ahora somos lobos feroces!
Minho, el más pequeño del grupo, pero igual de travieso, se unió al juego, mordiendo una de las orejas de Lisa.
—¡Somos grandes alfas, tía Lisa!
Lisa soltó un gruñido suave, que en realidad era una risa. Con cuidado, rodó para ponerse de pie y sacudirse los restos de hojas y tierra que se habían pegado a su pelaje.
—Aún no, pequeños. Pero pronto serán grandes alfas… y una gran Omega. —Lisa miró a sus hijas con orgullo y luego al pequeño Minho, el hijo de Jisoo y Rosé, con cariño.
El gran lobo, aún rodeado por los cachorros, levantó de repente las orejas. Algo no estaba bien. Durante un momento, había sentido que alguien los observaba desde las sombras. Giró la cabeza, sus ojos rojos escrutando la oscuridad.
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Stitches - Jenlisa Gip
Fanfiction-- Alfa... por favor, detente, me estás haciendo daño." -- Cállate, omega inútil -- se escuchó el sonido de un golpe en la habitación. -- Por favor, soy tu o-omega -- suplicó. -- Tú jamás serás mi omega -- respondió con frialdad. Ella lo miró con lo...
