Extra 1.

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Pov Jennie.

Respiré hondo. Una. Dos. Tres veces.

Nada ayudó.

A mis jóvenes 34 años, estaba a punto de sufrir un infarto. Mi corazón latía con fuerza, la sangre me hervía en las venas y, honestamente, estaba contemplando el asesinato.

No de un enemigo. No de algún traidor.

No.

Quería asesinar a mi propia familia.

Y más específicamente, a mis alfas.

Todo había comenzado esa misma mañana, cuando le mencioné a Lisa que la llave de la cocina estaba goteando. Solo un pequeño escape de agua, nada grave. Algo que, en teoría, podría arreglarse con facilidad.

- Amor, ¿puedes solucionarlo mientras tengo mi día de omegas con Jisoo?-.

Mi alfa, mi amor, mi vida, me miró con su sonrisa arrogante y llena de confianza.

-Por supuesto, bebé. Yo me encargo.-

Pues bien.

Eran las seis de la tarde y apenas abrí la puerta de nuestra cabaña, lo primero que vi fue el caos absoluto.

Day estaba en el suelo, empapada de pies a cabeza, con un chichón en la frente y una expresión de absoluto pánico.

Anna, mi dulce Anna, temblaba de frío sobre la mesa, abrazándose a sí misma mientras miraba hacia abajo como si estuviera viendo su vida pasar ante sus ojos.

Canny, la mayor de mis pequeñas alfas, sostenía en brazos a Luca y Lara, ambos con los labios temblorosos y los ojos abiertos como platos. Su ropa chorreaba agua por toda la cocina inundada.

Y en medio de todo esto, mi esposa. Mi alfa.

Lisa estaba de pie con ambas manos sobre la tubería rota, intentando contener sin éxito el chorro de agua que salía con una presión digna de una cascada. Sus músculos estaban tensos, sus cejas fruncidas y tenía el cabello completamente pegado a la cara.

Mi cocina.

Mi hermosa cocina.

Bañada en agua. Encharcada hasta los tobillos. Mis hijos empapados.

Mi paciencia al borde del colapso.

Conté hasta tres antes de gritar con toda la fuerza de mis pulmones:

- ¡Alfas Manobal Kim!

El grito hizo que todos se detuvieran.

Canny tragó saliva. Lisa se tensó más y apretó los labios. Anna se encogió un poco más sobre la mesa y Day se llevó una mano al chichón como si así pudiera evitar que la viera.

Avancé lentamente hacia ellos, el agua salpicando bajo mis pies con cada paso.

-Voy a hacer una sola pregunta. - Mi voz era peligrosa. - ¿Qué demonios pasó aquí?

Lisa carraspeó y evitó mi mirada.

- Bueno, amor, verás…

- No, no, no. No quiero excusas, Lisa. Quiero la verdad. ¿Cómo es que fui por la mañana y cuando vuelvo a casa, mi cocina parece el lago de los cisnes?

Silencio. Nadie se atrevía a responder.

-Hablen. Ahora.

Fue Canny quien, con voz temblorosa, intentó explicar.

- Mami… la llave sí estaba goteando y mamá Lisa intentó arreglarla, pero cuando abrió la tubería… bueno…- Bajó la mirada.-  Salió más agua de la que esperábamos.

Stitches - Jenlisa GipHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora