XVII

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Pov Lisa.

Me giré lentamente, mi cuerpo entero sintiéndose pesado mientras mis ojos se enfocaban en Jennie.

Sus manos estaban sobre su vientre, temblando. Su aroma… ¿cómo no lo había notado antes?

Aspiré profundamente y ahí estaba.

Leche y galletas.

Exactamente como olía cuando esperaba a nuestras mellizas.

Mi lobo gruñó con culpa, furioso conmigo por haberla hecho llorar, por no haber sentido antes la nueva vida creciendo dentro de ella.

Jennie sollozaba, abrazándose con fuerza, sus lágrimas caían sin control mientras su pecho subía y bajaba agitado.

No lo pensé.

En un parpadeo, estaba frente a ella, rodeándola con mis brazos, sujetándola con toda la fuerza y desesperación de alguien que había estado a punto de perder lo más importante en su vida.

—Jennie… —susurré contra su cabello, mi voz ronca por la emoción.

Ella se aferró a mí con la misma intensidad, sus manos temblorosas en mi espalda.

—Lo siento… —dijo entre sollozos—. No quería que lo supieras así, pero tenía miedo, Lisa…

—Shh, mi amor… —Acaricié su espalda y su cabello, tratando de calmarla—. No llores más, por favor…

Sentí su vientre contra mí y algo dentro de mí se rompió y se reconstruyó al mismo tiempo.

Mi cachorro.

Mi Omega estaba cargando a otro de nuestros hijos.

La culpa me azotó con fuerza. Había estado tan ciega, tan sumida en mi propia frustración, que no me había dado cuenta de lo que pasaba con Jennie.

—Perdóname, Jennie… —susurré, escondiendo mi rostro en su cuello—. Nunca debí alejarme de ti, nunca debí hacerte sentir sola.

Ella sollozó más fuerte, agarrándose de mi camisa como si temiera que desapareciera.

—No quiero que nos alejemos, Lisa… No quiero que peleemos más.

Apreté la mandíbula y besé su cabeza con ternura.

—No lo haremos, mi amor… No lo haremos.

Nos quedamos así, abrazadas, enredadas la una en la otra, con el aroma de nuestro amor envolviéndonos.

Yo nunca la dejaría.

Nunca más.

Jennie se separó apenas lo suficiente para mirarme a los ojos. Su rostro estaba cubierto de lágrimas, pero en sus ojos oscuros solo había amor y dolor entremezclados.

—Lisa… —su voz tembló, pero aun así continuó—. Yo te amo más que a nada en este mundo.

Mi corazón se apretó con fuerza.

—Te deseo siempre, mi amor, pero… —hizo una pausa para tomar aire—, lo que ocurrió con Taehyung me trajo todos los recuerdos de mi pasado con Kai.

Su voz se quebró y mis pulmones dejaron de funcionar.

—Eso me hizo sentir insegura y con miedo… —continuó, con la mano en su vientre—. Mi Omega solo quiere proteger a nuestro cachorro. Ya perdí uno por culpa de Kai, Lisa… No quiero perder otro.

Un nudo se formó en mi garganta.

Mierda.

Mierda, mierda, mierda.

Stitches - Jenlisa GipHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora