XLVI

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Pov Lisa.

El grito de Jennie resonó en todo el parque como un trueno.

Mis oídos captaron con precisión cada sílaba. Mi nombre completo.
Lalisa Manobal.

Mi corazón se detuvo.

Me puse de pie de inmediato, alerta como si hubiera escuchado un rugido en medio del bosque. Miré a Rose con ojos muy abiertos, llenos de pánico.

—Tenemos que huir. —Mi voz salió en un susurro urgente.

Rose me miró con la misma expresión de pavor y tensión. Su mirada iba de mí a Jennie, quien estaba parada a la distancia con las manos firmes sobre el cochecito y una expresión de furia helada. El viento mecía su cabello oscuro, y si no fuera porque conocía a mi Omega mejor que a nadie, diría que parecía el alfa más dominante de la manada en ese momento.

—Lisa... creo que estamos... —empezó a decir Rose, pero entonces el grito volvió a escucharse, más fuerte y afilado.

—¡LALISA MANOBAL! ¡VEN AQUÍ!

Mis piernas flaquearon y sentí un escalofrío recorrerme la espalda. Mi nombre completo. Dos veces.

Ese era el llamado de la muerte.

Miré a Rose con ojos desesperados.

—Rose, cuida a Leo. Dile que lo amo y que siempre estaré con él. —Mi voz temblaba mientras me quitaba con cuidado el canguro y le dejaba a mi cachorro, quien me miró con curiosidad y balbuceó algo incomprensible.

—Lisa, no digas tonterías, solo es Jennie —intentó tranquilizarme, pero había un atisbo de miedo en su propia voz.

La miré con solemnidad, tomándola de los hombros.

—Roseanne, si no vuelvo, cuida a mis bebés. Enséñales a defenderse, a pelear, y a no enamorarse de omegas a los cinco años.

Rose soltó una risa nerviosa y cuando iba a responderme, Jennie volvió a gritar, y esta vez la fuerza de su tono me hizo dar un paso adelante como si mi cuerpo no pudiera resistirse a la orden.

Con un último vistazo a Rose, suspiré.

—Deséame suerte.

—Buena suerte, soldado. —Rose levantó una mano en señal de despedida, pero cuando escuché a Jennie inhalar para gritar de nuevo, me giré y comencé a caminar hacia ella.

Cada paso era como avanzar hacia un campo minado.

Bajé la cabeza, como una cachorra que acaba de ser atrapada haciendo algo prohibido. Mis ojos buscaron a Canny, y allí estaba mi pequeña alfa, con los hombros tensos y la mirada fija en el suelo.

Las dos omegas a su lado tenían las mejillas completamente sonrojadas, mirando hacia abajo con timidez y respeto. Incluso sus pequeñas orejas temblaban con nerviosismo. El aroma de menta y vino de Canny se mezclaba con los dulces olores de las cachorras Bae, un aroma delicado y suave, con un toque a lavanda y miel.

Me detuve junto a Canny y ella levantó la mirada, encontrando mis ojos. Compartimos un instante de pánico compartido. Mi hija mayor, mi pequeña alfa, ahora igual de asustada que yo.

Jennie nos observaba con el ceño fruncido, los ojos afilados como dagas. Jisoo estaba a su lado, claramente intentando no reírse. Traidora.

—Lalisa. —Jennie pronunció mi nombre lentamente, como si cada letra pesara una tonelada.

—A-amor... cariño... podemos hablar de esto... con calma. —Intenté apelar a su lado racional, aunque sabía que ese lado había desaparecido hacía rato.

Stitches - Jenlisa GipHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora