El sol se ocultaba detrás de las montañas cuando Lisa llegó a la gran casa familiar. Un mal presentimiento la invadió desde el momento en que cruzó el umbral de la entrada. El silencio en la casa era denso, y un leve olor a podredumbre y sangre flotaba en el aire. "Esto no está bien", pensó, mientras recorría el pasillo con pasos rápidos.
—¿Padre? —llamó, su voz reverberando en el vacío de la casa—. ¡Padre, soy yo!
No hubo respuesta, solo el sonido del viento sacudiendo las cortinas. Lisa entró a la sala y se detuvo en seco al ver la escena frente a ella.
Haemin yacía en el suelo, apenas consciente. Su cuerpo, antes fuerte y musculoso, ahora era apenas piel y hueso. La palidez cubría su rostro, y su boca estaba manchada de sangre fresca. Su aroma alfa, aquel imponente rastro de pino y tierra húmeda, había desaparecido, reemplazado por el hedor de la muerte inminente.
—¡Padre! —Lisa corrió hacia él, arrodillándose a su lado. Su voz temblaba, llena de angustia—. ¡Padre, mírame! ¿Qué te pasó?
Haemin abrió los ojos apenas unos segundos, intentando enfocar la mirada en ella, pero no pudo pronunciar una sola palabra. Tosió, expulsando más sangre, mientras su cuerpo se estremecía por el esfuerzo.
Lisa se levantó de inmediato.
—Voy a buscar ayuda. ¡Espera, por favor, resiste! —dijo, sus ojos llenos de desesperación mientras salía corriendo hacia el bosque para buscar al doctor más cercano.
En cuanto Lisa desapareció, Nayeon emergió de las sombras detrás de la casa. Caminó lentamente hacia el cuerpo de Haemin, su mirada oscura y cargada de satisfacción. Se arrodilló junto a él, inclinándose lo suficiente para que solo él pudiera escuchar sus palabras.
—Espero que te vayas al infierno, Haemin… —susurró con una sonrisa amarga—. Por haber matado a mi madre, por habernos separado a Lisa y a mí, por todo el miedo que sembraste y todos los crímenes que cometiste sin que nadie te detuviera. Ahora mírate… un don nadie, solo, débil, y sin poder. Tu gran linaje Manobal… se extinguirá.
Haemin intentó levantar la mano, quizá para detenerla o para decir algo, pero su fuerza ya no existía. Nayeon se levantó lentamente, observándolo con frialdad una última vez antes de desaparecer en la oscuridad del bosque.
Poco después, Lisa regresó con el doctor, corriendo desesperada hacia su padre.
—¡Ayúdelo, por favor! —gritó mientras el doctor se arrodillaba junto a Haemin.
El hombre revisó a Haemin, intentando estabilizarlo, pero pronto su rostro adoptó una expresión de gravedad. Haemin abrió los ojos apenas unos segundos más, y con un último susurro débil, pronunció una palabra:
—Perdón…
Lisa se quedó helada, aferrando la mano de su padre mientras lo veía exhalar por última vez.
—No, no, no… —susurró, sintiendo cómo el mundo se desmoronaba a su alrededor—. Padre, no te vayas… por favor.
El doctor colocó una mano en su hombro, sus ojos llenos de compasión.
—Lo siento mucho, Lisa. Llegamos demasiado tarde.
Lisa permaneció en silencio, sintiendo la rabia y el dolor mezclarse en su pecho como una tormenta furiosa. No podía comprender lo que había sucedido. Su padre, el alfa más fuerte que conocía, había caído sin ninguna advertencia, víctima de algo que nadie había notado.
Mientras permanecía allí, un pensamiento fugaz cruzó su mente. "¿Qué estaba intentando decirme con ese ‘perdón’?"
Sin saberlo, había estado tan cerca de la verdad… pero aún estaba en la oscuridad.
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Stitches - Jenlisa Gip
Fanfiction-- Alfa... por favor, detente, me estás haciendo daño." -- Cállate, omega inútil -- se escuchó el sonido de un golpe en la habitación. -- Por favor, soy tu o-omega -- suplicó. -- Tú jamás serás mi omega -- respondió con frialdad. Ella lo miró con lo...
