XLV

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Pov Lisa.

El parque seguía lleno de vida, con los cachorros corriendo y jugando bajo el sol matutino. Day había encontrado a Minho y se había ido con él sin dudarlo. Sabía que luego tendría que rendir cuentas con Rose, pero por ahora, mi hija menor no parecía preocupada en lo absoluto.

Anna, por su parte, vio a un grupo de cachorros jugando y se unió a ellos sin pensarlo dos veces. Siempre había sido la más despreocupada en ese sentido.

Yo, en cambio, me quedé donde estaba, con Leo aún balbuceando tranquilamente en su canguro, mientras observaba a Canny con suma atención.

Mi hija mayor estaba sentada entre las dos omegas. A simple vista, parecía una conversación normal entre cachorros, pero había algo en la forma en que esas dos la miraban… algo especial.

Canny les decía algo y ambas se reían, cubriéndose la boca con sus pequeñas manitas. Era una imagen enternecedora, pero al mismo tiempo… me tenía completamente en shock.

Porque si lo que Day decía era cierto… Canny tenía dos omegas detrás de ella.

—No puede ser… —murmuré para mí misma, mientras Leo balbuceaba y me tiraba del cuello de la camiseta.

—¡Lisa! —Una voz familiar interrumpió mis pensamientos.

Giré la cabeza y vi a Rose acercándose a grandes zancadas, con cara de pocos amigos.

—Tu hija robótica se está robando a mi niño —soltó sin preámbulos.

Pestañeé.

—¿Qué?

—Minho —bufó, cruzándose de brazos—. Lo veo mirándola con corazones en los ojos. No lo voy a permitir.

—Rose…

—¡No! No me digas que estoy exagerando. Es Day. Esa niña es demasiado lista, demasiado analítica, demasiado… ¡fría! ¿Cómo es que mi bebé Minho está suspirando por ella?

Yo apenas le prestaba atención. Seguía mirando fijamente a Canny con las dos omegas a su lado, y Rose se dio cuenta de inmediato.

—¿Qué miras? —preguntó, siguiéndome la mirada.

En cuanto sus ojos se posaron en Canny, su rostro pasó de la confusión a la sorpresa.

—Espera un momento… ¿Qué está pasando ahí?

—Eso mismo me pregunto yo —murmuré.

Rose me miró y luego volvió a mirar la escena, entrecerrando los ojos.

—Lisa, dime que no es lo que parece.

—Day dijo que esas dos son las omegas de Canny.

Rose parpadeó un par de veces antes de soltar una carcajada.

—No puede ser.

La miré con el ceño fruncido.

—¿Segura?

Nos quedamos en silencio, observando cómo Ahyeon y Asa parecían completamente hipnotizadas por cada palabra que salía de la boca de mi hija. Sus mejillas estaban rojas, sus ojitos brillaban y… su aroma estaba suavemente alterado.

Rose dejó de reír.

—No… puede… ser.

Asentí lentamente.

—Nunca en la historia de la manada ha pasado que un alfa tenga dos omegas.

Rose se llevó una mano a la boca, todavía impactada.

Stitches - Jenlisa GipHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora