VIII

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La luna estaba alta, bañando la manada con su luz pálida mientras terminaba mi última ronda. El aire estaba frío, pero no lo suficiente para distraerme. Caminaba en silencio, atento a cualquier cosa fuera de lugar. Desde que llegué aquí, me había acostumbrado a las noches tranquilas, aunque esta no lo parecía. Algo estaba… raro. Mi instinto de alfa me susurraba que debía estar alerta.

Al doblar la esquina cerca de la casa de Lisa, lo vi. Taehyung.

Estaba demasiado cerca de la ventana, con la cabeza ligeramente inclinada, como si estuviera… ¿mirando hacia dentro?

Fruncí el ceño. ¿Qué demonios está haciendo?

—¿Taehyung? —llamé, mi voz sonó más firme de lo que esperaba.

Se giró rápidamente, como si lo hubiera sorprendido robando algo. Por un segundo, sus ojos se agrandaron, pero pronto volvió a esa expresión arrogante que siempre llevaba puesta.

—Jungkook —dijo, cruzando los brazos—. No te había visto.

Me quedé a unos pasos de él, analizándolo. Su postura, la forma en que desvió la mirada, todo gritaba que estaba ocultando algo.

—¿Qué haces aquí? —pregunté, inclinando la cabeza hacia la casa—. ¿Tomando aire fresco justo frente a la casa de tu hermana? A estas horas… interesante elección de lugar.

Taehyung rió, pero sonó seco, forzado.

—¿Desde cuándo caminar por la manada es un crimen?

—No lo es —dije, acercándome un poco más—, pero… no sé, parece una caminata con demasiada intención para ser casual.

Por un segundo, noté cómo apretó la mandíbula. Estaba nervioso, aunque trataba de disimularlo. Dio un paso atrás, como si quisiera salir corriendo.

—No quiero problemas, Jungkook. De verdad. Solo estoy… paseando. Ya me iba.

Mi lobo gruñó suavemente en mi interior. No lo dejes ir.

Algo en él me atrapaba. No podía explicarlo. Su aroma, su presencia… ese alfa menor me provocaba algo que no había sentido jamás. Lo reconocía. Lo sentía en mi pecho, como un tirón que no podía ignorar.

—Espera un momento. —Suavicé mi tono, tratando de no parecer tan insistente—. ¿Por qué no hablamos un poco? Me vendría bien algo de compañía después de esta ronda.

Taehyung me miró con esos ojos oscuros, llenos de sospecha.

—No creo que tengamos mucho de qué hablar.

Sonreí, intentando romper la tensión.

—Seguro que sí. Por ejemplo, podríamos hablar de por qué te preocupa tanto lo que pasa dentro de esa casa.

Sus ojos parpadearon, pero su rostro permaneció estoico. Dio otro paso atrás.

—No hay nada que me preocupe —respondió con frialdad—. Ya te dije que solo estaba caminando.

Lo seguí con la mirada, cerrando la distancia entre nosotros. Mi lobo estaba inquieto, como si reconociera algo que yo todavía no quería aceptar.

—Está bien, no te voy a presionar —le dije, esta vez más bajo, casi un susurro—. Pero si alguna vez necesitas hablar… aquí estoy, ¿vale?

Por un segundo, algo cambió en sus ojos. No era mucho, apenas un destello de sorpresa… o duda. El aire entre nosotros se tensó. ¿Lo sentiste también, verdad? pensé.

Pero fue solo un segundo. Enseguida volvió a levantar su muro, alejando lo que fuera que había sentido.

—No necesito nada, Jungkook. —Su voz volvió a ser firme, cortante—. Gracias por la oferta, pero estoy bien.

Stitches - Jenlisa GipHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora