XXV

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Pov Rose.

El sol comenzaba a asomarse por el horizonte cuando llegué al hospital. No podía evitar el peso de la preocupación que me atormentaba cada vez más. El día anterior había sido un caos, pero no pensaba que las cosas pudieran empeorar. A medida que avanzaba por los pasillos, pude ver la expresión grave de los médicos, su silencio inquietante.

—¿Dónde está Lisa? —pregunté con la voz entrecortada, intentando controlar mi creciente ansiedad.

Uno de los enfermeros me miró y, con tono serio, me dio la peor noticia que podría haber escuchado en ese momento:

—La alfa Lisa escapó, señora. Nadie la ha visto, y tampoco hemos podido encontrar al bebé.

El mundo se me vino abajo en ese instante. El aire se volvió denso, y por un momento sentí que mis piernas no me responderían. No podía dejar de pensar en cómo Lisa estaba, cómo había decidido ir tras su cachorro, a pesar de lo que había hecho a su cuerpo. Y, más aún, ¿qué había sucedido con él? ¿Estaría bien?

Mi mente se nubló por completo, y en cuanto escuché la palabra "escapó", sentí que todo se rompía dentro de mí. Tenía que encontrarlos, tenía que asegurarme de que estaban bien.

Grité a todos los que estaban cerca:

—¡Encontrémoslos! ¡Ahora mismo! ¡No me importa qué tan lejos tengan que buscar! ¡¡Tienen que traerlos de vuelta!!

Al principio, los demás se quedaron paralizados, pero pronto comenzaron a moverse, y pude ver cómo el pánico se apoderaba de todo el hospital. Sabían lo que significaba perder a Lisa en este estado, y peor aún, perder a su bebé. La sala de cuidados intensivos parecía cada vez más vacía, y las enfermeras y médicos corrían en todas direcciones, buscando cualquier pista, cualquier rastro que pudiera llevarnos a ellos. Mi corazón latía con fuerza, mis manos temblaban.

Pasaron las horas, pero nada. Ningún indicio de su paradero.

La desesperación me estaba consumiendo. Estaba a punto de estallar cuando una pequeña enfermera apareció corriendo. Su rostro estaba cubierto de sudor y sus ojos brillaban con una mezcla de agitación y alivio.

—¡Rose! —me llamó, su voz casi suplicante—. ¡Los encontré!

Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente. No me importó nada más, solo la urgencia de correr hacia ella. No podía perder ni un segundo más. Mi corazón latía en mis oídos, y el aire se volvió más espeso a medida que me acercaba a la enfermera.

—¿Dónde están? —grité.

Ella me señaló por el pasillo, y sin dudarlo, me lancé en su dirección. Corrí, sin mirar atrás, hasta que llegué a la habitación en la que la enfermera me había indicado. Al abrir la puerta, mis ojos se llenaron de lágrimas al instante.

La escena que encontré me dejó sin aliento.

Ahí, en la esquina de la sala, estaba Lisa en su forma lobuna, acurrucada en una cama de mantas junto a su cachorro. La pequeña criatura estaba tan cerca de ella que parecía fundirse con su madre. El cachorro respiraba con calma, moviéndose lentamente para pegarse aún más a la madre, buscando el calor y la protección que solo ella podía brindarle. Mi prima, Lisa, se mantenía tan inmóvil como un protector, sus ojos cerrados, respirando de forma tranquila, aunque cada respiración seguía siendo pesada por la herida en su costado.

Al ver esa escena, algo dentro de mí se quebró. La desesperación y el miedo que había sentido durante horas se transformaron en una mezcla de alivio y una inmensa tristeza. Ellos estaban bien, por el momento.

La enfermera que me había llevado allí me miró, con los ojos brillantes y llenos de un brillo de esperanza.

—Parece que el bebé ha tenido una buena reacción al calor de su madre, Rose. No ha vuelto a sufrir una crisis respiratoria. Ha estado estable desde que ella lo abrazó.

Stitches - Jenlisa GipHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora