XLIII

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Pov Lisa.

Dejé a Jennie y a nuestras pequeñas profundamente dormidas.

Hana y Jane…

Sonreí con ternura mientras las observaba, sintiéndome completamente embelesada.

Jennie descansaba con sus brazos rodeando a nuestras hijas, como si su cuerpo supiera instintivamente que debía protegerlas incluso en sueños.

Mi familia.

Con un suspiro de amor y cansancio, me levanté con cuidado, ignorando el dolor punzante en mi mano enyesada y la molestia en mi entrepierna.

Decidí salir un momento a la sala de espera.

Sabía que Rose, Jisoo y mi madre debían estar allí, probablemente angustiadas por todo lo que había pasado.

Caminé lentamente, sintiéndome torpe con la bolsa de hielo aún presionada contra mi entrepierna.

Al llegar a la sala de espera, las vi.

Jisoo estaba sentada con los brazos cruzados, claramente impaciente.

Rose daba pequeños saltitos en su asiento, como si no pudiera quedarse quieta.

Y mi madre…

Chitthip se veía tranquila, pero sus ojos reflejaban preocupación.

Pero en cuanto me vieron…

Sus expresiones cambiaron drásticamente.

Los ojos de Jisoo se abrieron como platos.

Rose se llevó una mano a la boca, ahogando un jadeo.

Y mi madre se puso de pie de inmediato.

—¡Lisa! —exclamó, avanzando hacia mí con el ceño fruncido.

Yo debí lucir como un desastre total.

El yeso en mi mano izquierda.

La bolsa de hielo aún en su lugar.

Y mis ojos, visiblemente aguados.

En cuanto vi a mi mamá…

No pude contenerme.

Corrí hacia ella como una cachorra pequeña.

—¡Mamá!

Chitthip me recibió en sus brazos, abrazándome con fuerza.

Y entonces rompí a llorar.

Las lágrimas salieron sin control.

Toda la tensión, el agotamiento, el dolor físico y emocional…

Todo explotó en ese momento.

Mi madre me acarició la cabeza con ternura, intentando calmarme.

—Shhh… tranquila, hija. Estoy aquí.

Yo sollozaba en su pecho, sintiéndome como una niña otra vez.

Jisoo y Rose estaban completamente en shock.

—Lisa… —susurró Rose, preocupada.

Mi mamá me separó un poco, tomándome de los hombros con firmeza.

—Dime qué pasó.

Intenté calmar mi respiración, limpiando mis lágrimas con la manga de mi sudadera.

—J-Jennie está bien… —logré decir entre hipidos—. Y las bebés también.

Las tres mujeres se tensaron.

Stitches - Jenlisa GipHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora