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Pov Canny.

Me aseguré de que todos estuvieran dormidos antes de escabullirme de la cabaña. Sabía que si mis madres me descubrían, me caería una buena, pero no podía dejarlo pasar. No después de cómo Ahyeon y Asa habían tratado a Ella.

El bosque estaba tranquilo, solo el sonido de los grillos y el crujir de las hojas bajo mis pies me acompañaban en el camino. Me detuve frente a la última cabaña y lancé un leve aullido para llamarla. No tardó en asomarse por la ventana, sus ojos reflejando la luz de la luna.

—Espera un segundo —susurró antes de desaparecer.

Respiré hondo mientras la esperaba, mirando alrededor para asegurarme de que nadie más estuviera despierto. Unos segundos después, la puerta se abrió y Ella salió corriendo hacia mí.

Sin previo aviso, me envolvió en un abrazo cálido y familiar.

—¡Canny! —murmuró contra mi cuello.

Le devolví el abrazo con fuerza, sintiendo su cuerpo encajar perfectamente contra el mío.

—Perdón… —dije en voz baja, apoyando la barbilla en su hombro—. Perdón por Ahyeon y Asa. No entiendo por qué son así contigo…

Ella suspiró y se apartó un poco para mirarme.

—Creo que simplemente son celosas.

Fruncí el ceño.

—Pero no tienen por qué serlo. Solo somos amigas, no pueden actuar así cada vez que hablo con alguien.

Ella me miró con una mezcla de tristeza y resignación.

—Para ellas, no soy solo “alguien”, Canny.

Bajé la mirada, sintiendo un peso extraño en el pecho.

—Eso no les da derecho a tratarte mal…

Ella sonrió con ternura y acarició mi brazo.

—No te preocupes. Estoy acostumbrada. Pero… gracias por venir a disculparte.

Asentí y le sonreí.

—Siempre lo haré, porque me importas.

Su mirada se suavizó y, por un momento, solo nos quedamos en silencio, sintiendo la brisa de la noche envolvernos en su calma.

Pero la tranquilidad duró poco.

El sonido de una puerta abriéndose nos hizo girar la cabeza rápidamente.

Ella palideció.

—Dios… si son mis padres me matan —susurró, tensándose.

Sin embargo, en lugar de sus padres, quien apareció fue su hermana mayor, Rora.

En cuanto sus ojos se posaron en mí, su expresión se torció en una mueca de disgusto.

—¿Tú? —gruñó con desdén.

Rodé los ojos y le devolví el gruñido sin dudarlo. Nunca nos habíamos llevado bien, pero desde que supe que le gustaba Asa, la tensión entre nosotras se había vuelto peor.

—Rora, por favor… —murmuró Ella, poniéndose en medio de las dos.

Pero su hermana la ignoró por completo y me miró con frialdad.

—No tienes nada que hacer aquí, Manobal. ¿Por qué no vuelves con tus omegas en lugar de perder el tiempo con mi hermana?

Apreté la mandíbula.

—No estoy haciendo nada malo. Ella y yo somos amigas, así que deja de actuar como si estuviera rompiendo alguna regla.

Rora cruzó los brazos y chasqueó la lengua.

Stitches - Jenlisa GipHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora