XXI

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Pov Lisa.

El grito rasgó la tranquilidad de la noche como un cuchillo afilado.

Abrí los ojos de golpe, mi lobo rugiendo dentro de mí. Durante meses, habíamos estado en calma, pensando que Sana no se atrevería a atacar. Pero estábamos equivocadas.

—¡Nos atacan!

El grito vino desde afuera, seguido por un feroz aullido y el choque de cuerpos.

Mi instinto se activó de inmediato. Proteger.

Sin pensarlo dos veces, me incorporé en la cama. Jennie se removió a mi lado, sus ojos llenos de confusión. Canny y Day estaban desparramadas por la cama junto con Anna, todas aún medio dormidas.

—¿Qué pasa? —preguntó Jennie con la voz impregnada de alarma.

No tuve tiempo de responder. Me moví con rapidez, tomándola de la mano y levantándola con urgencia.

—¡Levántense, rápido!

Mi tono fue más rudo de lo que quería, pero no podía permitirme suavidad ahora. Necesitaba sacarlas de aquí.

Las cachorras comenzaron a llorar al notar el nerviosismo de su madre. Jennie trató de calmarlas mientras yo me apresuraba a abrir la puerta del sótano. Era un refugio subterráneo con un pasadizo que las sacaría de la casa en caso de emergencia.

—Lisa, dime qué está pasando —exigió Jennie, su respiración agitada.

—Nos atacan.

Vi sus ojos abrirse con terror.

—¡No! —Su mano voló a su vientre. Seis meses de embarazo. No podía dejar que corriera peligro.

Justo cuando iba a decirle que se metiera al refugio, alguien irrumpió en la casa.

Mi lobo gruñó y me puse en guardia, lista para atacar, pero entonces reconocí los olores.

—¡Rose!

Mi mejor amiga apareció con Jisoo y Minho en brazos, su expresión era una mezcla de furia y urgencia.

—¡Métanlos al refugio ahora! —ordenó Rose, sudando y con la respiración agitada.

Jennie y Jisoo querían protestar, pero no les dimos oportunidad. Sin dejarles opción, Rose y yo empujamos a nuestras parejas dentro y aseguramos la puerta.

Sabía que Jennie me odiaría por esto. Que me gritaría, que intentaría salir. Pero no podía dejar que se arriesgara.

Respiré hondo y me giré hacia Rose.

—Vamos a pelear.

Ella sonrió con fiereza.

—Vamos a defender nuestra manada.

Y sin más, corrimos hacia la batalla.

El caos reinaba a mi alrededor.

Lobos peleaban con fiereza, gruñidos y aullidos se mezclaban con los gritos de dolor de los heridos. El olor a sangre impregnaba el aire, y algunas casas ardían en llamas, iluminando la masacre con un resplandor anaranjado.

Mis ojos escanearon el campo de batalla y vi a Jungkook luchando contra dos lobos a la vez, su cuerpo cubierto de heridas, pero aún peleando con fuerza. La tierra estaba teñida de rojo, y cadáveres de nuestros guerreros caían uno tras otro.

Y entonces, la vi.

Sana.

Mi sangre hirvió al verla aniquilar a uno de los nuestros con una facilidad escalofriante. No sentía nada. No tenía piedad.

Stitches - Jenlisa GipHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora