LXVI

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Jonathan

Antes de que el cuerpo siquiera caiga al suelo, a mi mente repentinamente le llega un recuerdo en particular.

Hace dos años, me encontraba en casa esperando ansioso la llegada de Emiliano y Rodrigo, que se iban a hacer uno de los trabajos más peligrosos que habíamos hecho. Me habían dejado afuera por ser aun muy pequeño para este tipo de trabajo. Recuerdo haber estado nerviosísimo, recuerdo caminar de un lado a otro con ansias de que lleguen de una vez y esté todo bien. Mi tío me pedía por favor que me quede quieto, que ya llegarían, pero mi mente no conoció descanso ese día.

Cuando finalmente llegaron, y llegaron bien. Me abalancé a los brazos de mi hermano y lo apreté fuerte. Ellos reían con calma, para ellos el trabajo no era ni de cerca tan difícil como yo había creído que era. Ambos bromeaban y se regocijaban en su desempeño.

Rocky se me acercó y recuerdo que me dijo:

—Tranquilo Jhoni ¿No sabés que siempre que esté con Rocky tu hermano va a estar bien?

Recuerdo alegrarme por verlos vivos y riendo.

Ahora... el cuerpo sin vida de Rocky yace en el piso lleno de escombros de la supuesta casa segura.

El grito completamente animal de Chechu se une al mío, pero el de ella es mucho más fuerte, mucho más quebrado y mucho más agudo. Yo caigo de rodillas donde estaba mientras que ella corre hacia su amado y se postra encima de él.

Chechu llama su nombre, lo invoca, clama por su vida, quiere que vuelva, quiere que todo esto sea un sueño, que todo esto sea una broma pesada de Rocky de esas que él siempre hacía y por la cual nos enojábamos con él.

Me hubiera gustado decir que Rocky murió como el siempre lo quiso, peleando, con la frente en alto y con todas sus fuerzas. Pero no, Rocky murió con casi todas sus fuerzas motoras apagadas, con la cara hinchada por tantos golpes, con ríos de sangre corriendo por su rostro y sin tener la más mínima energía para pelear.

Mientras yo pienso en todo esto, Chechu lo toma en sus brazos y lo abraza mientras le dedica unas últimas palabras de amor.

—Hijo de puta... —confiesa Ariana casi sin aire y cediendo ante las lagrimas.

—¿Cómo puede ser que no lo entiendas? ¡Sobre todo vos! ¿Cómo puede ser que no veas que lo que estoy haciendo es por vos!

—Veo que lo estás haciendo por mí, pero esto va en contra de todo lo que me enseñaste alguna vez, y es una locura sin sentido.

—Todo lo que te enseñé era todo en lo que creía ¡Y todo en lo que creía me falló! ¡¿Qué más me quedaba por hacer?!

—¡Ayudarme! ¡Eso es lo que te quedaba por hacer! ¡Ayudarme a mí tu hija! ¡Estando conmigo! ¡Acompañándome! ¡Llevándome a terapia! ¡Mirando una película conmigo! ¡Lo que sea en vez de desaparecer de la casa todo el día pensando en esto!

—Ariana, yo...

Sin poder reaccionar, veo a Chechu abalanzándose sobre Ocampo e intentando golpearle y quitarle el arma.

—¡Chechu! ¡No! —grito corriendo hacia ellos.

Pero antes de llegar, entre medio del forcejeo entre ellos dos, un estallido fuerte se escucha y un pequeño esplendor sobre sale tapado en parte por el cuerpo de Chechu, que ahora se queda quieto buscando la mirada de Ocampo para luego caer inanimada al suelo, casi a los pies de Rocky, pero siempre a los pies de Ocampo.

En cuestión de apenas unos minutos, Ocampo mató a mis dos mejores amigos, a dos personas que aunque sumamente imperfectas como yo, eran dos personas hermosas y eran un complemento esencial en mi vida.

Dentro del FuegoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora