A pesar de llevar el mismo apellido, no era para nada parecida a su familia.
Alnitak Black conocerá a esa parte de la familia, que despreciaron a su abuelo por nacer diferente, cuando ella entre a Hogwarts, pero no todos ellos son despreciables, en...
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-Alnitak-
Desde el encuentro que tuve en el metro con aquellos dos mortifagos, mis padres han estado más... protectores conmigo. Casi no me dejan salir e incluso mencionaron que me iban a poner una especie de guardaespaldas. Cosa que rechacé de inmediato, eso era demasiado.
Solo había tenido mala suerte de encontrarse ese día que ellos aparecieron, o quizás fue buena suerte para los demás muggles, porque pude defenderlos de lo que aquellos magos les pudieron haber hecho, y también tuve suerte de que Valery hiciera lo que hizo, aunque le pedí que no lo volviera hacer, sé que no me hará caso.
—Ya te dije que no vas a salir —dijo papá por quinta vez esa noche mientras camina a la sala. Yo lo sigo de cerca.
—¿Por qué no? Papá, ya te había dicho que esta noche...
—¡Que no Alnitak! —me interrumpe dando vuelta para mirarme a los ojos— Las salidas a esta hora de la noche no son negociables y punto.
—¡Eso no es gusto! —grito de frustración sin apartar los ojos de mi padre, que ahora parece más el auror respetado que es y no mi papá— ¡No solo por un encuentro que tuve con esos infelices ya no voy a poder continuar con mi vida!
—Es por tu seguridad, entiende.
—¿Mi seguridad? ¿Te preocupa mi seguridad? Entonces enséñame a defenderme como se debe, déjame entrar de una maldita vez a la academia, pero no me canceles mis planes por miedo, que si no es hoy, tal vez sea mañana, pero tarde o temprano pasará de nuevo.
—Es precisamente lo que quiero evitar —da un paso al frente y yo niego con la cabeza, porque me parece absurdo lo que esta diciendo.
—¿Y cómo lo harás? ¿Manteniéndome aquí encerrada? ¿Mandándome de regreso a Brasil?
—Había pensado en dejarte encerrada, pero mandarte a Brasil es mejor opción.
—Pues déjame decirte que no me puedes obligar, ya no soy una niña. Si tengo que pelear en esta guerra, lo voy hacer.
—¡No vas a pelear en ninguna guerra! —gruñó mi padre, su voz retumbando en la sala como un trueno.
—¡No puedes decidir eso por mí! —repliqué, sintiendo el calor de la rabia subir por mi pecho, creo que nunca me había sentido así de enojado con él— ¡No puedes pretender que me quede de brazos cruzados mientras todo se va al infierno!
—¡Puedo y lo haré! —dijo él, con ese tono inquebrantable que solía usar en el trabajo, pero que no funcionaba conmigo— No voy a arriesgarte, Alnitak.
—No es tu decisión, papá.
—¡Soy tu padre! —rugió, con los ojos encendidos de furia— ¡Y mientras viva, haré lo necesario para protegerte!