Bienvenidos al mundo de Seventeen.
Disfruta de las cortas historias que te traigo de cada integrante, porque todas merecemos soñar con ellos 🖤.
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Mamá solía decirme que nosotros no controlamos el corazón y que nosotros no dirigimos hacia quién iría nuestro amor. Hasta que lo conocí.
Wen JunHui, empresario nato, con una habilidad de enamorarte con solo una mirada y probarte que él es lo que necesitas en tu vida para saber cómo ser feliz. ¿Cuál era su desventaja? Era mayor que yo, demasiado mayor que yo. Habían diez años de diferencia entre él y yo.
Yo tenía apenas veinte años y cursaba el tercer año de la universidad cuando lo conocí. Él tenía treinta años y tenía su propia empresa.
Esa era una característica importante dentro de nuestra relación, cosa que a muchos conocidos de nuestro alrededor no les parecía correcto, pero seguido solíamos decir: "en cuestiones de amor, el corazón manda", mientras recordábamos la manera en que nos conocimos.
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2020.
—Hola —le sonreí a la chica que tomaría mi pedido detrás de la caja—, ¿me das un capuchino caliente, por favor? —ella asintió y comenzó a presionar la pantalla.
—Lo llevaremos a tu mesa cuando esté listo —anunció y yo le agradecí con una sonrisa antes de buscar una mesa disponible.
Me senté sobre la silla negra y deposité mi bolsa a un costado de la mesa para poder sacar mi cuaderno y la pluma que utilizaría para estudiar.
A los pocos minutos uno de los empleados dejó la taza con mi capuchino sobre la mesa y se alejó apresuradamente al tener bastantes clientes. Yo seguí enfocada en mi cuaderno leyendo absolutamente todo para tratar de entender los temas.
—Disculpa —escuché que alguien habló a mi lado y yo levanté la cabeza, encontrándome con unos ojos rasgados mirándome con curiosidad—, ¿habrá alguna posibilidad que pueda sentarme aquí? —preguntó señalando la silla frente a mí—, no hay ninguna otra mesa disponible y...
—Si, sin problema —dije sonriente retirando mi bolsa de la mesa para que pudiera instalarse.
—Muchas gracias —murmuró con una leve sonrisa—, eres muy amable.
—No hay de qué.
Continué leyendo las notas de mi cuaderno, pero algo no terminaba de cuadrarme. Fruncí las cejas y rasqué mi mejilla confundida empezando a sentirme estresada.
—Disculpa —volvió a decir aquella persona frente a mí—. ¿Puedo ayudarte?
—¿Qué? —pregunté sin entender a lo que se refería.