Hoshi

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Canción recomendada:

🎵 River Flows In You — Yiruma 🎵

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Isla de Jeju, Corea del Sur

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Isla de Jeju, Corea del Sur

2006

10 años

Las vacaciones de verano dieron inicio junto con nuestra llegada al pueblo de SehwaRi para visitar por primera vez a la familia de mi padrastro después de haberse juntado con mi mamá. Él había insistido en que quería llevarnos a conocer el lugar donde había nacido y mamá aceptó de inmediato porque lo amaba demasiado y quería comenzar una nueva vida junto a él. 

Su matrimonio con mi papá no fue el mejor y terminaron divorciados dos años después de mi nacimiento. Sabía que él era mi padre, pero nunca tuve una relación estrecha con él. YungWon ha sido una figura paternal en mi vida desde el primer momento en que lo conocí y apreciaba demasiado todo lo que él me había enseñado en los últimos cinco años. 

—Amarás la playa —me dijo con una gran sonrisa señalando la ventana del avión. 

—No sé nadar —musité con temor al ver el agua cristalina.

—Yo te enseñaré. Yo solía nadar en el mar todos los días y convivir con los peces. 

—No me gustan los peces —dije arrugando mi nariz provocando que mamá riera a nuestro lado. 

La familia de YungWon nos acogió enseguida a pesar de tener una nacionalidad diferente; su madre ya era una persona mayor, pero eso no la detuvo para cocinarnos los platillos típicos del lugar con los productos que su esposo compró en el mercado a primera hora del día, deleitándonos con muchos tipos de mariscos sobre la mesa. 

—Mamá, ella no come mariscos —le dijo YungWon a su madre y yo sonreí apenada creyendo que en cualquier momento me regañaría, pero ella me miró sorprendida y enseguida corrió a la cocina para prepararme algo que pudiera comer. Cosa que mamá le agradeció infinitamente por ser tan amable conmigo. 

—Es mi nieta —respondió la señora con una gran sonrisa. 

Y con orgullo, se lo repetía a cada vecina que nos encontrábamos mientras paseábamos por las calles del pueblo. Las amigas de la señora Park, mi abuela, me miraban con un poco de disgusto al percatarse de mis grandes ojos y de mi origen, algunas me preguntaban curiosas cómo era la vida al otro lado de esta isla porque jamás tuvieron la oportunidad de salir del país. 

—Yo tengo un nieto que vive en Seúl —contó una de las amigas de la abuela—, ¿qué edad tienes? —me preguntó. 

—Diez —respondí gracias al coreano que YungWon me había enseñado. 

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⏰ Última actualización: 12 hours ago ⏰

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