El sol de las primeras horas de la mañana se escabullía entre los enormes ventanales del warehouse donde estaba Juliana. Se suponía que tenía que estar "all glammed up, in no time", aunque la verdad era otra: tenía de sobra el tiempo para eso. Solo que había salido de su casa con horas de anticipación de más, porque en su casa el silencio tenía otra densidad, uno que se le metía por debajo de la piel y la obligaba a pensar, y pensar era, últimamente, lo único que de verdad le dolía. Trabajar, en cambio, no dolía. Trabajar era una habitación sin ventanas hacia adentro.
Hoy tenía, al menos, tres cosas que concretar. En la mañana, una reunión con Clinique, que estaba felicísima de tenerla ya como embajadora, por fin. Más tarde, unas fotos con Fátima, para cerrar la campaña. Y al final de la noche, un test de cámara para una marca que llevaba tiempo peleándosela con otra. Tres cosas, tres máscaras distintas, tres versiones de Juliana sonriendo hacia una cámara que no le preguntaba nada, que no esperaba nada de ella más que se viera perfectam, la luz bien puesta y una expresión que no delatara que, por dentro, llevaba semanas desmoronándose despacio, en cámara lenta, sin que nadie viera a sus pedacitos aterrizar.
Porque eso era lo que nadie sabía, o lo que nadie quería saber: que Juliana no dormía bien. Que se despertaba a media noche buscando, por costumbre, un cuerpo que ya no estaba ahí, y que la ausencia le dolía en el brazo, en el hueco de la cama, en un lugar que no tenía nombre médico. Que había tardes en las que se metía a bañar solo para tener una excusa de estar sola, de dejar correr el agua lo suficientemente fuerte como para que nadie, ni siquiera ella, pudiera distinguir si estaba llorando o no. Que se tragaba las lágrimas con la misma disciplina con la que se tragaba todo lo demás: en silencio, sin quejarse, porque quejarse hubiera significado explicar, y explicar no era una opción. No para ella. No todavía.
Se sabía, en el fondo, la villana de esta historia. Lo sentía en cómo la gente bajaba la voz cuando hablaba de "lo que había pasado", en cómo algunas miradas se le quedaban un segundo de más, juzgándola sin abrir la boca. Aunque no supieran nada, ella sentía que sí. Y lo peor no era eso. Lo peor era que no podía defenderse. Porque no quería, porque quería que el escrutinio la desmembrara, sola. Porque pensaba con una certeza nociva, que lo merecía. Nunca mencionaba que había una versión completa de la verdad que se quedaba atorada en su garganta cada vez que alguien, con cuidado, con lástima, le preguntaba si estaba bien – y ella decía que sí, que estaba bien, que todo estaba bien, con esa voz plana que ya ni ella misma reconocía como suya.
Mientras la preparaban, trataba de concentrarse en un libro, en cualquier cosa que no fuera el hueco en el pecho, pero su mente se había quedado atorada en una sola línea: "missing trees for the wood". ¿Qué significaba eso? ¿Qué quería decir, en realidad?
Como la mexicana que era, se puso a pensar en aquel refrán de que "del árbol caído todos quieren hacer leña" –y algo en esa frase la picó un poco, sin que supiera bien por qué, algo que se sintió cerca de su propio nombre, de la manera en la que la gente hablaba de ella ahora, como si estuviera tirada, como si fuera leña fácil– pero no, no era eso lo que missing trees quería decir. Y la cabeza la traía tan achicharrada, tan cansada de cargar cosas que no podía nombrar, que ni siquiera tenía espacio para detenerse a pensar qué era, exactamente.
Y yo les podría decir que: Quizá valdría la pena saber que a veces uno se aferra tanto a un solo árbol –al más cercano, al más fácil de señalar, al que ya está herido y no se defiende– que olvida que el bosque sigue, denso, detrás de él, con raíces que no se ven y que sostienen mucho más de lo que parece. Que juzgar un árbol por su corteza, sin preguntarse qué tormenta lo dejó así, ni qué estaba tratando de proteger cuando dejó que el rayo le cayera encima, es la manera más rápida de no entender nada del bosque entero.
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ANTOLOGÍA
Romantik|AU JULIANTINA| Juliana es una aspirante a supermodelo con deseos de ser una futura diseñadora, mientras que Valentina trabaja para una editorial con la que soñó trabajar desde siempre. En su viaje yendo ambas por la vida, juntas descubrieron que...
