Capítulo 2: Robo nocturno y despedida

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''Ciertamente, no existe depredador terrestre más aterrador que el Bégimo. Una bestia de tres metros de altura(a pesar de ser cuadrúpedo) que despedaza a su presa con sus afiladas garras, la empitona con sus enormes cuernos y la tritura con sus mandíbulas, muy parecidas a las de un dientes de sable. Pero lo que lo convierte en un gran depredador es su piel, la cual parece tener propiedades excelentes para el camuflaje incluso a campo abierto. No sabrías que esta a tu lado hasta el momento en el que empezara a masticarte''

Robert Roser. Profesor de biología de la universidad de Tiránsis. Lección teórica de fauna esteparia.

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Aquel callejón era sucio, maloliente y frío, parecía que el sol evitara aquel lugar. Era la ruta de escape perfecta, no solo era tan estrecho que los guardias solo podrían moverse de dos en dos muy torpemente, sino que el camino se bifurcaba a menudo, siguiendo el irregular patrón de la ciudad, pero Caju llevaba demasiado tiempo usando las callejuelas como para perderse. Se retiró la capucha y examinó el resto del botín.

-Tsk, el monedero del guardia era el más lleno, al menos el broche tiene un par de esmeraldas engarzadas.

Guardó todo en su riñonera y empezó a moverse. Tomó un gran rodeo para evitar las calles principales e incluso las secundarias, no quería más peleas, al menos hasta la noche.

Por el camino la callejuela se ensanchaba un poco. Por todas partes había indigentes, matones y otros ladrones como él. Aquel era el verdadero aspecto de Nilven, pues el gobernador aumentaba los impuestos cuando le venía en gana, sin importarle el pueblo.

Sin preocuparse en mirar a ningún otro lado, Caju siguió de frente ignorando a todo el que se le cruzaba. Solo tuvo que reaccionar cuando otra persona pasó a su lado corriendo, huyendo de otros tres que le perseguían. Por mucho empeño que puso, no pudo escapar de sus perseguidores. Le empujaron a un rincón y allí, dos empezaron a pegarle una paliza mientras el tercero vigilaba

-¡Esto te enseñará a pagar tus deudas, escoria!

-¡Jajaja, mira como se encoje, parece un cerdo!- dijo uno mientras le pateaba las costillas a aquel pobre hombre.

-Daos prisa, tengo ganas de beber algo...

El que vigilaba reparó entonces en que Caju no perdía detalle de ese linchamiento.

-¿Y tú qué miras?-le preguntó con tono amenazador.

-Por favor... - el apaleado le lanzó a Caju una mirada de súplica -Ayuda.

Caju le miró durante un momento, se metió las manos en los bolsillos y siguió su camino como si no hubiera visto nada.

-¡Eso, corre con el rabo entre las piernas!-le gritó el que vigilaba.

Caju aún podía oír los lamentos de aquel hombre incluso en la distancia, pidiendo una ayuda que nadie estaría dispuesto a darle. Solo pudo dejar de escucharle al llegar casi a su destino. El ladrón sacó sus manos de los bolsillos, las cuales tenían sangre. Al apretar tanto los puños se había clavado las uñas, estaba rabiando de impotencia en ese momento, a pesar que todo aquello no le concernía en nada.

-Mierda, ¿y qué se supone que hubiera tenido que hacer? Soy un ladrón, no un héroe. Solo miro por mí mismo, el resto del mundo puede arder si quiere.

Esperó a tranquilizarse un poco, su siguiente paso requería tener la mente fría. Dirigió su mirada a una pequeña ventana sobre su cabeza, a la altura de un segundo piso. Aquel ventanal no tenía una función clara, estaba en una calle estrecha y daba al muro que tenía enfrente. Caju repitió mentalmente lo que tenía que hacer.

The Last GuardianHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora