Capítulo 44: Tarde de alquimia

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Caju refunfuñaba mientras intentaba leer en aquel cuarto. Después de su encontronazo con Tsuki, no se sintió con ganas de más aventuras y volvió a su habitación para evitar encontrarse con ella de nuevo. En ese momento recordó el diario del aprendiz de Shuren, el tal D.V.

-Menudo prepotente esta hecho este chaval. No hay página en la que no se ponga por las nubes desde que descubre sus poderes. Parece un protagonista de novela al que todo le sale bien, menudo asco de tío debe ser.

El ladrón se llevó la mano a la cara. La zona abofeteada todavía le dolía y se enrojecía.

-Sera imbécil la tía esa, encima que quería disculparme...

Dejó de pensar en eso y se centró en la lectura, intentando descubrir por qué había tenido la imperiosa necesidad de sacar aquel libro de la torre. Un rugido en sus tripas le hizo imposible concentrarse, fue entonces que reparó en el hecho de que seguramente no comía decentemente en todo un mes.

-Aquí deben tener comida por alguna parte-dijo Caju, recordando el carro de ofrendas en el que había viajado antes de la torre.

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Más que un comedor, aquel lugar era un punto de reunión dentro del santuario. Allí se podía comer, pero también era donde la mayoría de sacerdotisas se reunía durante las horas libres para charlar, jugar a algún juego, pintar, en definitiva, pasar el rato.

Petra estaba allí, reunida con sus compañeras de habitación.

-Vamos Petra, que te toca tirar los dados-dijo una.

Petra miró largamente a aquella chica. Tenía unos años más que ella y su pelo negro casi le tapaba los ojos por el extraño peinado que llevaba.

-Es que hoy no tengo ganas de jugar a las predicciones Eliss.

-¡Entonces me toca!

Una niña de unos 8 años se adueñó de los dados rápidamente. Al igual que Eliss, su hermana mayor, tenía el pelo negro, sujeto con dos trenzas a los lados de su cabeza.

-Salió un siete y una nube-dijo Petra con aire apagado.

Una tercera miraba el papel donde venían anotados los resultados. Era claramente la más mayor allí reunida. Llevaba su melena de color ceniza perfectamente arreglada y un poco de maquillaje alrededor de sus ojos color miel. Una curiosa costumbre allí era que las compañeras de habitación fueran lo más disparejas posible en edad.

-La comida te dará gases, supongo que de ahí la nube-dijo aguantando la risa.

Las tres empezaron a reír por aquello, todas excepto Petra, quien jugueteaba con uno de los dados.

-¿Dónde está Tsuki?-preguntó la niña pequeña-¿Sigue enfadada por aquella tirada?

-Eso ya lo tiene más que olvidado Ripi-dijo Eliss-Es que está triste por otra cosa.

-Y tanto-dijo la de pelo ceniciento-Una segunda falta no es algo para tomárselo a broma.

-Podrías no mencionarlo Cyan-le increpó Petra.

-Nadie le mandaba subirse al tejado, y menos tocarle la moral a Liara. Si esa te enfila te puedes dar por perdida, y a Tsuki la tiene en el punto de mira desde hace años.

Petra suspiró. Cyan no decía ninguna mentira, pero tampoco era de esas que suavizaba un poco la verdad antes de decirla, era su mayor defecto y su gran virtud.

-¿Se sabe ya quien va a ser la nueva voz principal del coro?-dijo Eliss con una risa nerviosa para tratar de cambiar de tema.

-Seguro que será Aural, su voz es preciosa-dijo Cyan.

The Last GuardianHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora