Capítulo 55: Un rival inesperado

31 5 3
                                        


Después de aquellas palabras, el tiempo pareció detenerse en aquel depósito. El primero en atreverse a romperlo fue Voldafir.
-Maldita sea mi estampa Sosara... ¿Y me traes aquí a sabiendas de todo eso?-dijo llevándose las manos a la cabeza, visiblemente enfadado.
-No me quedaba otra. No voy a arriesgarme a dejarte en cualquier otro sitio. Ten en cuenta que el buhonero...
-¡Me importa una mierda el buhonero Sosara!-gritó el poeta-¡No hace ni dos horas que me has prometido no ocultarme nada y ahora sales con esto!
-Yo no quería...
-¡¿Cómo esperas que pillemos a ese tipo si me ocultas tantas cosas?!
El tono de sus palabras delataba que llevaba ya tiempo deseando expresar esas ideas a su compañera, quien permanecía en silencio. A pesar de su edad, ahora Sosara parecía más una niña pequeña siendo regañada por su padre.
-Lo siento...-consiguió articular ella.
-Lo siento no arregla esto.
Sin previo aviso, Tsuki pasó entre los dos para llegar donde había dejado sus plantas. Sin decir una sola palabra, comenzó a recogerlas para guardarlas en su bolsa.
-¿Qué haces?-preguntó el poeta.
-Voy a buscar a Elh. Todavía tenemos cuarenta minutos, aún sigue viva...
A pesar de la seguridad que quería aparentar, lo cierto era que sus manos temblaban de puro nerviosismo. Intentó calmar su mente antes de poner en orden sus ideas.
-Son cuarenta minutos-empezó a decir el poeta-Aunque consiguierais salir del pueblo y esquivar a los embrujados del súcubo, que muy seguramente estén dirigiéndose hacia aquí, todavía tendríais que encontrar su nido y detenerla.
-Una tarea muy difícil en tan corto espacio de tiempo-añadió Sosara.
-Exacto. Lo que deberíamos hacer es salir de aquí cuanto antes. Largarnos del pueblo y poner tierra de por medio ahora que tenemos una oportunidad.
Caju, por su parte, no dijo nada. Se aproximó lentamente a la sacerdotisa, quien intentaba recoger en vano, pues las plantas se le escurrían entre los dedos.
-Tsuki...
-No Caju... No necesitas decirme tú también que es una completa locura. Ya se que deberíamos irnos lo antes posible pero...
El ladrón pudo ver como la joven intentaba no llorar por lo perdida que se encontraba en ese momento.
-...Pero no quiero dejarla morir sin más. Debería intentar ser más realista y aceptar que el mundo no es como en los libros, que todo sale bien, pero no quiero. Quiero seguir viajando con vosotros, viendo este maravilloso mundo y aprendiendo a vivir en el. Quiero...
Tsuki se detuvo al sentir la mano de Caju aferrando la suya, quien también se había agachado.
-Yo no veo el mundo como tú-empezó a decir el ladrón-Para mi es un lugar donde comes o eres comido y donde cada uno mira por lo suyo. Por eso a veces me saca un poco de quicio tu manera tan inocente de ver las cosas. Sin embargo, también me fascina esa inocencia, algo que yo tuve que perder hace ya mucho tiempo.
El ladrón recogió la pequeña efigie que representaba el árbol de Siranne y la puso en la palma de la joven.
-Si me hubieran dado esta noticia hace unos meses, hubiera salido corriendo como se esperaría de un ladrón, pero hace ya mucho que no actúo como uno. Cuarenta minutos es mucho tiempo, podemos hacer algo. Todavía podemos cambiar ese futuro.
Aquellas palabras de ánimo llegaron hasta lo más profundo del corazón de la sacerdotisa. No se dio cuenta en aquel momento, pero comenzó a mirar al ladrón con otros ojos. Con su ayuda, recogió todas las plantas y sus instrumentos de alquimia.
-¿Alguna pista para encontrar el nido?-preguntó el ladrón mirando a la aventurera.
-Desgraciadamente no. Si miro a vuestro futuro solo veo lo que ya os he dicho.
-Tenéis otro problema-interrumpió Voldafir mientras se incorporaba-¿Cómo vais a salir del depósito? En el momento que os vean se extrañarán de que la sacerdotisa se largue.
-Puedo intentar salir tapándome con algo-dijo Tsuki.
-Si, te pones mi piel de bégimo y...
-La piel de bégimo no funcionará-interrumpió Voldafir-Ahí abajo no cabe un alfiler. La verán en cuanto la toquen y puedo asegurar que les extrañará ver como intentáis largaros justo antes de un ataque.
Aunque directas, las palabras del poeta estaban cargadas de razón. Tsuki buscaba más maneras de salir, cada una más enrevesada que la anterior. Voldafir se encargaba de descartarlas una a una, señalando sus múltiples fallos o la imposibilidad de realizar algunas de ellas. Fue entonces cuando Caju observó las múltiples ventanas del depósito.
-¿Y si salimos por una ventana?-dijo el ladrón al fin.
-Esa sí sería una forma de salir-señaló Voldafir.
-De ninguna manera-interrumpió la sacerdotisa-Alguna otra manera habrá.
El ladrón recordó entonces que la joven tenía miedo a las alturas.
-Solo es el primer piso, y tenemos el tiempo en contra-le recordó el ladrón.
-Ya lo se...
Tras un largo suspiro, Tsuki finalmente accedió. Para que mantuviese la tranquilidad durante el escape, Sosara propuso vendar sus ojos. Caju abrió uno de los ventanales y clavó su "garra" en el suelo, asegurándose primero que este era resistente pues no quería tener un descenso como el del santuario.
Cuando estuvo listo, salió sin dificultades y descendió rápidamente hasta el suelo. Calculó que serían cerca de cuatro metros de bajada, si alguien se caía solo tendría un dolor terrible, puede que algún que otro hueso roto, pero muy difícilmente se mataría. Tendría que caer de cabeza para sufrir semejante destino. Lentamente, y ayudada por Sosara, Tsuki salió por el ventanal. Lo primero en verse fueron sus piernas. Caju contaba los segundos, pues ya perdían demasiado tiempo. Su temor también era que la sacerdotisa resbalase, pues bajaba con los ojos vendados.
-Menuda idea suicida-pensó Caju.
Recordó su última cena en Nilven. Rena había subido con ayuda de una sola mano al tejado, pero podía ver dónde la ponía. Pensó en como serían las cosas si su amiga estuviera allí. Seguramente, si se tratase de Rena, habría sido la primera en saltar por la ventana y ya se encontrarían corriendo hacia el nido.
Tsuki se resbaló debido al miedo que tenía. A pesar de que no se soltó de la cuerda, empezó a agitar las piernas violentamente.
-¡Me caigo!
Caju se aguantó la risa. Era cierto que la joven pataleaba, pero la distancia que la separaba del suelo apenas llegaba al metro.
-Tranquila-dijo el ladrón con tono divertido.
Se acercó a ella y la cogió por las caderas.
-¿Ves? Si ya estabas abajo.
Tsuki no contestó. Le había tomado muy por sorpresa que el joven la sujetase por esa zona. Lentamente, la ayudó a bajar a tierra. Solo cuando notó pisar tierra firme se atrevió a quitarse la venda de los ojos.
-Gracias...-dijo solamente.
Caju se extrañó por aquella escueta respuesta mientras recogía su "garra". Ciertamente no estaba enfadada, pero tampoco era su tono normal. Decidió no darle vueltas, pues necesitaban concentrarse en su actual objetivo.
Ambos se escabullían por los callejones para evitar a los Fauces y demás voluntarios que iban a luchar. De pronto, Caju levantó el brazo para que se detuvieran.
-¿Qué pasa?-preguntó la sacerdotisa.
El ladrón señaló a la calle. Junto a unas mujeres que levantaban una modesta empalizada se encontraba Prego. Un mapa sobresalía de uno de sus bolsillos traseros, fue entonces cuando Caju recordó que no sabían a dónde dirigirse.
-Oye Tsuki. Quiero que a mi señal corras hacia el bosque pasando por medio de todos ellos.
-¿Estás loco? Si nos ven tendremos que explicarnos y no tenemos tiempo.
-Tu confía en mí-dijo el ladrón metiendo una de sus manos a la riñonera que siempre llevaba .
Tras unos segundos, Caju le dio una palmadita en la espalda a Tsuki, lo que ella interpretó como la señal. Sin estar muy convencida, se lanzó a la carrera con la linde del bosque en la mirada. No pasó mucho tiempo antes de que atrajese la atención de todos. Prego no supo cómo reaccionar al principio, pero estaba claro que intentaría atraparla para averiguar el por qué no estaba cumpliendo su parte del plan.
En aquel momento, Tsuki pudo ver un minúsculo objeto oscuro pasando por su izquierda. Cuando aquella diminuta esfera tocó el suelo, se originó una gran nube de humo negro que cegaba a todos allí. Prego, por su parte, cada vez estaba más confuso. El capitán Fauces pudo sentir como alguien sustraía algo de sus bolsillos. Intentó evitarlo dando un manotazo, pero solo logró golpear el aire. La sacerdotisa se detuvo en seco al verse perdida dentro de aquel oscuro humo, el cual se introducía por su garganta y le impedía respirar bien.
-¡Sigue corriendo!-le gritaron a sus espaldas.
Un segundo después, notó como alguien la agarraba por la mano y la obligaba a continuar. La sacerdotisa comprendió lo que pasaba, pues ya había respirado aquel humo con anterioridad, en el santuario, de modo que no opuso resistencia.
Finalmente, Caju y Tsuki emergieron de la nube negra y se lanzaron hacia el bosque.
-¡No te pares!-gritó el ladrón-¡Ese humo es corto!
Tal y como aseguraba, la distracción se dispersó apenas un minuto después de haber sudo desplegada. Para cuando Prego pudo ver de nuevo con claridad, ambos jóvenes ya estaban corriendo por el bosque.
-¿Qué demonios...?
Empezó a temer que ambos hubieran caído bajo el embrujo del súcubo, pero sabía que era imposible. Fue entonces cuando comprobó que uno de ellos le había robado el mapa en el que se señalaba la posición del nido de aquel ser. No tardó mucho en atar cabos dentro de su cabeza.
-Maldita sea... Espero que esto ayude a que esa ramera caiga más rápido.
###
En el nido, a Elh todavía se le hacía imposible aceptar lo que veía.
-¿Qué haces aquí Estrik?
El tono de su voz no era el de alguien enfadado, se parecía más al de alguien que estaba aguantando las lágrimas. El súcubo le dedicó a la semi-dríada una maliciosa sonrisa.
-El es mi nueva adquisición, mi nuevo juguete favorito.
A la vez que decía esas palabras, introducía sus manos bajo las ropas del muchacho.
-No veo la hora de alimentarme de él...
-¡Déjale tranquilo!
Elh tensó su arco de nuevo, apuntando a la cara de aquel ser manipulador.
-¡Voy a matarte por esto zorra!
El súcubo no la contestó, simplemente susurró una sencilla orden en el oído del Marashi.
-Mátala.
Estrik se puso en posición. Elh destensó su arco una vez más, tratando de hacerle entrar en razón. Extendió su mano hacia el joven para intentar calmarlo, pero la apartó justo cuando este lanzaba un tajo hacia ella. Solo se llevó un corte en el dorso de esta, pero de no haberla alejado a tiempo, hubiera perdido toda su extremidad.
Estrik continuó lanzando cortes, Elh se concentraba en esquivarlos gracias a sus grandes reflejos. El súcubo observaba la escena con regocijo, satisfecha de la situación. La semi-dríada guardó el arco mientras evitaba los ataques, pues sabía que el espadachín no la permitiría disparar. Su instinto de pelea le gritaba que contraatacase, pero su mente no le permitía hacer daño a Estrik.
Un fino dolor en su estómago la sacó de sus pensamientos. El espadachín había conseguido herirla con la punta de su arma.
-Muy mal Elhdrasil-escuchó en su oído.
Rápidamente, se giró descargando un codazo para encontrarse con el súcubo, quien se había puesto en su retaguardia sin que se diera cuenta. Aquel ser clavó sus garras en la espalda de Elh y se retiró de nuevo a las sombras. Su rapidez y agilidad parecían aumentar en aquella cueva, su territorio. La semi-dríada, consciente de esto, aprovechó la primera apertura en la defensa de sus atacantes para salir corriendo hacia la salida.
-Mierda mierda mierda-pensaba Elh-Podría encargarme del súcubo sola sin problemas, pero con Estrik la cosa cambia.
No solo era la presencia del espadachín allí, quien atacaba con clara intención asesina. El súcubo no dejaba de llamarla Elhdrasil, un nombre que creía dejado atrás hacía mucho. La bajada que daba a la cueva era ahora una rampa que le dificultaba la salida de esta. Sin embargo, las fuertes piernas de la semi-dríada le permitían salir simplemente corriendo.
-"Patética"-comenzó a escuchar desde el fondo de su ser.
-Por favor, tú ahora no-masculló ella.
Salió fuera. El sol y la repentina luz la cegaron brevemente, pero sus pupilas se adaptaron velozmente.
-"Transfórmate y termina con esto"-le susurró aquella grave voz.
Elh le ignoró, pero temía que aquella fuera la única manera de vencer. Inmediatamente, desechó esa idea de su cabeza.
-Prefiero morir antes que convertirme en eso.
-"¡Necia, no puedes renegar de lo que eres!"
Elh le ignoró. El espadachín salió de la cueva y se lanzó a por ella, pero ahora era diferente. Con el espacio y la claridad, la semi-dríada contaba von la ventaja. Tras evadir un par de sus golpes, cogió a Estrik con una llave destinada a dejarle inconsciente. Sin embargo, a pesar del empeño de la semi-dríada, el joven se revolvía violentamente.
-Todos intentan lo mismo pero es inútil. Una vez he tomado el control de alguien no se detendrá por nada hasta cumplir mis deseos-dijo el súcubo mientras salía de su nido.
La semi-dríada lo tomaba por exageraciones. Sin embargo, era cierto que la resistencia de Estrik ya rozaba lo sobrehumano. La fuerza que Elh ejercía en aquel momento sería suficiente para dormir a varios hombres fuertes y el joven luchaba de forma rabiosa, golpeándola con los codos en la herida del estómago. Finalmente, Elh desistió, pero no le dejó irse sin más. Se dio la vuelta sobre si misma y lanzó al joven por encima de su cabeza. Este cayó violentamente al suelo, recuperando el aliento en cuestión de segundos.
-¡Tu puta!-le gritó Elh al súcubo-¡¿Es que eres tan débil que no puedes enfrentarme tu misma?!
El súcubo no deshizo su sonrisa, pero el brillo de sus ojos había cambiado.
-Estrik, detente.
El espadachín se quedó quieto, tal y cono le ordenaron.
-Se bueno y acércate al pueblo. Tráeme las cabezas de los que llegaron con vosotros.
-Me dijiste que no te dejase sola-replicó el joven.
Aquel ser se limitó a hacer hincapié en su orden, señalándole con la mano que debía irse. Finalmente, el Marashi envainó su espada y se internó en el bosque, dejando solas a ambas luchadoras.
-Esa ha sido una muy mala decisión-dijo Elh.
La semi-dríada respiró profundamente, poniendo todos sus músculos en tensión. Con un pequeño grito, sus pupilas se estrecharon formando dos finas líneas verticales y sus colmillos se afilaron.
El súcubo respondió levantando un dedo, invitándola a acercarse.
Elh se lanzó a por ella a toda velocidad, concentrando toda su fuerza bruta en su puño, destinado a romperle la garganta de un solo golpe. Lo siguiente que sucedió no era lo que tenía planeado.
El súcubo detuvo aquel inmisericorde ataque valiéndose de una sola mano. Envolvió el puño de Elh con sus dedos. La semi-dríada sentía la presión de aquel agarre como si de la mandíbula de un monstruo se tratase. Le dolía mucho. El súcubo fue quien descargó un puñetazo esta vez con la mano libre. Elh lo detuvo con la otra. Al instante, todos los nervios de su brazo chillaron de dolor, señal de que acababan de romperle la palma de la mano.
-Déjame adivinar-empezó a decir el súcubo-Seguro que has pensado "a esta me la cargo yo solita" o "solo me durará un par de golpes a lo sumo"
El súcubo comenzó a empujarla. Elh apenas podía hacer frente a aquella fuerza arrolladora.
-Dime Elhdrasil... ¿Alguna vez te habías enfrentado a alguien que fuera físicamente más fuerte que tú?
Elh comprendió entonces el terrible error que había cometido. Su orgullo la había llevado a una situación desesperada.
###
Después de un rato corriendo y cuando sintieron que se habían alejado lo suficiente del pueblo, Caju y Tsuki se detuvieron un momento.

-¿A qué vino eso?-preguntó la sacerdotisa mientras recuperaba el aliento.

-No sabíamos dónde está el nido exactamente. Reconocí el mapa que estuvieron usando para la estrategia y pensé una forma para salir de allí y tomarlo prestado sin dar explicaciones que nos hubieran retrasado.

Abrieron el mapa. En su superficie había pintadas con carboncillo múltiples flechas y notas.

-Yo... No entiendo nada-confesó el ladrón.

-No se demasiado sobre estrategia militar, pero diría que estas flechas son movimientos del enemigo. Si te fijas, todas confluyen en un único punto que supongo será el pueblo.

Sabiendo eso, y teniendo una idea general de su situación, centraron su vista en un punto concreto del mapa, marcado por una X.

-Me la juego a que eso es el nido-comentó el ladrón.

Con esa idea en mente y una vez se hubieron ubicado, comenzaron a correr hacia su objetivo todo lo rápido que podían. Caju se sorprendió al comprobar lo veloz que podía llegar a ser la sacerdotisa. Si estuvieran corriendo en una superficie plana, sin obstáculos, el ladrón estaba convencido de que lograría dejarle atrás.

-¡Date prisa!-le gritó ella.

No le faltaba razón. El tiempo corría en su contra, pues solo quedaban quince minutos para que la profecía de Sosara se cumpliese y el súcubo matase a Elh.

-¡Hay que pensar qué hacer cuando lleguemos!-gritó Caju.

-¡¿Cómo que pensarlo?! ¡Sacamos a Elh de allí, por supuesto!

-¡Dudo mucho que ese monstruo nos deje salir de allí sin más!

En aquel instante, los dos sintieron como se les erizaban los pelos de la nuca. El aire se llenó de hostilidad y unas inconmensurable sed de sangre.

Un brillante destello de luz salió de la espesura, dirigiéndose a la garganta de Tsuki. Ella pudo evitarlo milagrosamente gracias a que se apartó y tropezó con una raíz al mismo tiempo. Caju tardó todavía unos segundos en reaccionar. Aquella silueta saltó hacia él, apenas pudo ponerse en guardia. Sim embargo, consiguió evadir el ataque saltando hacia atrás, reduciendo el daño a un corte sobre los ojos.

-¿Un embrujado?-pensó Caju.

Al ladrón le extrañaba mucho que no se hubieran cruzado con ninguno. Desenvainó sus dagas para defenderse. Al observar a su atacante, no supo muy bien cómo reaccionar. Frente a él se encontraba Estrik, quien le dedicaba una severa mirada.

-Pensaba que estabais en el pueblo-dijo el espadachín.

-Curioso, yo pensaba que estarías en la taberna durmiendo la mona-respondió el ladrón.

Ninguno de los dos guardaba sus armas. Un aura de peligro rodeaba al joven Marashi.

-¿Qué haces aquí?-preguntó Caju.

Estrik no respondió. En lugar de eso, alzó su espada hacia su amigo.

-Tu y yo vamos a resolver asuntos. Ahora.

-¡¡Estrik!!

Los dos se sorprendieron, era Tsuki quien había gritado. La sacerdotisa se levantó del suelo sacudiéndose las hojas y barro que se le habían pegado. Sus rodillas estaban raspadas por la caída y sangraban ligeramente.

-¡Van a matar a Elh!-gritó ella.

El espadachín no parecía inmutarse por la noticia. La sacerdotisa se acercó todavía más.

-¿Es ella verdad?-comenzó a decir Tsuki-Estas embrujado.

-Yo no estoy bajo ningún hechizo o algo parecido Tsubame-dijo Estrik-Simplemente ahora sigo las órdenes de alguien que me aprecia de verdad.

La sacerdotisa se mordió el labio inferior.

-Obviando eso-dijo Estrik girándose de nuevo hacia Caju-Me han ordenado mataros, pero será un placer para mi destrozarte, traidor.

Caju se preparó para la inminente batalla.

-¡¡No!!

De nuevo, fue Tsuki quien interrumpió la conversación.

-Caju-dijo la sacerdotisa-No tenemos tiempo, hay que salvar a Elh.

-Lo se, me encargaré de él en un...

-No Caju-le interrumpió ella.

Lo que ocurrió a continuación sorprendió a ambos jóvenes. Tsuki se puso en guardia, con las agujas que usaba para curar al ladrón entre sus dedos.

-Yo no soy lo bastante fuerte para prestarle a Elh la ayuda que necesita. Tú debes ir.

-Espero que no estés sugiriendo...-empezó a decir el espadachín.

-Efectivamente Estrik. Yo lucharé contigo.

La respuesta del Marashi fue una sonora carcajada. Al ladrón también le parecía una idea descabellada. Sin embargo, los ojos de la joven indicaban que hablaba muy en serio. Caju guardó sus dagas.

-No puedes estar hablando en serio-dijo Estrik al verle.

El ladrón no contestó. Empezó a correr en la dirección que seguían antes de encontrarse con su amigo.

-¡Espera!

Estrik intentó atraparle, pero no pudo. Tsuki se lanzó a por él y le empujó todo lo fuerte que pudo.

-¡No te metas!

Inmediatamente, Estrik la apartó de una bofetada, tirándola de nuevo al suelo. A pesar de todo, cuando quiso seguir al ladrón, este ya se había escabullido.

-Tu... ¡¿Tienes idea de...?!

Estrik se detuvo al sentir algo extraño. Una rápida mirada a su brazo le corroboró que algo iba mal. Su extremidad no respondía, a pesar de intentarlo, no podía moverla. Tampoco notaba dolor o nada parecido. Era como si su brazo se hubiese dormido.

-Ya ves Estrik...

Tsuki se limpió un fino hilo de sangre que le bajaba por la comisura del labio mientras se levantaba. Sus azulados ojos brillaban ligeramente.

-Tu y yo...-empezó a decir Tsuki-Cuando nos conocimos y supe que no eras humano, me sentí identificada contigo. Verás, las sacerdotisas de Siranne tampoco somos del todo normales. Para que te hagas una idea, somos como cúmulos de maná con forma física y conciencia. Nosotras, continuamente vamos absorbiendo el maná que flota en el aire y lo hacemos nuestro.

-Si si-interrumpió Estrik-Me conozco de sobra vuestro cuento. Luego usáis ese maná para estimular las medicinas y potenciar sus efectos, pero eso no te va a salvar.

-Pues aquí va algo nuevo. Yo puedo ver el maná de todas partes y de todo el mundo. En cada persona hay una red única de maná. Dentro de esa red hay nudos, los cuales son puntos receptores para el maná que viene de fuera del cuerpo.

Tsuki se alejó unos pasos del espadachín, quien parecía perder la paciencia.

-Todas las mañanas, cuando le hago la cura a Caju, no solo introduzco la medicina en su cuerpo con las agujas. También tomo algo de mi maná, lo adapto al suyo y lo junto con el remedio para que su propio sistema inmunológico ayude a erradicar el veneno. Pero ahora te hago una pregunta Estrik ¿Qué crees que pasa si meto maná no compatible en los nudos de alguien?

En ese momento, el espadachín comprendió el por qué de la inmovilidad de su brazo.

-Con estos ojos puedo ver tus nudos y atacarlos con mis agujas. No necesito derrotarte, solo impedir que te muevas.

Estrik blandió su espada con el brazo que todavía podía usar.

-En ese caso te sacaré esos ojos antes de matarte.










The Last GuardianHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora