Capítulo 39:La caída de la Torre (Part 1)

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"El don de Siranne solo se da en mujeres, pero en ocasiones, muy raras excepciones, este se manifiesta en hombres. Es el caso de Galdric Broid. El comandante tiranísio cuenta con esta extraña habilidad además de su dominio en las artes marciales. Se ganó el rango de comandante al combinar su don con las artes marciales, creando un estilo propio e inimitable, capaz de liberar tanto poder como un mago puro. La otra cara de la moneda es el agotamiento. Aunque brutal, su estilo de lucha no le permite pelear por mucho tiempo contra nadie por el gran gasto de energía que este produce, por lo que Galdric no sobresale mucho si no está acompañado de alguien que pueda respaldarle llegado el momento, como su gran amigo Nowild"

"1001 datos curiosos de Reguian" por Sosara Hondour, sección militar.

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Aquel oscuro túnel se extendía de tal manera que parecía no tener fin. La sensación de humedad se acrecentaba gracias a las goteras, cuyo sonido creaba eco en la oscuridad. El sonido de pasos era l único que perturbaba aquella mística paz, unos pasos rápidos que se apresuraban en avanzar. Caju avanzaba delante, intentando orientarse en la imperturbable. Tras el ladrón, Elh cargaba con un inconsciente Estrik mientras contenía las lágrimas y las ganas de correr al lado de Shuren.

-¿Vamos bien por aquí?-preguntó Caju.

-Si, según Shuren esto daba al bosque.

-¿Alguna vez entraste a este túnel?

-No Caju, ni siquiera sabía de su existencia.

La semi-dríada suspiraba para no echarse a llorar, estaba claro que prefería no hablar sobre el tema.

-¿Podrá con ellos?-dijo Caju tras un rato de silencio.

-Si alguien puede enfrentarse a los generales, ese es Shuren.

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La guardia de Kandriss mantenía una lucha casi pareja contra los generales. Cuatro estaban ocupados luchando contra Makenshi, quien parecía divertirse de lo lindo. Ismún se encargaba de dos, ejecutando todas las esquivas que pudiera realizar, pues su estilo de poco le servía contra adversarios muertos. Gueist Mantenía una lucha con otros dos, armados cada uno con mandobles, armas que el joven conseguía evitar cuando pasaban a escasos centímetros de su piel, alguna vez era capaz de lanzar alguna carta, pero aquellos esqueletos sabían cómo tratar con los enlazados y no se dejaban acertar tan fácilmente.

Los dos guardias restantes estaban junto a Shuren, quien observaba a Drosper. El señor de los Fauces Negras no se había movido ni un centímetro desde que la lucha había comenzado, manteniendo esa sonrisa suya tan característica, como si todo aquello no fuera más que un juego.

-Pareces entretenido Drosper-dijo Shuren.

-Maestro, le seré franco. Podría terminar con esto ahora mismo, no me costaría nada matarle con un portal. Es el respeto que le proceso el que me impide hacerlo.

Shuren rió a pleno pulmón al escuchar aquella amenaza.

-Eso siempre me hizo gracia de ti. Piensas que eres el más poderoso, que nadie te hace sobra. Tu vanidad y narcisismo no conocen límites.

Shuren extendió su mano hacia Drosper, como si le invitara a actuar.

-¿Por qué no lo intentas con este viejo mago?

Drosper sonrió mientras levantaba su brazo. La palma de su mano empezó a brillar con un delicado tono azul.

-Adiós maestro.

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