Estrik observaba como el sol comenzaba a salir por el horizonte, como su luz empezaba a filtrarse entre las copas de los árboles.
Seguidamente, echó un vistazo al grupo. Elh, Tsuki y Caju aún dormían en torno a los restos humeantes de una hoguera, cada uno metido en su saco de dormir.
Habían acordado hacer guardias y al espadachín le había tocado el último turno ese día. Se levantó perezosamente y se acercó a Elh. La despertó moviendo ligeramente su hombro.
-Despierta dormilona.
La semi-dríada se incorporó mientras estiraba sus brazos y bostezaba todo lo que su boca lo permitía. Seguidamente, Estrik se acercó a Caju. Su forma de despertarle fue menos delicada, valiéndose de una simple patada a los riñones.
-Mueve el culo-le dijo secamente.
El ladrón se llevó las manos a la zona golpeada. No había empleado la fuerza suficiente para hacerle verdadero daño, pero la sorpresa del golpe se encargó del resto.
Por último, se dirigió a la sacerdotisa, despertándola de la misma manera que a Elh.
-Venga, arriba.
La diferencia fue que ella no se levantó tan fácilmente.
-Cinco minutos más...-dijo Tsuki casi en sueños.
-Imposible.
El espadachín la incorporó a la fuerza, obligándola a que abriera los ojos. Ella bostezó más largamente mientras intentaba en vano mantener sus ojos abiertos.
-¿Qué pasa Estrik, ni siquiera nos traes el desayuno a la cama?-bromeó Elh.
-Yo quiero huevos picantes-mencionó Caju.
-A mi me encantaría un enorme tazón de chocolate caliente-dijo la sacerdotisa.
-Tendréis que contentaros con queso y café-proclamó Estrik.
Los cuatro se sentaron en torno a la pequeña cafetera, que no tardó en preparar la bebida. Durante los tres primeros días tras dejar el santuario, habían ido a paso ligero, solo deteniéndose para dormir, buscando alejarse lo más rápido posible del lugar donde se habían detenido tanto tiempo. Tras esta espartana marcha, su ritmo se redujo, pero empezaron a evitar los caminos más discurridos, causa por la cual caminasen por sendas en muy mal estado o, en la mayoría de los casos, ni siquiera la había. Elh los guiaba a través de espesuras, buscando no toparse con nadie.
Por esta razón los tres estaban agotados, algo que unas pocas horas de mal sueño no podían remediar.
-Alguien debería acercarse al pueblo que vimos ayer-comentó Elh mientras aceptaba la taza que le ofrecía Estrik.
-¿No eras tú la que decía que no iríamos a ningún sitio poblado?-dijo Caju alargando la mano para apropiarse de otra taza.
-Si el invierno está terminando, con la primavera llegarán posibles lluvias. Unas capas de viaje nos ayudarían a no mojarnos, aparte de poder ocultar nuestras caras con sus capuchas.
-¿Y quién va a tener el honor de exponerse?-preguntó Estrik sirviéndose la última taza.
Los tres se quedaron mirando a Tsuki. La sacerdotisa bebía de su taza mientras el aire movía sus ya de por sí despeinados cabellos.
-¿Yo?-preguntó confusa.
-Eres la única de nosotros que quien no saben la descripción-dijo Estrik.
-Pero...
-Tú tranquila, yo iré contigo-dijo Elh.
-¿Y cómo harás para pasar desapercibida? Tú eres la que más llama la atención de nosotros.
-Caju me va a dejar su piel de Bégimo.
-Preferiría que no-empezó a decir el ladrón-Seguro te queda pequeña y me la das de sí.
-¿Preferirías acompañarla tu?
Al oír aquella posibilidad, Caju se quitó la sudadera y se la cedió a la semi-dríada. Contrariamente de lo que pensaba el ladrón, la prenda le quedaba bien, estando solo tensa cuando se la abrochaba, a causa de sus pechos.
-Como un guante. Venga Tsuki, prepárate. Entre tanto vosotros dos levantad el campamento.
Estrik comenzó a recoger mientras Caju se tumbaba boca abajo sobre su saco para recibir su cura diaria. La sacerdotisa, ya más despierta, sacó sus agujas de su mochila y empezó a preparar el remedio.
-Ten cuidado ahí fuera-comentó Caju entre dientes.
-¿Por qué?
-Porque has pasado toda tu vida en el santuario. No sabes cómo funciona el mundo en realidad.
La primera aguja se clavó en su omoplato izquierdo con cierta fuerza más de lo normal.
-Creo que podré apañármelas-contestó Tsuki.
###
Una vez la cura hubo terminado, las chicas se dispusieron para acercarse a la civilización mientras ellos recibían la tarea de levantar el campamento.
-Lástima, me hubiera gustado ir al pueblo, pero no con ese basilisco-dijo Caju una vez se fueron.
Estrik no contestó, se limitaba a guardar sus cosas.
-Incluso podría haber robado alguna cosa...
De nuevo, su única respuesta fue el sonido del viento.
-Vale, tenemos que hablar.
-No tenemos nada de lo que hablar-contestó al fin el espadachín.
-¡¿En serio?! ¡Yo creo que si tenemos!-dijo el ladrón señalando su brazo vendado.
-¿Quieres hablar? Cuéntame por qué me dormiste. Por tu culpa no pude despedirme de mi padre.
-Si no lo hubiera hecho te habrías quedado a morir allí.
-Retira eso de inmediato...
Los ojos de Estrik podrían haber provocado pesadillas en los más valientes.
-Es la verdad. Shuren se quedó allí a morir.
-¡¿Es que crees que no lo sé?!
Aquella respuesta tomó a Caju completamente desprevenido. Hubiera jurado que sacaría alguna de sus espadas, pero no fue así. Era señal de que el espadachín también quería dejar ese tema zanjado.
-Joder... Sé muy bien que se quedó para que pudiéramos escapar. Sé que de habernos quedado estaríamos todos muertos. Lo que me pesa es no haberme podido despedir en condiciones.
-Estrik, te hablo desde la experiencia. No existía ninguna despedida buena. Si no te hubiera dormido, tu último recuerdo de Shuren habría sido de él alejándose a través de un pasillo oscuro.
Caju se detuvo para aspirar aire antes de continuar.
-El último recuerdo que tengo yo de mi padre es del verdugo poniéndole un saco en la cabeza y colgándolo de la horca. Desearía que alguien me hubiera dormido a mí en ese instante.
-Yo no soy tú Caju. No pienses en lo que me gustaría, porque en este momento te hundiría mi espada en el estómago con muchísimo gusto.
###
Si aquella tienda pudiera destacar por algo, sería por la falta de higiene que delataban los montones de polvo que se acumulaban por cada esquina y por la gran cantidad de mercancías. Más que una tienda, casi pareciera que alguien se preparaba para el fin del mundo. Tsuki buscaba con la vista las prendas que le habían encargado, tapándose la boca con la mano para evitar respirar la suciedad, apartando las diversas y extrañas pieles con la otra.
El vendedor no apartaba la vista de ella, en parte por ver una cara nueva y por cuidar sus artículos de posibles ladrones.
Aquel hombre iba vestido con un chaleco de cuero muy desgastado, el cual dejaba ver unos peludos brazos, anchos como cuellos de caballo. Su rostro estaba salpicado por granos que eran ocultados por el blanquecino humo que salía de su pipa. Lo que no podía ocultar eran las dos pobladísimas patillas que subían y se perdían por debajo de su boina, tan sucia como el resto de la tienda.
-¿Pueo ayudarla señorita?
La voz de aquel hombre era tan áspera que seguramente podría limar las paredes.
-Si ¿Tiene capas de viaje?
-¡¿Capah de viaje?! ¡¿Parehco el siervo de algún noble, señorita?!
Tras el griterío inicial, se rascó la barbilla, como si pensara en algo.
-En mi tienda no encontrará algo tan lujoso, pero pueo ofrecerle un buen poncho calentico.
-¿Tiene capucha?
El vendedor empezó a reir a pleno pulmón, como si acabaran de contarle el mejor chiste del mundo.
-¡¿Capucha un poncho?! Si lo que quie eh ocultar su carita le pueo vender un gorro, ehtán en oferta.
Tsuki empezó a dudar. Ponchos y gorros para los cuatro sería sin duda más caro que las capas.
-¡Que me parta un rayo si no paece una mozica en su primer recao!-vociferó el vendedor mientras volvía a reír.
Tsuki acompañó su risa con una infinitamente más baja y nerviosa mientras entrelazaba los dedos. El hombre puso una amable expresión en su rostro mientras salía de detrás del mostrador. En ese momento Tsuki pudo ver que le faltaba una pierna, ahora sustituida por una prótesis de madera.
-Dejeme buhcar. Dihe que no tenía capah, pero ni yo mihmo sé lo que tengo.
A pesar de su discapacidad, se movía como pez en el agua entre las estanterías.
-¡Mira por donde!
El hombre sacó lo que parecía un trapo enorme doblado sobre sí mismo un buen número de veces. El vendedor la extendió como si se tratase de la lujosa prenda de algún rey, llenando a Tsuki de polvo.
-Ehta algo viejica, pero sirve bien.
Era tal y como le habían dicho. Una prenda negra que ocultaba el cuerpo y el rostro por igual.
-Bien, necesito tres más como esa.
-¡¿Treh?! ¡¿De ande saco otrah treh capah señorita?!
Tsuki hundió sus manos en la maraña de pieles y prendas para ayudar al hombre. Tras otra media hora, solo consiguieron encontrar otras dos capas, una de ellas con grandes agujeros hechos por polillas.
-Ehto es to, y me asombra.
-Entonces me llevaré un poncho y un gorro para completar ¿Cuanto es?
-Quince monedicas de ná.
-¿Quince?
Tsuki miró el interior de su bolsa. Ese precio devoraba con creces su presupuesto.
-Si fueran siete...-masculló la sacerdotisa.
-¡¿Siete?! ¡¿Quié arruinarme?! ¡Se lo dejo en once!
-¿Cómo?
-Trato cerrao entonces.
El hombre le entregó las prendas y Tsuki el dinero, aún algo confusa.
###
Fuera, apoyada en una fachada enfrente de la tienda, Elh esperaba de brazos cruzados mientras daba pequeños y rítmicos toquecitos sobre su brazo.
Seguía las instrucciones que Caju le había dado sobre su prenda. Esta la haría pasar desapercibida, pero no la ocultaría. La gente no sabría que ella estaba ahí si no empezaba a llamar la atención y mantenía un perfil bajo.
La semi-dríada se envolvió fuertemente dentro de la sudadera. El llevar puesta piel de Bégimo la recordó sus vivencias en Isbeouth. Se sorprendió a si misma pensando en el elfo Ar-Engwar, preguntándose lo que estaría haciendo en ese momento. Aquel maestro ladrón le recordaba mucho a Lucian por su forma de actuar y tratarla. Parte de ella se sentía culpable, pensando que traicionaba el recuerdo de su amor, pero otra parte la decía que debía pasar página.
Salió de sus pensamientos en el instante que vio a Tsuki salir de la tienda, cargada de ropas.
-Por fin ¿Te las han hecho o que pasaba?-preguntó Elh con cierto humor.
-Es que no las encontraba, y aún con todo he tenido que comprar algo diferente para mí.
La semi-dríada observó la compra, evaluando si les servirían.
-Esta está comida por los bichos-observó.
-La coseré en cuanto pueda tener tela.
-¿Cuanto ha costado?
-Pues ha sido raro. Primero eran quince monedas, luego he dicho siete y al final me lo ha vendido por once.
-Eso no es raro Tsuki. A eso se le llama regateo.
-¿Como en los libros de aventuras?-preguntó Tsuki mientras se le iluminaba el rostro.
-Como cualquier vendedor que se precie, pero te tengo que decir que tu has perdido esta vez.
-¿Por qué?
-Porque en las condiciones que esta todo esto su precio no llega ni a las cuatro monedas, y menos de plata como has pagado. Lo justo hubiera sido algunas de cobre y dando gracias.
-Entonces... ¿Me han estafado?
-Se podría decir que sí, pero cualquiera diría que simplemente has salido mal de un regateo.
Tsuki bajó la cabeza.
-Lo siento...
-No pasa nada, no lo sabías.
-Caju tenía razón, debería haber tenido más cuidado y no fiarme tanto.
-Lo importante es que hayas aprendido para la próxima.
-Pero...
Antes de poder terminar, Elh la cogió del brazo y empezó a caminar a un ritmo acelerado.
-¿Qué haces?-preguntó la sacerdotisa.
-Tú sigue, y no mires atrás.
El serio tono de la semi-dríada bastó para convencerla de que allí pasaba algo malo.
-Justo detrás, unos cinco tipos nos siguen-susurró Elh.
Tsuki se puso rígida mientras seguía caminando por pura inercia.
-¿Y qué hacemos?-preguntó nerviosa-No tenemos a Estrik ni a Caju para defendernos.
La semi-dríada la miró con expresión de no entender sus palabras.
-¿Crees que necesitamos a esos dos? Voy a partirles la cara yo sola.
-¿Qué?
-Entra en ese callejón.
Empujada por Elh, Tsuki se internó en aquella callejuela a trompicones, como si fuera la víctima de algún atraco.
Casi al instante, dos tipos las siguieron. Ambos con rostros amenazadores.
-¿Que te dije? Una de esas sacerdotisas.
-Tenías razón hermano, el colgante no miente. Estas se venden bien a los esclavistas
Como si hubieran esperado esas palabras, otros tres hombres salieron por el lado contrario, rodeándolas.
-Podríamos vender a la alta también-comentó uno de los recién llegados.
-Elh...-susurró Tsuki asustada.
Elh se quitó la capucha, revelando una mueca casi burlona.
-¡Una híbrida! ¡Por esta sí que nos darán pasta!
El que lo dijo se acercó a Elh y le puso la mano en el brazo, tratando de reducirla. Ninguno de los demás tuvo tiempo de reaccionar a la respuesta de la semi-dríada. Con un veloz y preciso movimiento, inmovilizó el brazo al mismo tiempo que doblaba su codo en sentido contrario, sin detenerse hasta que el crujido le indicó que estaba roto.
ESTÁS LEYENDO
The Last Guardian
Fantasy¿Qué pasaría si alguien se saliera del papel que la sociedad le ha impuesto? En la monótona ciudad de Nilven, el joven ladrón Caju busca su gran golpe para poder vivir a cuerpo de rey sin tener que preocuparse por nada. Cuando se presenta en la ci...
