Desperté y Sebastián estaba a mi lado, me dio un beso en la frente y después sonrió, yo le devolví la sonrisa y me paré de la cama.
-Me voy a bañar. -Le avisé y entré al baño.
Me quité la ropa y después de tres minutos la agua recorría por todo mi cuerpo, me sentí limpia después de todo lo que pasó con Sebastián. Yo no era mucho de besar a personas inclusive si eran mis novios, siempre fui muy cortante y fría, no me gustaba demostrar amor a nadie, a veces ni a mis propios padres que en paz descansen.
Después de al menos diez minutos salí del agua, me cubrí con una toalla y lavé mi cara. Salí y Sebastián no estaba en la habitación, agradecí por eso, así me cambiaba más agusto.
Busqué ropa y había puros shorts, hacía bastante calor pero no quería usar uno hoy. Busqué más adentro y me encontré con un jean rosado, también busqué una playera y encontré una hombliguera negra, me puse mis tenis negros y cepillé mi pelo.Tenía hambre pero esperaría a Sebastián para que viniera por mí, ayer estaba muy feliz, no quería hacerlo enojar, puede que me llegue a caer bien si sigue así.
Limpié la cama y la acomodé, Sebastián pagaba a una señora para que hiciera el aseo en la casa pero cuando yo estoy en el cuarto la señora no entra, así que yo lo tenía que recoger, nunca me ha gustado vivir en la suciedad aunque esta casa era mas que eso, es una mierda.
Estaba acostada viendo la televisión cuando entró Sebastián al cuarto.
-Tengo hambre. -Hablé primero.
-¿Qué quieres que te encargue?
-Lo que sea esta bien.
Se supone que estoy secuestrada, esa pregunta no debería existir en un momento como éste. Aunque está bien, Sebastián intenta quererme y eso es lo bueno.
-Bien, ahorita mando a alguien para que te la traiga. Voy a salir, espero te portes bien. No me esperes para cenar, eres libre aquí en la casa. -Besó mi frente.
-¿Me dejarás sola? Habíamos quedado en que... -Me interrumpió.
-Los chicos se quedarán aquí, solo saldré con Ruiz, si están ellos estás a salvo. -Tomó mi mano con ambas manos.
-Yo no quiero estar con ellos. -Agaché la cabeza.
-No te puedo llevar conmigo, es peligroso, son hombres para nada confiables. -Se le escapó una risita nerviosa.
-Entonces no vayas. -Susurré.
-Tengo que ir, soy al que buscan y debo dejar las cosas claras. Cuando despiertes estaré aquí. -Una vez mas volvió a besar mi frente, ya no dije nada y Sebastián salió de la habitación.
Volví a ver la tele después de que se fue Sebastián, la vida era muy agusto sin que nadie te estuviera molestando, después de unos minutos Juanpa subió a llevarme mi desayuno.
-Sebastián me dijo que te trajera esto. -Puso mi comida en la esquina de la cama.
-Gracias.
-Y te quería pedir una disculpa. -Dejé de ver la televisión y lo miré a él.
-¿Sí? -Le indiqué que prosiguiera.
-Fue por lo que pasó en la habitación de allá arriba, a veces no medimos las cosas y si no fueras parte de Sebastián creo que hubiera llegado a mayores, lo bueno que no fue así. -Dijo un poco apenado.
Pero es que estos chicos actúan tan bien, primero me dicen que "Sebastián está enamorado de mí" ¿quién va a creer eso? Ese cuento no se lo compra ni su abuelita, cabron. Ahora me viene Juanpa con la gran idiotez de que ¿está un poco avergonzado por lo que casi me hacía? No, a ellos les vale una hectárea de mierda si me pasa algo o no.
Se querían hacer solo mis amigos para así sacarme todo el dinero de mis padres, pero eso no iba a ser tan fácil.
-Está bien, cualquiera comete errores. -Le sonreí.
Obvio mi sonrisa era más falsa que el amor que le tenía a Sebastián. Para mí todos ellos siempre seran unos idiotas.
La tarde pasó muy rápido, yo no hice nada mas que ver televisión, los chicos quería salir pero no podían ya que estaban bajo mi cuidado. Al final todos se fueron menos Mario, él fue el único que se ofreció para quedarse y cuidarme.
Bajé a la sala por algo de comida y me encontré un pedazo de pastel, lo tomé y le di una gran mordida, no me interesaba de quién era, no sabrían que fui yo ya que nunca salgo de la habitación.
Me encontré con Mario dormido en la sala, genial. Era hora de que mi plan comenzara. Volví a salir por la ventana la cual ya me había escapado antes y corrí, ahora iba fijándome bien por donde iba, no quería encontrarme a los chicos, no sé qué me harían si me ven aquí afuera, aparte a Sebastián no le agradaría mucho la idea.
Después de correr y caminar y volver a correr por mucho rato llegué a una casa igual de grande como la de los chicos, con bastante miedo caminé hasta ella, no sabía con qué tipo de personas me podría encontrar. Toqué la puerta tres veces y mis nervios se apoderaron de mi cuerpo, tenía miedo.
No tardaron nada en abrir la puerta y salió un chico rubio con una pistola. Okey, había ido a la casa equivocada. ¿Pero qué este vecindario sólo era de puras personas malas?
-Me equivoqué de casa, adiós. -Me voltee de inmediato y comencé a correr aunque no sirvió de nada, el hombre me atrapó.
-Tú no vas a ningún lado. -Me agarró y me metió a la casa.
Era una casa linda, entrando estaba la sala y a lado la cocina, al otro lado de la sala estaba un bar, era idéntica a la de los chicos. Salieron otros tres hombres y cuando vi de quién se trataba me asusté más de lo que ya estaba, quería salir corriendo de ahí.
-Vaya vaya, miren quién regresó. -Habló él.
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