S.T. 40

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Ahí estaba la persona que me mordió, esa persona fue la causante de que Sebas y yo pelearamos. Los saludé a todos en general, tampoco es que ande repartiendo besos a cada uno y menos cuando ahí está él.

—Vamos al baño —le susurré a Sebas.

Ambos nos dirigimos al baño. Necesito contarle a Sebas lo que pasó aquel día. Ese día le dije pero no me creyó, espero ahora sí lo haga.

—¿Qué pasó? ¿Estás bien?

—¿Cómo se llama el chico que estaba a lado de Rk? —pregunté dudosa.

—Juan de Dios, le decimos Pantoja, así apellida —me miró serio.

—La última vez que estuve en esta casa... él me besó, o tal vez quería abusar de mí, no sé cómo fue, hasta que subió uno de tus amigos y me salvó, al otro día tú me viste una mordida y te enojaste, pensaste que era de Luke, pero era de él.

—Me dijeron los chicos, y yo hablé con él, de hecho era con el que te besabas en el antro anoche —dijo sin hacer ninguna mueca.

—Perdón —lo abracé.

—Ya pasó nena —besó mi frente —vamos con ellos.

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Sebas y yo estamos totalmente listos, la boda de Kate es hoy. Estoy muy orgullosa de poder compartir los mejores momentos con mi mejor amiga, desde pequeñas hemos estado juntas y nunca dejaremos de estarlo.

Sebastián iba de traje y yo llevo puesto un vestido azul marino con piedras al rededor del pecho, es largo, no deba ver mis pies, es perfecto.

—Mario Ruiz, ¿acepta a Kate Dávila como su legítima esposa?

—Acepto.

—Puede besar a la novia.

Todos hacían murmullos, ya que estamos en la iglesia y no podemos gritar o hacer alguna otra cosa. Aplaudimos y después de que terminó la ceremonia nos fuimos al salón donde sería la fiesta.

Entramos y todos estaban comiendo incluyendo a los novios. Sebas y yo nos pusimos a comer y cuando terminamos llegó un poco de postre. Cuando todos terminaron las luces se apagaron, los murmullos se escuchaban de toda la gente que estaba.

Un faro que venía incluido en el escenario se prendió mostrando un camino donde estaban formados unos chicos que no se alcanzaban a ver por la poca luz que daba.

—¿Qué está...—No terminé de formular la pregunta, Sebastián ya no está a mi lado.

La música comenzó a sonar y los aplausos de la gente se hicieron presentes, las luces cada vez se prendían un poco más y los chicos eran los amigos de Sebas. Estaban haciendo un baile sorpresa.

Debo admitir que les salió muy bien, nunca había visto a Sebastián bailar de esa manera y creo que me enamoré más de él, sí es que se puede. Ruiz está feliz de que todos sus amigos estén feliz por él. Mientras tanto yo me encargué de cuidar del pequeño Osiel.

Sebastián y yo nos pusimos a bailar en medio de la pista, es una canción muy lenta lo cual estoy bailando muy pegada con Sebastián. La canción terminó y Kate nos habló.

Fuimos con ella y quería que hiciéramos un brindis por estar unidos. Servimos nuestras copas y cada quién se tomó la suya. Kate me presentó a una prima de ella la cual no dejaba de mirar a Sebastián. No me daba coraje ni mucho menos, no la conozco y no tiene por qué caerme mal pero sí me da algo de rabia que vea mucho a mi novio.

Sebastián se dio cuenta de que ella lo miraba mucho y le sonrió, no me molestó en lo más mínimo, lo hizo de buena gente. Se acercó conmigo y con sus manos tomó mis mejillas para después besarme. ¡Já!

La fiesta terminó y Sebastián y yo nos fuimos, me dejó en casa y él se fue a la suya, ahora soy un poco más libre que antes, no porque no me quede a dormir con Sebastián significa que le este haciendo algo malo. Al contrario, por mí está bien que se venga a quedar.

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Me levanté porque mi celular no dejaba de sonar, no conocía el número pero contesté.

—¿Bueno?

—¿Tn?

—¿Justin? ¿qué pasa?

—Te necesito ver hoy, asuntos de la empresa están en peligro, necesitas venir lo antes posible.

—voy para allá.

Me di un baño rápido y tomé la primera ropa que vi, me puse mis tenis, cepillé mi cabello y salí de mí casa. Manejé al rededor de 10 minutos y llegué a la empresa.

Entre rápido, y me topé con Justin.

—¿Cuál es la urgencia?

—Acompañame.

Lo seguí y llegamos a la oficina donde se calculan los números que recibe la empresa, todo el dinero que se invierte y se gana al día. Estaba disminuyendo, en cualquier momento nos quedaríamos en la quiebra, esta es una jugada y de muy mal gusto.

—¿Qué podemos hacer? —pregunté dudosa.

—Despedir al personal, que dejen de ganar dinero ellos mientras se acomodan los números, la policía está viendo de qué cuenta se está yendo todo ese dinero. —Me explicó Justin.

—Haz todo lo que se pueda. Yo hablaré con el personal, seguro deben entender.

Era demasiado el dinero que se estaba yendo, no podíamos seguir así. A esos pasos dentro de una semana se quebraría la empresa. Hablé con los trabajadores y todos se fueron, de 30 personas sólo se quedaron 8. Obvio más adelante les pagaría intereses.

El final de la novela está cercaaaa.

Secuestrada •S.V.•Donde viven las historias. Descúbrelo ahora