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Desperté y mi mejilla y labio me ardían horrible, Sebastián debe medir su fuerza conmigo, yo soy como un chihuahua y él un pitbull. No tenía un espejo para verme, mucho menos crema para poder curarme, tenía que esperar a Sebastián a que llegara. Tenía mucha hambre y se veía que Sebastián se tardaría mucho. Me paré dela cama e intenté abrir la puerta y ésta abrió, ¿en serio Sebastián es muy estúpido para dejar la puerta abierta por segunda vez? bueno pues ya veo que sí.Lo primero que hice una vez estando afuera fue ir a la cocina, tenía muchísima hambre. Abrí el refrigerador y no había nada de comida, subí las escaleras y busqué el cuarto de Sebastián, solo había dos habitaciones así que una delas dos es de él. Abrí la primera pero sólo había ropa, claro ésta no es de él. Entré a la siguiente y estaba la cama tendida, Sebastián no pasó la noche aquí, Busqué entre sus cosas alguna crema pero no encontré nada, abrí el último cajón con las esperanzas y encontré una carta donde decía mi nombre y tenia un tipo corazón, ¿qué es esto? lo abrí y tenía un texto el cual iba empezar a leer antes de que me interrumpiera Sebastián.
-¿Qué haces aquí? ¿Y Qué haces chismeando mis cosas? -Me quitó la carta de mis manos.
-Tengo hambre. - Fue lo único que dije.
-¿Sí? La cocina está allá abajo por si no sabías. -Apuntó con su mano.
-Agradece que sigo aquí y no me he ido con Luke.
Me dio una cachetada, ¿Qué? pero no dije nada malo, al contrario debería estar feliz de que estoy aquí y no me he dio con quien debería estar en realidad. Es simplemente un idiota, no sé qué le vio Diana al andar con él.
Bajé las escaleras resignada, está bien, no me iba a morir por no comer en un día o una semana, daba lo mismo. Entré a la habitación en la que estaba y me acosté en la cama. Soy una idiota, ¿por qué no me salí en vez de haber ido a su cuarto? ¿Por qué estoy dejando de odiarlo cuando lo único que recibo de su parte son golpes? Mi vida es un completo asco, y no es mía, es de todos los que me han pisoteado, ellos deciden qué hacer conmigo, no yo. Sebastián abrió la puerta.- Te traje comida.
Pues tragatela tú idiota, te hace más falta.
-Está bien.
No saldría de la habitación, mi cara está del asco y eso nunca me ha importado, sólo no quiero verle la cara a ese idiota, tal vez cuando se vaya decida salir a comer. La tarde pasó rápido y mi hambre se calmó un poco, decidí salir a comer pero la puerta estaba cerrada, ush. Me entré a dar una ducha, salí y me puse unos shorts cómodos y una playera de manga corta holgada. Acomodé la cama y me dispuse a dormir.
Una semana, una maldita semana llevaba sin comer, ¿por qué? Porque al idiota de Sebastián se le olvidó que tiene a una chica metida en su puto sótano o lo que se le parezca. Sí antes moría de hambre ahora estoy ya en el cielo o infierno, ¿qué más da? Por no comer en una semana tampoco voy a morir ¿o sí? Okey, mis tripas no dejaban de chillar pero yo no podía hacer nada, mucho menos decirles que se calmaran, eso es obvio.
Mi labio seguía hinchado, creo que se me estaba infectando, el sótano es un lugar muy sucio y no le había dado importancia, no tiene luz y está todo oscuro, ni siquiera veo en lo que me baño. Pero prefiero aunque sea que el agua pase por mi cuerpo a estar sucia por el tiempo que esté aquí. No es nada comparado a como me trataba antes.
Una semana con cinco días, casi eran dos semanas, ¿qué pensaba Sebastián? Sigo aquí y estoy muriendo lentamente, ni siquiera quiero ver mi rostro, he de parecer un maldito zombie, en serio cómo puede existir éste tipo de personas. Por el amor de Dios, necesito comida lo antes posible.
Otro día más sin comer, creo que me haré caníbal y empezaré a comerme mis piernas, es ahora lo más gordo que tengo, mi abdomen no está cuadrado pero sí todo seco, me estoy empezando a secar poco a poco. Me cuesta trabajo moverme, mis huesos me duelen, todo mi cuerpo me duele, no sé qué diablos le pasa, ¿por qué no viene a darme de comer?Justo dos semanas han pasado, tengo esperanzas de que Sebastián vendrá aún por mí. No tiene corazón pero al menos me necesita para algo, al menos para desquitar su coraje no sé. Lo necesito, necesito comida ahora mismo, me estoy muriendo lentamente, llevo tres días sin pararme de la cama, no puedo, mi cuerpo no deshecha nada así que no me he parado para ir al baño, no tengo nada en el estómago, aunque fuera una maldita cebolla me comería ahora mismo.
Se escucharon sonidos afuera y mi alegría aumentó, mi estómago rugía de alegría, por fin me alimentaría, me comería a Sebastián si fuera posible, ¡Necesitaba algo ya! Mi labio cada vez empeoraba, tenía una bola muy grande y me salía sangre a cada rato, necesitaba curarme, estaba muerta viva. El golpe de mi mejilla ya había curado pero mi labio no.
Las llaves se escuchaban afuera de mi puerta, el momento había llegado, se escuchó cuando la llave entró al seguro pero ya no logré ver quién entraba, todo se tornó en color negro.
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