Narra Sebastián.
Juanpa siempre se aprovechaba de todas las chicas que traiamos a la casa, incluso las que eran de los demás pero esta vez no. No dejaría que él tocara a Tn.-¿Tu chica? -Preguntó Juanpa asombrado.
-Ya lárgate. -Bufé enojado.
Él se salió y Tn sólo se me quedaba viendo.
-Siempre que ese imbécil entre al cuarto gritame, o a algún otro, no sabes lo que son capaces de hacer.
Ella sólo asintió con comida en su pequeña boca. Sonaba como un marica pensando así.
Me senté y solo observaba lo que hacía, parecía una niña que no rompía ni un solo plato, pero claro que es ruda, ya hemos tenido nuestras discusiones y de esa boquita salían muchas cosas para nada buenas.
Ya era de noche y pensaba en dejar a Tn en esta habitación y yo irme a la mía. Así que era hora de despedirse.
-Bueno, te dejo. Yo me voy. -Caminé hasta ella y besé sus labios. Y no era que me gustara, eso lo hacía con todas, ¿por qué con ella no? Me dirigí a la puerta pero antes de abrirla Tn me habló y voltee a verla.
-No...-Hizo un puchero.
-¿No qué? -Salió una sonrisa de mí.
-No quiero estar sola, tengo miedo... quiero ir contigo.
Me acerqué hasta ella y la cargué en mis brazos, bajé las escaleras y la llevé hasta mi cuarto y entramos.
-¿Quieres que duerma contigo? -Pregunté aunque sabía que la respuesta era "no".
-Sí, mientras no me hagas daño todo está bien.
-Mientras me obedezcas nunca te haré daño.
Ambos nos acostamos en la cama, le di un beso en los labios y después ambos nos dimos la espalda. Después de un tiempo me quedé dormido.
Narra Tn.
Prefería dormir con Sebastián ha estar en aquella habitación posiblemente con un idiota tratando de abusar de mí.También le tenía miedo a Sebastián, cuando escapé él trataba de abusar de mí, y aun no se me olvida, jamás se me olvidará lo que las personas hacen en mi vida, porque yo creo en el karma y sé que todo en algún día se va a regresar.
Me dormí a lado de Sebastián y obvio que tenía miedo, cuando escuché su respiración me di cuenta de que ya estaba dormido, me puse un poco mas tranquila y me puse a dormir.
Cuando desperté Sebastián ya no estaba a mi lado, agarré ropa de la que me había prestado antes y me adentré en el baño para darme una ducha. Cuando salí me puse un jeans ajustado y una playera negra de mangas largas y mis vans negros con los cuales llegué aquí.
Cepillé mi pelo con un cepillo que tenía Sebastián en su tocador y me puse algo de crema. Prendí la tele y me puse a ver qué había.
Pasé un canal, dos, tres, cuatro y cinco. Hasta que llegué ha las Noticias, hablaban sobre mí.
"Las personas que estaban con ellas aseguran que ella estaba bien con ellas, que no tenía a dónde ir y en realidad estaba asustada, en una tarde que salieron al mercado cuando llegaron a casa la joven ya no se encontraba en ésta. Ellas aseguran que ella no tenía a dónde ir, ¡está secuestrada de nuevo! Si alguien la ve, por favor trate de comunicarse a el número que aperece en pantalla, habrá una muy buena recompensa.
Entró Sebastián al cuarto y vio lo que yo veía.
La señorita amiga de Tn Castillo de 17 años, asegura que Tn ya había puesto una demanda a los secuestradores de dos bandos, trataremos de hacer que las investigaciones avancen lo más rápido posible para encontrar a Tn y a esos bandos."
Sebastián se acercó a mí, me arrebató el control y apagó la tele.
-¿Cuándo pusiste esa maldita demanda? -Pasó saliva.
-Cuando escapé. -Agaché la cabeza, yo tenía miedo y no quería que me golpearan.
-¿Qué nombres diste? ¿Cómo hiciste la demanda si no sabías de nosotros? -Me quedé callada, si le decía que di su nombre tal vez se molestaba. -¡Habla, maldita sea! -Me agarró de los hombros y me estrujó.
-El tuyo y el de Mario. -Susurré.
-¡Eres una idiota! ¿Acaso estás pendeja? -Seguía estrujándome.
Yo empecé a llorar, nunca en mi vida me habían gritado o golpeado, todo esto era nuevo para mí, lástima que tuve que caer en esto.
-¡Yo no quería estar aquí, yo nunca pedí estar aquí, lo menos que podía hacer era dar sus putos nombres! -Elevé un poco más la voz.
Sebastián me dio un golpe en la mejilla y yo lloré más recio.
-Debes aprender a comportarte, no será nada fácil los días que estés aquí, sabes que sí te portas mal tendrás consecuencias. -Con una mano agarró mis dos mejillas y las apretó. -¿Entendiste?
-Sí. -Susurré.
-Ahora baja a comer, no hay nadie en la casa, puedes estar libre el día de hoy. Hazte lo que quieras.
Salió de la habitación y yo salí atrás de él. Bajamos las escaleras y en serio no había nadie. Era mejor para mí.
No se me antojaba nada, no tenía hambre por ahora pero al menos debería comer algo, me hice un licuado y lo tomé. Sebastián se sentó del otro lado de la barda.
-¿Gustas? -Le ofrecí de mi licuado.
-No, come tú.
Puse los ojos en blanco y me lo tomé todo.
-¿Esa cara qué?
-¿Qué tiene? -Fruncí el ceño.
-No la hagas, me molesta.
-Todo te molesta, aguafiestas. -Susurré lo último.
-¿Cómo me llamaste?
¿Qué? -Obvio no lo iba a repetir, no quería hacerlo enojar ahora que estamos solos en la casa.
-La última juro que pagas las consecuencias.
-Sí sí, lo que digas. -Alcé mi licuado y le di el último sorbo.
-Ya me voy. -Dijo Sebastián parándose de la silla donde estaba.
-¿A dónde vas? -No quería quedarme sola con sus amigos los psicópatas, si puedo ir con Sebastián a algún lado, ¡claro que lo haré!
-Que te importa. -Me vio y frunció el ceño.
-¿Me dejarás con tus amigos? -Arquee una ceja.
-Mierda. -Susurró. -A donde voy no puedo llevarte, me traeras problemas, sólo encierrate en el cuarto y no salgas hasta que yo llegue, ¿Está bien?
-Sí...
Sebastián no se despidió de mí, digo siempre me daba besos pero hoy no lo hizo, y estaba bien, no me gustaba que lo hiciera, hoy sólo estaba enojado.
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