Desperté y el voz ronca ya no estaba a mi lado. Busqué ropa y me la coloqué lo más rápido que pude antes de que alguien entrara a mi habitación.
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Tocaron la puerta, estaba sentada en la cama sin hacer nada, no tenía ni mi celular ni nada para distraerme. Volvieron a tocar la puerta, ¿qué esperaban? ¿qué les diera el pase cuando no es mi casa?
Me paré de la cama y fui a abrir.
-Hola.- Dijo aquel chico con hoyuelos en las mejillas, muy lindo por cierto.
-Hola.-Sonreí de lado.
- No sabía que Sebastián se había llevado la lotería como suele hacerlo siempre, a él siempre le tocan las más bonitas... -Sonrió. -Eres muy bella. Por cierto me llamo Mario, Mario Bautista.
¿Sebastián? ¿Acaso así se llamaba el voz ronca?
-Gracias, soy Tn. -podría jurar que apareció un color rojizo en mis mejillas.
-Tenemos que bajar, por favor comportate, si lo haces no te pasará nada, ¿Está bien?
-Sí. -Afirmé.
Caminé fuera de la habitación atrás de Mario y lo seguí, allí estaban todas las demás chicas, éramos ocho y todas ellas estaban casi desnudas, ¿por qué a mí me dijo que no me pusiera algo provocador? Aunque me dijera que lo hiciera mi respuesta iba a ser "no" pero tenía mis dudas.
-Si quieren cambiar a una es el momento, no quiero que después estén con tonterías, ya no las pueden seguir matando, son muy pocas en esta ocasión, no debemos de perderlas, sino estamos perdiendo dinero. Por favor cuiden la mercancía.- Dijo otro hombre al que también en sus mejillas habían unos hoyuelos, a comparación de los de Bautista estos eran mas pequeños.
-Yo la quiero a ella. -Me apuntaba ¿a mí?
Yo sólo puse cara de suspenso, sabía que mi voto no era válido aquí, así que lo mejor que podía hacer era callarme.
-Yo también la quiero a ella.-Dijo Bautista.
-No, ella será mía.- Dijo otro más.
-Pues se joden porque yo fui hasta su maldita casa por ella, así que es mía. -Dijo el voz ronca, Sebastián, así había dicho Bautista que se llamaba.
-Tú siempre te quedas con lo bueno y nunca lo aprovechas, siempre terminas echándolo a perder todo.
-Basta, ya se pueden retirar.
-Vamos. -Dijo Sebastián.
Yo comencé a caminar hasta que dimos a la misma habitación donde me encontraba minutos antes.
-¿Cuándo pase una semana seré libre?.-Me atreví a preguntar una vez estando dentro de la habitación.
-No te quiero arruinar tu vida, así que por lo pronto dejemos eso de lado.
-Quiero saber que será de mí.
-Se rió.- Ya no tienes futuro Tn, tranquilizate.
-¿Cómo sabes mi nombre?.-Pregunté asustada.-¿Futuro? ¿Me van a matar?. -Mis ojos se cristalizaron.
-Es obvio, sí y sí.
No dije nada más, me adentré en el baño y me tiré al suelo, minutos después mis lágrimas comenzaron a salir.
-Sal de ahí. -Pateo la puerta. -Quiero hacer mis necesidades y tú llevas la mitad del maldito día ahí dentro.
Me paré y salí, me topé con sus ojos y nos quedamos viendo por un momento. En mis labios se formó una sonrisa.
-Haste a un lado. -Bajo su mirada y yo me moví.
Caminé hasta la cama y me quedé sentada allí. Segundos después Sebastián salió y me miró.
-¿Qué?. -Le dije.
-creo que es hora de divertirnos.
Pasó por la puerta y le puso llave, se fue acercando a mí y me acorraló en una esquina de la cama. Yo sólo lo veía. Pero él no se detenía, me daba miedo decir o hacer algo que a el le molestara, le tenía miedo, siempre pensaba en aquella escena donde mataron a la otra chica que estaba en esta misma casa. Sebastián tocó mi trasero y por impulso le solté un golpe en la mejilla.
-¿Qué te pasa? No puedes abusar de mí así, aún soy virgen.-Me quejé.
-¿Y? Más sabroso.
Bajó su mirada a mis labios y los vio por un momento, yo vi los de él, por un momento me puse a pensar en qué sabrían los labios carnosos de Sebastián. Quise probarlos, sabía que estaba mal pero tenía mis dudas y no resueltas.
Aunque no era lo que debía hacer y no lo haría, me ha secuestrado, no puede haber pretexto más grande para odiarle.
-No quiero nada contigo. -Dije seca.
-Y yo no te pregunté, ahora has lo que yo diga, no quiero hacerte daño en tu segunda noche. -Sonrió.
-No puedes ir por la vida violando y matando gente. -Grité y corrí hacia la esquina de la habitación.
Era lo más lejos que podía llegar ya que estábamos encerrados y el baño quedaba detrás de él.
-Vaya, creo que no te ha quedado claro que por ahora soy tu dueño. Así que por favor deja de joderme la vida. No eres la única que va a pasar por esa cama.
-Seré la única que no pasaré por esa cama, estas muy equivocado si piensas que seré una del montón.
-No te estoy preguntando.
En eso tocaron la puerta y Sebastián enfadado fue a abrir.
-¿Qué diablos quieres Ruiz?
-El jefe nos necesita.
-Vamos.
Salió de la habitación, rezé porque se quedara toda la noche allá, yo me acosté y caí en un profundo sueño.