Comenzando De Cero

200 19 105
                                        

Especial Día Del Padre II.

Coautor: SookaNeo

NARRA SOOKA

Estaba sentado sobre una roca mirando el paisaje intentando tranquilizarme un poco. Ender, el nuevo Ender gruñón, se había olvidado de mí, de nuevo.

Lo ayudé a llegar a este sitio y ahora parece sólo importarle su "preciado" hijo quien no es más que un insoportable niño mimado. ¿Qué va a saber él de la vida si todo lo tiene?

Miré a una bandada de aves volando libremente y me pregunté qué estaba haciendo aquí si podía irme cuando yo quisiera, daba igual, nadie lo notaría. Además, no conocía a nadie y sólo logro sentirme incómodo, que no pertenezco aquí con todos ellos.

Me levanté decidido, nada me retenía aquí. Había cumplido con mi promesa, había traído a Ender hasta aquí para reunirse con "el amor de su vida", aunque parecía que era algo tarde para eso.

Comencé a caminar hacia la aldea para ver si de casualidad me topaba con Ender, esperaba poder al menos despedirme antes de partir, después de todo probablemente jamás nos volveríamos a ver. Apenas iba a entrar a la aldea cuando me topé con un chico, aquel que se hizo el valiente y nos amenazó al encontrarnos antes de traernos hasta aquí.

—Hola, ¿estás buscando a tu amigo?

Preguntó "amable", lo pasé de largo mirándolo de reojo pero fingiendo desinterés, aunque algo despertaba un recuerdo en mi.

—No me hables como si fuéramos amigos, humano.

Respondí de mala manera esperando que se alejara mientras en mi mente intentaba alejar aquel pensamiento que me decía que averiguara más de él. No se molestó, sonrió amable y confiado.

—Pero podríamos serlo.

Respondió con esa sonrisa que sólo me podía hacer pensar que estaba bromeando. Lo miré molesto y él bajó la mirada apenado.

Seguí mi camino ignorándolo hasta que de nuevo llamó mi atención, pero esta vez logrando dejarme helado de la sorpresa.

—Disculpa por no presentarme debidamente, mi nombre es Stevens.

Dijo de manera más formal. Un escalofrío recorrió mi cuerpo por completo sacándome de mí mismo, no comprendía qué estaba pasando conmigo.

—¿Te encuentras bien?

Preguntó curioso por mi reacción, después de todo me había quedado inmóvil sin razón aparente.

—¿Stev... Stevens?

Pregunté tartamudeando sin poder controlar mi cuerpo. No podía ser él, no podía ser el mismo Stevens.

—Sí, ¿sucede algo?

Preguntó ahora con un poco de temor sin saber qué sucedía. Como no obtuvo respuesta comenzó a acercarse, lograba escuchar sus pasos a mis espaldas cada vez más cerca.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca colocó una mano en mi espalda como para llamar la atención. Giré mi cuerpo para mirarlo de frente, para intentar reconocerlo pero las lágrimas opacaban mi vista y quemaban mis mejillas.

—No llores, te estás lastimando.

Dijo sacando un pañuelo de su bolsillo y ofreciéndomelo, lo tomé dándome cuenta que se trataba de él, del mismo Stevens. Aún sin secarme las lágrimas, a las que reste importancia en ese momento, me encluquillé para estar a su altura y sin pensarlo lo abracé.

Pixeles SobrevivientesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora