Catherine y yo no nos habíamos separado desde el funeral honorífico de Billy, y eso significaba que no solo ella estaba conmigo, sino también Steve, por ende Danny y Chin, sin dejar de lado a mi mejor amigo.
Mi casa parecía un zoológico con todas las personas que pasaban el rato aunque, ciertamente, lo agradecía, así no tendría tanto silencio en las paredes del hogar.
— Chin, amigo, hasta que trajiste las cervezas—dije al de ojos rasgados, quien sonrió y luego me pasó una botella ya abierta justo para mí.
— ¿Dónde está Steve?—preguntó él.
— No lo sé, dijo que vendría...
En ese momento, el mencionado entraba por la puerta junto con una adorable bebé y una pañalera que colgaba de sus hombros como mochila.
Confundida era la expresión que menos explicaba cómo estaba, de hecho, todos en el lugar nos quedamos anonadados y con los ojos abiertos, además de los gestos burlones, pues, de todo el equipo, a McGarret era al que menos imaginábamos retratado en esa imagen.
— Demonios, Chin, esas cervezas tienen efecto instantáneo.
Mason sólo atinó a irse a la cocina, como ya se le estaba haciendo costumbre, y a diferencia de otras veces, ni Danny o yo lo seguimos, pero es que era imposible con semejante sorpresa con la que había salido Steve, que solo viró sus ojos azules y se sentó en el sofá sin mencionar su situación.
— Siento haber tardado, tenía que poner algo de gasolina.
Sin embargo, nadie dijo algo más, supongo que estaban, o muertos de la risa, esperando una explicación o ambas.
Yo formaba parte de ese último grupo.
— ¿Entonces actuarás como si no hubieras entrado aquí con una niña en brazos, te sentarás a beber y esperarás que no tome fotografías de este momento?—inquirió Danny. Tenía una sonrisa irónica plantada en su boca al igual que su mirada achinada y su celular en mano.
— Solo quería que alguien hablara para poder reír a gusto, jajaja.
El sonido proveniente de la garganta de Chin, hizo que yo también dejara la cerveza de lado para después levantarme y tomar a la bebé en brazos.
Yo mimaba a la niña cuando mi teléfono sonó, y al no poder sacarlo de mi bolsillo trasero por mí misma, fue Steve quien se terminó acercando para hacerlo, y al parecer el detective rubio vio mi reacción, pues sólo atinó a torcer sus labios con sarcasmo, pero es que no pude evitar que mi rostro se transformara en un tomate con ojos marrones, abiertos y concentrados en la mano cuidadosa del comandante y de cómo ponía el teléfono entre mi oído y mi hombro.
— Oww, mira eso, ¿no son tiernos?
— Hola, gobernador—contesté, tratando de que mi voz no flaqueara y resaltando el nombre del emisor de la llamada. Sinceramente, era muy raro que aquel hombre me llamara—, oh, sí, él está aquí, ¿sucede algo?
— Nada que ustedes no puedan resolver, solo que no contesta su celular y es algo urgente, ¿podría comunicármelo?
Como la niña estaba muy concentrada jugando con mi cabello, me fue imposible tenderle el aparato a Steve, quien de nuevo tuvo que acortar su distancia conmigo para retirar el teléfono y atender.
Era divertido ver que la pequeña reía gracias a mis muecas, y nuestro gesto de complicidad aumentaba cuando, al ofrecerle uno de los bocaditos que el ex SEAL le había llevado (de horrible sabor) los terminaba tirando a la basura y le entregaba pedazos de chocolate para que pudiera solo chuparlos.
— Bien, gente, tenemos cosas qué hacer, ¿les parece si los vemos en el Palacio?—preguntó Steve, aunque claro, había sido más una orden, como todo lo que salía de su boca a la hora de trabajar.
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Revenge
FanfictionVengar a tu única hermana nunca había sido tan fácil y lleno de aventura. Con Steve McGarret como mi compañero y el equipo de la fuerza de Hawaii, nunca me iba a cansar de estar con ellos. Steve McGarret FANFICTION
