Targeted

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Una leve sacudida hizo que mi aliento se quedara a medio camino, atorándose, igualmente mis dedos, en la ligera chaqueta táctica de Marcus. Pronto, el movimiento me fue sacando del terror y, en cuestión de minutos, pero todavía sintiendo que el corazón a mil revoluciones, la sorpresa y cierta emoción, se abrieron paso por la cabina y por nosotros en la parte de atrás.

— Le doy crédito a McGarrett, Charlie— Marcus exhaló, sin separarse, notoriamente más aliviado por no vernos convertidos en polvo—, es un tonto con demasiada esperanza.

—Eliminaría lo de tonto pero, si.

Miré a Steve por el rabillo del ojo, sin creer del todo que de verdad siguiéramos respirando, y sus ojos azules viéndome por el espejo retrovisor me hicieron soltar una carcajada.

—Aun no festejes, nos queda atravesar este terreno.

—Quien debería festejar eres tu...Tu chica no va a venir a buscar tus restos —solté. Había sido palabrería inconsciente, demasiado audible y para nada amable.

Busqué la ayuda de Danny o Steve pero parecía que libraban una discusión como la que yo había provocado.

— ¡Oh!— rió Marcus, aun sudoroso y con cierto temblor en su voz, aunque más relajado—, ¿de eso se trata todo esto? ¿Por eso estabas tan molesta?

La situación no me causaba gracia. Pasé de la alegría de un momento de paz a la irritación de saber que mis sospechas eran ciertas.

— Pero, ¿cómo...? No me...espera, ¿estás celosa?— Voltée a ver cualquier otra cosa que no fuera el militar con el que mi hombro estaba junto, empero, esas risas burlonas estaban llenando de piedritas un contenedor de molestia interna en mi—. ¡Ja! ¡Estás celosa! No lo... ¡Ja! Aww, Charlie.

— ¡Si! ¡Si! Quizá...¡quizá esté celosa! ¡O no! ¿Quién sabe? ¡Tú! ¡Tú deberías saberlo! Y como siempre, ¡yo no supe nada!

Era demasiado extraño. En realidad no estaba reconociendo que era muy probable que estuviera sintiendo celos, y de todos modos, no era ese sentimiento por el que actuaría de la misma manera por la que haría algo que se tratara de Steve; era diferente. Ardía igual, me causaba agruras y a la vez me daba cierta luz. ¿Porqué?
Veía en esa desconocida lo que Marcus y yo en algún momento pensábamos, en las locuras que haríamos y en la forma de querer tan peculiar que teníamos.

No me molestaba.

— ¡¿Porqué nos detenemos?!

Danny y Steve bajaron de la cabina interior, igual o más empapados en sudor de lo que Marcus y yo estábamos, angustiados pero con el semblante conocido de que se pondrían manos a la obra. Y que bueno que lucían así, porque lo necesitábamos; la manguera que iba del tanque de la gasolina hacia el motor, tenía un agujero —probablemente a causa de las balas— y había que ser reparado.

— Okay, eh, a ver si entiendo— dije, tratando de disimular que estaba igual, o más, temerosa que cuando esa vieja furgoneta había sido encendida.

Danny se fue a buscar unos trozos de corteza húmeda, mientras, Steve se movía con agilidad -como siempre- pero también nervioso, en especial por el tiempo que tenía la bomba para su detonación. Marcus y yo fuimos obligados a no bajar de la caja de la camioneta para evitar movimientos bruscos y eso me tenía con los pelos de punta por lo que pronto haría Steve para arreglar el desperfecto de la gasolina.

— Vas a usar una bengala para "soldar" el conducto que transporta la gasolina, ¡flamable! De una vieja camioneta en la que, si mal no recuerdo porque la tengo a centímetros de mi cuerpo, hay una bomba... No te ofendas, Steve pero me suena más a un plan suicida que de rescate.

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⏰ Última actualización: Jan 26 ⏰

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