Guilty and with new people

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Hiro Noshimuri había sido un blanco antes de salir de entre las filas de Wo Fat. Era jefe de una banda de narcotraficantes y delincuentes gigante de Japón, los Yakuza. Lideraba tan bien el grupo que su alianza con nosotros fue de gran importancia, sin embargo, ahora que el hombre había tomado conciencia sobre los interminables delitos que había cometido (de los que no se tenían las suficientes pruebas para dejarlo en prisión) y de lo que esto implicaba para su hijo Adam, éste había decidido dejar todo de lado, sin embargo, al igual que yo o que mi fallecida hermana, no sabía lo difícil que eso iba a llegar a ser.

***

Una llamada me despertó de mi sueño. Algo adolorida estiré mi brazo hacia el buró con la intención de tomar mi teléfono y de inmediato el característico acento japonés del jefe de los Yakuza me abordó, logró su cometido de alarmarme y de también sorprenderme cuando escuché que me saludaba.

-¿Cómo consiguió mi número? -cuestioné alarmada. Miré a mi alrededor con paranoia pensando que quizá me estaría vigilando-. Me parece que llamarme no es lo mejor en estos días.

-Se perfectamente lo que pasó con Wo Fat, es por eso que la necesito.

Aquello me llenó de duda, ¿necesitarme a mí? ¿Cómo se había enterado de lo sucedido si Steve me prometió hacer como si yo no existiera?

-¿Qué quiere de mí exactamente?

-No es seguro hablar por teléfono, pasarán a recogerla en dos horas.

-¿Cómo sé que esto no es una trampa para matarme a mí también?- pregunté con desconfianza.

Yo había intermediado varias veces entre el que ahora era mi ex jefe y Hiro Noshimuri, así que si alguien sabía de sus negocios o planes era yo misma, y no me llamaba la atención que este hombre me buscara para sacar información o solo eliminarme por saber demasiado.

-Créame, si yo quisiera asesinarla ya lo hubiera hecho.

Y con eso terminó la llamada. El sentido de alerta se activó en mí y de inmediato me puse a pensar cuál sería mi siguiente movimiento.

Me levanté de la cama y por fin me permití respirar sin las molestas vendas que dos dias habían cubierto mi torso como consecuencia de las patadas propinadas por el temible Joe White, que a pesar de que estaba con Steve, lo conocía por la vigilancia que Wo Fat había montado en un encuentro que había tenido con él.

Después de haber llegado de Corea me instalé en un pequeño departamento con algo de dinero que el asesino de mi hermana me había dado. Compré un auto y comida y vivía como una persona más en Hawaii, claro estaba que siempre trataba de pasar desapercibida y además trataba de salir de día, con un arma en mi tobillo, lentes oscuros y no cargar demasiado efectivo.
En lo que se refería a los chicos de Cinco-0, bueno, ellos habían dejado claro que me auxiliarían en lo que pudieran para atrapar a Wo Fat, pero que no me entrometiera tanto debido a que ya no era una agente y por lo tanto no me podía involucrar para ayudarlos y ayudarme a mí en el intento, además de que los vestigios de las mentiras necesarias que Jenna había sembrado en ellos seguían vigentes también conmigo.

Me di una ducha rápida y me vestí, desayuné y me apresuré a quedarme en el lobby de los departamentos, hasta que un mensaje de texto sin remitente me avisó que la gente de Hiro Noshimuri estaba afuera esperándome.

***

Me dejaron en un hotel, al parecer tenía registrada una habitación a mi nombre y subí de inmediato. Al abrir la puerta me encontré a Hiro Noshimuri y a Joe White, el hombre que antes me había provocado los hematomas gigantes de mi tórax.
Por instinto llevé mi mano derecha hacia mi tobillo, saqué el arma sin quitar el seguro y apunté para el piso, todo me parecía sumamente raro y por eso mi desconfianza estaba al tope.

-Oye, chica, tranquila- vociferó el amigo de Steve con demasiada calma.

-¿Qué hago aquí?

Ante mi pregunta Hiro se limitó a suspirar, tomó una botella de whisky y sirvió un poco en un vaso de vidrio que después me ofreció.
No supe cómo responder a eso, pero guardé mi arma, esta vez en mi cinturón y estuche, y avancé para tomar la bebida con rapidez.
¿Con qué confianza me había tomado ese trago? Ya era tarde para pensar en eso puesto que de seguro ya estaba más que alojado en mi estómago.

Un hombre me acercó una silla y me acomodé frente a ellos, esta vez solo los veía a los ojos y agudizaba mi oído por cualquier cosa que pudiera pasar.

-Necesito desaparecer del mapa de Wo Fat con urgencia- declaró el jefe de los Yakuza con simpleza.

Resoplé y reí en voz baja con algo de burla, ¿es que acaso conocía al mismo Wo Fat que yo?

-Va a ser tarea difícil. Verá, Hiro, Wo Fat no es un hombre que se tome las cosas a la ligera, y mucho menos con usted o alguien que conozca sus movimientos como ambos lo hacemos. Si él se entera que usted se esconde sólo empeorará todo. Es mejor que solo se dedique a buscarlo y hacerle frente, yo misma lo hago.

-No entiende, señorita Kaye. Yo ya sé todo eso que usted acaba de decir- Bebió otro trago de whisky y miró a Joe a su lado, quien al igual que yo esperaba lo que diría-. Puedo hacerle frente, tengo a las personas necesarias para hacerlo, no tengo miedo por mí vida pero sí por la de mí hijo Adam.

Eso ni yo lo sabia. Hice mi cuerpo hacia adelante captando lo que el jefe de los Yakuza me acaba de confesar. Estaba totalmente pasmada, ya que si bien, conocía a los Yakuza, nunca se mencionó algo sobre ese Adam Noshimuri.

-Entiendo que quieras protegerlo- espetó Joe White con firmeza.

El amigo de Steve se levantó de su lugar y caminó por la habitación unos segundos, hasta que se detuvo en pleno suspenso y nos miró con una sonrisa a boca cerrada.

-Tengo el plan perfecto para hacerlo.

***

Había pasado un par de días desde que Joe White había ido a Japón, y al parecer ya estaba de nuevo en Hawaii.

Había ido a recibirlo al aeropuerto cuando vi cómo era subido a la camioneta de Adam Noshimuri, y claro, yo haría lo mismo si la última vez que hubiese visto a mi padre un hombre se lo llevara con una pistola puesta en su abdomen. Pero eso era justamente lo que conllevaba el plan de la muerte falsa de Hiro, teníamos que enfrentar las suposiciones que su hijo tuviera sobre nosotros, bueno, en especial de Joe.

-No creo que quieras acompañarnos en una bolsa negra, así que deja tu arma en el asiento y pon las manos donde las pueda ver- espetó un hombre, de rasgos asiáticos y con una pistola que apuntaba directamente a mi rostro.

Viré los ojos y observé la ventana detrás del desconocido que me amenazaba con matarme, la mano de Joe me hizo darme cuenta de que sus captores también venían a por mí, aún y cuando en el plan no se suponía que yo resultara como sospechosa.

-Esta bien solo, deje que abra la puerta- dije, con la mirada puesta hacia el frente esperando que alguien me sacara de ese aprieto inesperado.

Bajé de mi camioneta y otro hombre se encargó de tomar mi pistola del asiento del copiloto, abrieron la puerta de los acompañantes de la gran camioneta Explorer y pronto me vi rodeada de asiáticos en cada punto cardinal al que miraba.

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-Ale

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