All the heavy thoughts and memories

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Mi ceño fruncido y el tono de regaño dirigido hacia Marcus se eliminaron, y mi mirada voló hasta una de las puertas situadas en la esquina de la sala pintada en colores crema y moldeados en madera oscura. Ahí, avanzaban 4 oficiales con el mismo uniforme que el de Marcus, ocultando a alguien en el centro de ellos; caminaban lentamente y hasta que llegaron al estrado y que abrieron la puerta pequeña para dejar pasar a aquel desconocido, jadée en un volumen demasiado alto para mi gusto, a su vez, reforzaba mi agarre en la muñeca de Marcus, que lucía desconcertado, pero no tanto como yo.

Sinceramente, no tuve las ganas ni la voluntad de poder escuchar cualquier cosa que salió de los labios masculinos que creía, estarían resecos y a 3 metros bajo tierra en el cementerio de Hawaii.

— Mason— susurré. Y cada letra pronunciada me desgarró la garganta—, Mason, es Mason.

Me puse de pie ante la mirada de los demás que nos acompañaban, y cuando divisé a mi padre, él estaba igual o peor que yo, con la boca abierta y una de sus manos en su frente.

La felicidad llegó a mi y, omitiendo lo que Marcus me había, mas que pedido, ordenado, me recorrí hacia la derecha y brinqué la barrera de madera que me separaba del pasillo, y entre palabras hechas al aire, todas ella inentendibles y con lágrimas cruzadas, me acerqué a la otra barrera frontal que me separaba del fiscal, del abogado defensor, de mi madre, el jurado y la Jueza.
Veía que todos a mi alrededor movían sus bocas y que los policías encargados del orden de la sala se aproximaban pero, sin tener idea de cómo lo hacía, me los quité de encima a manotazos, y no fue hasta que quedé con una pierna sobre la valla marrón que mi enojo se disparó, ya que Marcus, estando detrás mío, me tomó de la cintura y me levantó en el aire, solo para sacarme de la sala.

— ¡¿Qué te ocurre?! ¡Suéltame!— exclamé, sin tiempo de sopesar todo el griterío que estaba soltando, en especial porque seguíamos en las instalaciones del Tribunal y quienes pasaban, nos miraban con desagrado— ¡Déjame!

Mis codos no se podían liberar por lo fuertes que estaban apretados los brazos de Marcus sobre mi anatomía superior, por lo que, gruñendo y solamente teniendo la imagen de Mason que tampoco reaccionaba a mi actuar, acumulé lo más posible de solidez en mis piernas y avancé hacia adelante, luego le di un pisotón a quien me impedía regresar y asegurarme de que lo que vi no fuera mentira, que fuera una ilusión hecha por mi locura y la nostalgia que recientemente me había sobrecogido.
Me vi libre por un par de segundos hasta que de nuevo fue Marcus quien me atrapó y, esta vez, me fue arrastrando hasta que estuvimos al exterior del Tribunal.
El sol dio de lleno en mi cara y claro que tuve que cerrar los ojos, aunque no dejaba de sacudirme para sacarme de encima el agarre tremendo de mi ex pareja. Podría parecer una escena de cualquier comedia romántica a excepción de que mis emociones no se parecían en nada a lo que ese género brindaba.

Era miedo, enojo, esperanza, cariño, ira, conmoción, desesperación. No me daba el tiempo de sentir cada una porque todas se agolparon en mi cerebro y en mi corazón, era desolador de cierta forma. Arrasador.
No había sonidos, solo movimientos, estrujones y melancolía, una que no sabía que se podía sentir y que me estaba haciendo temblar. El enojo incrementó a tal punto que me deslicé -no sé cómo- hacia abjo por entre la carcel física de mi compañero y ya estando otra vez sin sujeciones, me acerqué a él viéndolo de frente a la vez que le reclamaba, y él se quedó quieto, aceptando su responsabilidad acerca del conocimiento de la vida y muerte de Mason.

Manotée sobre su pecho en repetidas ocasiones hasta que me cansé, solo para tomarlo por su chaqueta verde y derrumbarme en el suelo de la gran plancha de concreto.

— ¿Porqué... porqué Marcus?

— Será mejor que él te lo diga, Charlie— murmuró él, en el piso junto conmigo y abrazándome—, perdóname, no podía hablarlo, no tienes idea...

RevengeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora