It's a loving bye bye

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Nos separamos en varios equipos y, por primera vez, ante lo extraña que era la situación, no fue Steve quien comandó nuestros movimientos sino que dejó que Marcus organizara lo siguiente.
Yo iría con McGarrett y Lou, detrás estaría Kono vigilando las entradas con Mason y finalmente Chin, Marcus y Catherine que entrarían en inicio para hacer el reconocimiento de toda la zona exterior y lo primero del interior. Habiendo pasado el detector de seguridad, con mis compañeros, buscaríamos la celda de Doris, o el lugar en el que ella estaba cautiva, y al tener el lugar estudiado gracias a lo que Catherine nos había dado al igual que Mason y Marcus, fue más fácio recrear el escenario en mi mente.

— Ah, genial— murmuró alguien detrás mío, y me detuve de golpe, solo escuchando los pasos de Lou que se alejaban con prontitud de mi posición. La voz de esa mujer me descolocó en un nivel que creía haber superado pero que ahora, con la misión estando en su punto álgido, fue simplemente algo más—. El hijo de Doris te sigue metiendo en problemas.

Dejé mis manos libres del arma que llevaba colgada, solo para girar lentamente y ver a mi madre encerrada también.

— ¿Qué haces aquí?— pregunté, pero en un susurro.

Estaba...sorprendida, no. Estaba rozando el estado de shock.

Tenía casi varios meses sin ver a mi madre, 189 días exactamente, y lo recordaba porque no dejaba de pensar en su condena y en la fecha en la que Mason decidió volver a la vida como la conocíamos todos.

Comencé a infuriarme, a respirar pesadamente y a sentirme mal. No era como que no pudiera superar lo que estaba sucediéndome pero, ¿controlar? ¿Regular? En ese preciso instante era imposible, en especial cuando no había seña alguna por la cual debería encontrarme con mi progenitora.

— Oh, seguro estás aquí por esa chica Rollins— continuó hablando la de largo cabello ya con canas. Su tono era despectivo, y continuaba decepcionándome esa faceta horrible de ella. Yo no la quería en mi vida solo que, me era difícil pensarla como esa mujer despiadada que vendió a sus hijas por su propia seguridad—. Seguro no es nada bonito trabajar con tu noviecito y su ex, ¿no?

— Hija, hey— Lou apareció en mi campo visual con su enorme cabeza morena y estableciendo contacto visual conmigo. Algo dijo a través del comunicador que llevábamos puesto aunque, por estar concentrada en la risa venenosa de Amanda Kaye, no pude escucharlo con claridad—. Vamos, ¡vámonos!

Espabilé sacudiendo un poco la cabeza, como si estuviera asustada, y lo peor, ¿así era? En realidad, me había aterrado a niveles incomprendidos. Ni siquiera supe en que momento estuve a las afueras del complejo y con Chin cambiando su lugar por el mío. Kono, estando antes en la copa de un árbol lejano, bajó y me tendió unas gomas de mascar solo dejando de apuntar al frente por milisegundos. Con varias bocanadas de aire y su mano sobre mi hombro, me forcé a sobremanera para no volverme loca, solo a continuar con nuestra vigilancia.

Después de unos cuarenta minutos aproximadamente, mis amigos salieron de esa base de la CIA, y solté varias respiraciones cuando vi a Doris salir en una pieza, además de Yao-Fat cubierto por una manta, pues demás del frío del bosque, el hombre ya era un anciano.

— Oh, ven acá, sabía que estabas bien— aseguró Doris, caminando hacia mi con sus brazos abiertos, cerrados alrededor de mi espalda con un cariño infrecuente en ella para conmigo, o buen, quizá eso creía—. Amanda me dijo...

Cuando ella me miró, no pude evitar soltar las lágrimas que había guardado desde la situación compartida con la mencionada, y Doris, con todo y lo malo que podría significar para Steve con respecto a los secretos, no me soltó; acarició mi cabello con ese instinto maternal que no se iría jamás y que agradecía en demasía. La mujer fue, en segundos, lo que extrañaba de mi propia madre y que me calaba en el alma dejar atrás. La culpa quiso entrometerse en ese dulce abrazo y al contrario de que la debilidad me estaba buscando, con el brazo de Steve llamándome para estar con él, tuve que volver a ser fuerte y regresar a la Charlotte que estaba en medio del campo de batalla.

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