Hesitate

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Harry Langford, si bien, no nos había traicionado, al menos nos dejó en la isla para irse él solo a Pakistán, no sin antes, en un día en que se suponía que planearía nuestra ida hacia Europa, irse a Londres y encontrar el Greystone.
No era muy difícil saber que iría por quien planeó aquel ataque en el que murió su esposa así que, coordinando también con algunos miembros de la Seguridad Nacional de Estados Unidos, pudimos irnos hacia Pakistán, lugar donde El Hamadi estaba, según la información obtenida.

Solo iría con Danny y Steve, pues últimamente el equipo tenía ciertas cosas que resolver, como Kono y una audiencia de Adam, Grover con las últimas terapias de su hija, Chin con su sobrina Sara que estaba en medio de una disputa legal con algunos tíos de México, y Jerry necesitaba días de vacaciones. Nosotros tres estábamos libres.

—...¿Arriesgarías lo que tienes con Charlie solo por alguien como Mason? Que yo recuerde, el tipo ni siquiera te caía bien.

— No fue lo que dije, solo se me ocurrió que podía ser útil que nos acompañaran él y Marcus. En realidad, no conozco Pakistán— había dicho Steve, en un tono de muy mala discreción.

Yo me había levantado para ir a la cabina del piloto y poder ver algo que no fueran las paredes amarillentas del avión militar en el que nos encontrábamos, y al regresar, con medio cuerpo todavía cubierto por una pared, me topé con las voces de McGarrett y de Danny que se secreteaban, o bueno, lo intentaron. Danny, como la persona comprensiva que era, aparte de darle un manotazo en el hombro a Steve, nos dejó solos para poder terminar esa conversación, porque era muy claro que yo no quería que la gente siguiera intercediendo, o intentando hacer eso, por Mason, quien tenía boca para expresar lo que sea que deseara, y manos y piernas para ir a mi casa o llamarme, cosa que no había hecho. Y si, probablemente era porque yo no lo dejaba o porque había bloqueado sus llamadas, pero era un comportamiento normal, ¿o no?

—Mira, entiendo lo que tratas de decir pero, ahora lo que menos quiero es verlo, peor si tuviera que pasar tiempo con él. Sería darle un premio por hacerme sentir mal, por llorarle a un ataúd vacío... ¿Sabes cuánto me culpé? No, ni siquiera yo soy capaz de enfrentar ese momento de mi vida y pasar por eso, ¡otra vez! No es lo más justo que digamos. Aunque, la verdad es que, ni siquiera estoy enojada, solo...no sé, ¿qué harías tu?

Silencio.

— ¿Ves? Ni siquiera tu tienes una respuesta, y que tu no tengas algo que decir me da la pauta para seguir con mi vida por ahora.

Steve extendió uno de sus brazos y, con su mano derecha, acarició mi mejilla con lentitud, a lo que yo acepté gustosa su gesto inclinando mi cabeza para estar muchísimo más cerca de su tacto.

— Mi mamá prácticamente también "revivió" de la misma forma que Mason, pero por más de 15 años— dijo él, a lo que yo levanté la cabeza para verlo directamente a los ojos. Un peso enorme cayó sobre mis hombros y el remordimiento por haber recriminado a Steve sin recordar lo que Doris McGarrett había hecho, me sacó un supiro largo y sonoro. Vi su sonrisa aparecer en su rostro, pues se había dado cuenta de cómo me sentí, y era de esas sonrisas de comprensión y de empatía de las que era muy complicado deshacerse—. Y estuve en la misma posición que tu.
<<No quería saber nada de ella y, por Dios— susurró el SEAL con un tono de burla y de confusión—, ni siquiera la llamaba "madre", ¿recuerdas? Creo que solo el tiempo tiene una respuesta para sus actos, ¿no crees?>>.

Asentí con la cabeza relajando mi postura, aun así, seguía viéndome como una niña pequeña, regañada, o alguna a la que le acaban de explicar algo que antes no podía comprender.

— Pero ya no te hagas más preguntas, puedes hacérselas a él una vez que regresemos a Hawaii.

— ¿Qué no escuchan?— interrumpió Danny llegando hacia nosotros, específicamente con Steve para ordenarle, bueno, a ambos, que abrocháramos nuestros cinturones—. Al menos este viaje fue mejor que el último en el que estuve con ustedes dos.

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