08 Dificultad: Leonora debe morir

268 56 10
                                        

Él espejo yacía roto en el suelo y mi corazón latía a mil por segundo.

No tome ni el equivalente a una copa, no puedo estar alucinando.

Aún con miedo, me acerqué a los trozos rotos y únicamente fui capaz de ver mi propio rostro reflejado un centenar de veces.

Suspire aliviada y me dispuse a intentar recoger los pedazos, pero en el momento en que tome el trozo más grande, una sonrisa siniestra y sibilina, me saludo al otro lado.

OHH, VENGA GUAPA, TAMPOCO SOY TAN FEO, Y CON EL TRABAJO QUE ME COSTÓ HACERTE LLEGAR EL ESPEJO.

Volviendo a gritar, arrojó el trozo contra la puerta, donde vuelve a partirse en muchos pedazos más pequeños.

Sentía el corazón en la garganta, y por más que respirara no sentía que entrara aire a mis pulmones.

Entre la conmoción, no se que momento me hice un corte en la mano, pero ver el lento goteo de mi sangre contra el suelo de piedra me tranquilizó y me hizo recuperar la compostura.

Condenado hijo de perra, me diste un susto de muerte.

Pasos desesperados de alguien corriendo podían escucharse por el pasillo, tomando una decisión rápida sacó mi jarra de agua, derramó su contenido en el suelo y dejó caer un trozo de espejo en su interior antes de volver a guardarlo.

Hubo un fuerte golpe en la puerta, y está casi es derribada de una patada, en un segundo, el inquisidor entró corriendo a la habitación completamente en guardia. Al mirar a su alrededor no vio ningún tipo de peligro, pero sus ojos finalmente me encontraron, en ese momento, estaba hecha un ovillo en el piso sobre el agua derramada y los trozos de espejo en el suelo, a sus ojos, demasiado conmocionada incluso como para sollozar.

Volviendo a enfundar su espada, el inquisidor se acercó lentamente a mi, y estaba por levantarme cuando otras figuras entraron corriendo a la habitación.

— ¡¡aléjese de ella insensato!!

Gritó a todo pulmón una de las túnicas blancas que habían entregado, y que solo le había tomado un segundo en hacer su evaluación de la situación.

Completamente ajeno a la orden, el inquisidor se agachó cerca de mi, noto la sangre que se mezclaba con el agua, y no le tomó mucho tiempo notar que mi pequeño puño apretado estaba goteando sangre.

— ¡¡que se aleje de ella insensato!! Su sangre, ¿es que no lo recuerda? Una sola gota de su sangre podría matar a un millar de hombres.

Volviendo a ignorar completamente a las túnicas blancas, el inquisidor sacó un pañuelo, tomó mi mano y empezó a limpiar la sangre.

— ¿Qué ocurrió pequeña? Cuéntame, estoy aquí, ya no pasa nada.

No tenía una excusa ni mínimamente creíble que usar, y decir que había visto un rostro reflejado en el espejo podría traer más problemas a la larga. Es por eso que pretendía estar en shock, eso me dará tiempo.

Sin tener una respuesta de mi parte, el pañuelo gris se había oscurecido por estar empapado de mi sangre. Si bien el inquisidor usaba gruesos guantes de cuero, y podía manipular el pañuelo sin mucho riesgo, una sola gota cayendo en su rostro podría ser fatal.

Los túnicas blancas seguían vociferando protestas y advertencias, sin embargo, una túnica blanca se separó del grupo, arrancó un trozo de su elegante túnica bordada con hilo de oro, y se acercó al inquisidor.

— Hay que parar la hemorragia, use esto para mantener la herida apretada.

Con leve recelo, el inquisidor miró al hombre cuya capucha cubría su rostro, pero terminó por aceptar lo que decía y uso la improvisada venda para detener el sangrado.

Intentos Infinitos "2"Donde viven las historias. Descúbrelo ahora