43. En algún lugar.

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Sacando la mano de su bolsillo, en esta había una pequeña cajita de plata, con grabados que mostraban los 4 puntos cardinales. Levantando la tapa de la misma, y asentando la en la mesa, la pequeña cajita resultó ser una brújula.

–– está es la brújula de Onitsed.

Declaró abandonado su tono juguetón de vendedor ambulante, e imponiendo seriedad a sus palabras.

–– dile aquello que quieres encontrar, ya sea persona, lugar u objeto, y la brújula siempre señalará el camino que debes tomar. Sin embargo, tiene un pequeño inconveniente, solo puede señalar una cosa a la vez, y si le pides encontrar algo, no puedes cambiar de objetivo hasta encontrarlo. En otras palabras, si le pides encontrar algo imposible, tendrás una pieza de metal inútil, que no sirve para nada.

Asintiendo, me dije que era muy útil, y no entendía el porqué el vendedor cambió tanto su humor, si le pido que busque al primero de los Arcanos, llamado "El Mago" la brújula solo me guiara hacia él hasta que lo haya encontrado, y solo hasta que lo encuentre, podré pedirle a la brújula que busque otra cosa. Un poco inconveniente el solo poder tener un objetivo a la vez, y no poder cambiarlo si me arrepentía, pero era un problema menor. Estando por tomar la brújula, ya que al vendedor nunca le ha molestado que uno vea de cerca aquello que se desea comprar, cuando mis dedos estaban por tocar el pequeño estuche de plata, el vendedor alejó la brújula de mí.

Confundida por un acto tan raro de su parte, levanté la vista para verlo, y lo encontré con la mirada al suelo, haciendo que por el sombrero que llevaba, me sea imposible apreciar cualquier facción de su rostro.

–– solo he vendido 3 de estas brújulas a lo largo de toda mi vida.

Comenzó a explicar con ese tono tan serio que estaba completamente fuera de lugar.

–– yo era un comerciante bastante pillo, y siempre encontré divertido que los objetos que vendía, hagan exactamente lo contrario que querías de ellos. Un caldero con sustento infinito, que te haga morir de hambre. Una azada que arara los campos sola, pero evitará que nada crezca en ellos. Un guardián para tus tierras, que mantendrá alejado incluso al dueño. Y una brújula, que solo sirve para que la gente pierda el camino.

Mirando la brújula en su mano, el vendedor volvió a asentar la en la mesa, y su tono se hizo más suave.

–– solo he vendido 3 de estas brújulas, las dos primeras, solo les hicieron encontrar la locura a sus dueños, y la tercera. La tercera no merecía para nada lo que ocurrió. Nunca nadie que haya tenido este tipo de brújulas en sus manos ha terminado bien. Muchas veces, con mi mercancía más peligrosa, siempre aparecía un niño o un anciano, lo suficientemente creativos y receptivos, que eran capaces de obligarme a aceptar el objeto de vuelta, y deshacer todo el mal que causaron, pero esa brújula, ese es al único objeto de todo mi inventario, que era 100% efectivo en llevar a la perdición a su dueño.

Un silencio sepulcral se hizo entre nosotros, al punto que el sonido del viento era lo que se escuchaba.

Si lo pienso bien, me tiene sentido, si le pides a la brújula encontrar un lugar imposible, una persona que ya no está aquí o un objeto que no existe, es probable que te mantenga dando vueltas por el resto de tu vida. Puedo ver el peligro que duerme en el hecho de tener un guía tan malo, la propia Irma sufre de un destino similar, antes de mi nacimiento, es imposible dar conmigo porque literalmente no éxito, y por eso ella vaga por todo el continente en absoluta soledad y perfecto silencio.

Sin embargo, yo no busco una tierra maravillosa en la que seré eternamente feliz, yo no busco a un fantasma que se que ha dejado este mundo, y yo no busco algo que perdí en el pasado y ahora quiero recuperar. Mis búsquedas son más mundanas, y nunca me perdería buscando algo imposible de alcanzar, porque aquello que yo busco de verdad, es algo que tendré tarde o temprano.

Intentos Infinitos "2"Donde viven las historias. Descúbrelo ahora