Detrás nuestro, el sol se ocultaba al mismo tiempo que estaba comenzando a nevar. Cargando a Leonora y a nuestras compras, no podía hacer otra cosa que suspirar con frustración. Era verdad que esta salida fue improvisada, pero aún así tenía muchas ideas de lugares a donde llevarla, sin embargo, pasamos más tiempo pérdidas dando vueltas entre calles y callejuelas, que visitando lugares. Al final del día, sólo pudimos probar un chocolate caliente bastante insípido, que no se compraba en nada al de mis recuerdos, e ir de compras a una tienda a la que espero no tener que volver pronto o nunca.
Es extraño, he vivido en esta ciudad toda mi vida, y las veces que he salido las puedo contar con los dedos de ambas manos. Y aún así, al recorrer sus calles me sentí como una extraña en una tierra distante. Nada era como lo recordaba y no sabía qué pensar al respecto.
El sol casi se había ocultado cuando finalmente llegamos a la catedral. Animándome a mi misma, pensando en las cosas que podríamos preparar con lo que habíamos comprado, me sentí un poco mejor. Al llegar a la bodega de la cocina, abrí la bolsa de lona que el encargado me había regalado para llevar nuestras compras. Una a una, fui enseñándole a Leonora todo lo que habíamos comprado. Con interés, ella tomaba cada frasco o cada paquete, y lo examinaba un momento antes de volver a entregármelo para que lo guardara en lo alto de la repisa cerrada.
Era divertido verla tan interesada. Desde hace un par días que se ha vuelto más animada y un poco más activa, hoy más temprano incluso soltó una maldición. Obviamente, la tuve que reprender por ello, aunque puedo entenderla por lo que tuvo que soportar en esa tienda, no voy a animarla a decir groserías, pero tampoco voy a pegar el gritó al cielo.
Revisando frasco por frasco, finalmente llegó a uno con unos granos de color café oscuro, y pareció más interesada aún, al punto que intentento abrir la tapa pero falló por lo bien apretada que estaba. Tomando el frasco y haciendo memoria de qué contenía, nada me vino a la mente hasta que lo abrí, y un olor que no puedo describir de otra manera que no sea "agradable" me llegó a la nariz. Con estos granos se preparaba esa bebida que probamos en la tienda, café creo que se llamaba si no mal recuerdo. Un nombre nada original tomando en cuenta que es el mismo color de la bebida y de los granos con los que se prepara.
Devolviendo el frasco a Leonora, este sacó un par de granos y los olió con media sonrisa en el rostro. Debo admitir que su olor es bastante bueno, pero el sabor de la bebida no me terminaba de gustar. Quizás agregando más azúcar, o incluso leche podría mejorar un poco el sabor, pero sea como sea, no termino de entender los gustos de esta niña. Siempre había escuchado que los niños prefieren lo dulce sobre lo amargó, algo de que el gusto de tu lengua cambia mientras creces. Sin embargo, Leonora se fastidia con facilidad de los sabores dulces, y odia al punto de casi el terror la miel.
Volviendo a guardar los granos en el frasco, me lo devolvió y lo cerré con fuerza. Había colocado el frasco en lo alto de la repisa cuando la escuché hablar detrás de mí.
— ¿Podemos tener un poco para la cena?
Me pregunto claramente refiriéndose al llamado café. Encogiéndome de hombros no pude hacer otra cosa que asentir.
— Está bien. Solo que no recuerdo exactamente cómo se preparaba, creo que bastaba con ponerlos en agua caliente como al té.
— tienes que molerlos primero. Moler los granos, el agua hirviendo y luego colocarlo.
Explicó Leonora, cosa que se me hizo extraña.
— ¿Y cómo lo sabes?
Pregunté extrañada.
— ¿ehh? La esposa del tendero me lo explicó.
Al responder, hubo un leve titubeó de duda, como si la pregunta la hubiera tomado por sorpresa, y haya tenido que pensar su respuesta. Y ahora que lo pienso, ella también sabía cómo se veían los granos. Yo solo llegué a entender que ambas cosas estaban relacionadas hasta que sentí el olor, ¿Como ella supo que esa bebida se hizo con estos granos?
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Intentos Infinitos "2"
De TodoContinuación de Reencarne como una villana con Intentos Infinitos.
