51. La tormenta.

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A mi alrededor, Calibrocha estaba debajo del escritorio con los ojos firmemente cerrados y las manos en los oídos, la jefa de sirvientas con su vestido lleno de polvo de escombro ayudaba al barón que parecía estar en medio de un ataque de ansiedad, y por más que buscaba, no podía ver a León por ningún lado.

Un nuevo impacto tan fuerte como una explosión volvió a azotar la mansión, causando una nueva sacudida.

Mirando en dirección al agujero en la pared, podía ver la silueta del pequeño ejército entre el humo de escombro, y si me concentraba, entre los gritos desesperados por parte de las personas en la habitación, podía escuchar muy por el fondo las carcajadas de aquél loco que solo podía reír.

Buscando a León, era incapaz de verlo por ningún lado, pero ése seguro que le impide el acceso al poder de los Aones volvió a aparecer en mi cabeza, dejándome bastante claras cuales eran sus intenciones.

Una nueva pedrada, pareció en esta ocasión hacer tambalear los cimientos de la mansión, por lo que grietas en el suelo empezaron a aparecer.

Debía pensar, pensar bien y rápido, todos en este lugar son personas maravillosas, personas que no le han hecho daño a nadie, y merecen más que nadie ser salvadas en una emergencia…

Lamentablemente, no puedo hacer nada por ellos, no puedo salvarlos a todos…

Corriendo en dirección a Calibrocha, con algo de violencia tomé su mano, y la obligué a levantarse.

–– ¡¡¡sígueme!!!

Le grite a todo pulmón mientras tiraba de ella y empezaba correr, a la par que mentalmente abría el seguro que evitaba que León hiciera cosas peligrosas.

Tomando a Calibrocha y corriendo hacia la puerta, cometí el error de dar un vistazo hacía atrás, observando de este modo al barón Moss en el piso cubierto de sangre, y a la jefe de sirvientas intentando con todas sus fuerzas levantarlo para llegar a la salida. Es por eso que apretando los dientes, afirme mi agarra a la mano de Calibrocha y corrimos más rápido.

Corriendo por los pasillos, un sonoro "crack" de algo muy grande romperse retumbó por a la lejanía, y a partir de ese momento no se volvió a sentir más impactos de la catapulta, sin embargo el daño estructural a la mansión ya estaba hecho, constantemente teníamos que cambiar de ruta al encontrar caminos bloqueados por los escombros, y aunque varias veces fuimos llamadas por gente atrapada debajo de trozos de techo caído, y armarios derribados, cerrando los ojos solo podíamos seguir hacía adelante.

Corriendo sin mirar hacia atrás, revisaba el mapa mental que me había hecho de la mansión. Ir por la entrada principal era un suicidio, los hombres de Lucius deben tener aquella salida bloqueada, la salida por el patio tracero tres cuartos de lo mismo, es por eso que exprimiendo mi cerebro recordé una pequeña puerta de servicio que daba a un costado de la mansión. Aquella era la entrada que el jardinero usaba para tener un acceso más rápido al jardín, y posiblemente nuestra mejor ruta de escape.

Un pasillo cerrado por derrumbes, las fuertes pisadas de hombres armados que obviamente no eran guardias de la mansión, los gritos desesperados de gente pidiendo ayuda, escombros que caían del techo, y suelos que hundían, todos esos obstáculos los tuvimos que evitar sin dejar nunca de correr, hasta que finalmente dimos con el corredor que estábamos buscando.

–– ¡Ahí van!

Escuchamos gritar a nuestra espalda, y los pasos pesados de los hombres de Lucius hicieron eco por el pasillo, estaba segura de poder perderlos en la siguiente intercepción, pero unos segundos antes de girar por el pasillo, más soldados aparecieron.

–– ¡¡de nosotros no se escapan!!

Gritó un hombre mientras estiraba la mano hacia mi, pero a escasos centímetros de mi cara, tanto en él como en su compañero, una enorme mancha oscura creció hasta cubrir todo su cuerpo, y de un instante al otro, sus formas se desvanecieron y sus ropas cayeron al piso al ya no tener un ocupante.

Intentos Infinitos "2"Donde viven las historias. Descúbrelo ahora